Beber o vivir

En este pueblo no se puede vivir, sólo beber", repetía al pedir otra ronda cuando ya estaba entonado. Y así continuaba hasta que acababan largándolo del bar porque siempre se ponía faltón. Era un buen tipo, pero no tenía buen vino. Al día siguiente regresaba con manos temblorosas y la cabeza gacha.

Recorría el abrevadero pidiendo disculpas a los clientes de uno en uno por si les había parecido mal algo de lo que había dicho o hecho durante la juerga de la noche anterior. Su club de damnificados era extenso.

Con la primera caña le pasaba el tembleque, a la segunda ya estaba animado y cuando aumentaba la graduación ese pedazo de pan se convertía en un auténtico cabrón. Había nacido con la lengua más afilada que el cuchillo de un matarife y sabía hacer daño. Hasta el tabernero lo daba por caso perdido y con gusto renunciaría al cliente para recuperar al amigo.

Después de casi un mes sin noticias de él regresó hecho un pincel y pidió un café. Sorprendió a todos. Juró que no volvería a probar gota y así sigue, feliz con su nueva vida de abstemio para tranquilidad de su mujer, su hijo y sus padres.

Tardó mucho tiempo en confesar los motivos del cambio. Su mujer había amenazado con abandonarlo si no acudía a la terapia de Alcohólicos Anónimos y por fin le hizo caso. Le llegó con una reunión para comprobar que él también se encontraba en el abismo. 

El alcohol no es culpable de las muertes por violencia de género o familiar, pero curiosamente casi siempre está presente. Cuentan que el hombre de 51 años que mató a su padre de 79 de una paliza en Monterroso también estaba ahogado en alcohol. Se ocupaba del progenitor desde la muerte de su madre, pero acabó cargándoselo una mala noche.

El acusado de intentar matar a su mujer en enero pasado en Carballo atribuyó ayer lo sucedido a una recaída en el alcoholismo. Ella le había anunciado que lo dejaba y con una decena de cervezas y varias copas de whisky no se argumenta en línea recta. Galicia tiene un problema con la socialización del alcohol.

Hasta la Federación de Discotecas y Salas de Fiesta propuso en diciembre pasado que se levantase la prohibición para que los adolescentes de 16 años puedan beber alcohol de baja graduación para evitar el botellón. Demasiada barra libre.