El Viruelas y el amor

El Viruelas y el amor

Apunta una encuesta realizada por Groupon que los gallegos con pareja nos habremos fundido ayer una media de 96 euros por persona por el sacacuartos de San Valentín. Las 2.000 consultas realizadas en todo el Estado nos otorgan el mérito de ser los más detallistas o los más desprendidos para avivar las brasas del amor o para no recibir un bufido por el pasotismo. Las dos razones son igual de válidas e igual de caras. Sin embargo, en la encuesta realizada en la página web de La Región, el 86,33% del personal confiesa que no celebra San Calentín –coña birlada del 'Caralibro' del siempre enfocado fotoperiodista Pablo Rivas– con su pareja, mientras que el 16,67% de los que han contestado reconoce que pasará por caja. Las dos posturas también son igual de respetables, aunque se presupone que los gestos almibarados menguan con la edad, independientemente de la cantidad de amor que se profese. 

En León había un examinador de tráfico al que llamaban El Viruelas por unas marcas en la cara que arrastraba desde la adolescencia. Era un hueso y todo el mundo intentaba evitarlo en el examen práctico del carné de conducir. Un día cateó a un alumno con varios años de experiencia con el tractor por un fallo de importancia relativa, según el criterio del examinado. El chaval se quedó profundamente contrariado, pero el profesor de la autoescuela intentó animarlo: "No te preocupes, que El Viruelas suspendió hasta a su mujer sólo por un intermitente". 

El desconcierto del alumno aumentó con las palabras que buscaban su consuelo. "Pues mucho no debía de quererla", comentó. El profesor se tomó unos segundos hasta dar con la respuesta adecuada. "Pues yo creo que lo hizo precisamente porque la quería".