Que cada generación se las apañe

Que cada generación se las apañe

En Galicia hay unas 40.000 pensiones no contributivas que perciben una prestación de 377 euros al mes. La portavoz del BNG, Ana Pontón, ha anunciado que insistirá en el Parlamento para incrementar en 100 euros al mes las pensiones mínimas. La subida supondría destinar 40 millones de euros de un presupuesto de 9.000 millones que maneja el Gobierno de Feijóo cada año.

Es una manera de intentar que el PP gallego aclare a una gran parte de su granero electoral si su apuesta por el sistema público de pensiones es real o propagandística. Albert Rivera, líder de Ciudadanos, ya ha garantizado su apoyo a los Presupuestos Generales de 2018 porque ha conseguido arrancarle a Cristóbal Montoro el incremento del 2% en las pensiones mínimas y de viudedad, un cheque fiscal negativo para los que perciban entre 600 y 1.000 euros y mejoras fiscales para los que cobren entre 1.000 y 1.200.

El ministro de Hacienda salió inmediatamente a corregir a su aliado y rival, subrayando que las medidas que intenta vender Rivera ya las había anunciado en el Congreso el presidente del Gobierno. El voto del pensionista es decisivo para seguir en La Moncloa o para llegar y acaban de demostrar en las calles de todo el Estado que nos están dispuestos a seguir callados durante más tiempo.

La pensión media en Galicia se ha incrementado en un 2% respecto al mes de marzo de 2017, según los datos que el Instituto Nacional de la Seguridad Social hizo ayer públicos, hasta una cantidad de 789,7 euros al mes, pero sigue siendo la segunda más baja de todo el Estado. Sólo los pensionistas extremeños están por debajo. 

El número de pensiones en Galicia es de 761.078 y a veces resulta difícil comprender la capacidad de los abuelos para acudir en auxilio de hijos y nietos durante la marejada económica de los últimos años. El otro día emitieron un documental sobre las pensiones –disculpas por no recordar la cadena ni el autor– en el que un experto daba una clave convincente. Por estos pagos tenemos la costumbre de deslomarnos para dejar a cada hijo al menos una vivienda en herencia mientras en otras partes del mundo se funden los ahorros y que cada generación se las apañe.