Feijóo y el rural

Feijóo y el rural

Hay asuntos que resultan resbaladizos aunque se ponga todo el empeño en no meter el zueco. Al presidente Feijóo le sucede cuando el tema que aborda orilla con el rural y eso que nació en Os Peares. En su primera campaña electoral como candidato a la Xunta dejó el momento más hilarante de las elecciones durante la visita a una explotación ganadera en el municipio de Rois. "Por que lle poñen ás vacas sempre nome de muller?", se interesó el líder de los populares gallegos. Manuel Caamaño, el propietario de la granja, resolvió la duda del hombre que aspiraba a gobernar el país del millón de vacas con una sentencia de las que dejan los ánimos a la altura de la hierba: "Porque son vacas. Como lles íamos poñer, Xulián?". 

La pregunta y la respuesta aparecerán entre las anécdotas más destacadas cuando llegue el momento de repasar la vida del político que lleva gobernando Galicia desde 2009. Y seguramente una de las imágenes que acompañen esa futura semblanza, a la altura de la del yate con Marcial Dorado, condenado después por narcotráfico, será la de Feijóo calzando zapato castellano para intentar apagar con una manguera de chorro tímido un incendio cerca de una casa en Cabeza de Boi, aldea del municipio pontevedrés de Meis, durante el terrible verano de 2006. Acabó quemado en un posado preparado para cuestionar la política antiincendios del Gobierno bipartito. 

Y el pasado viernes, sin que nadie lo empujase, el presidente de Galicia reconoció que es el primero en incumplir la norma que obliga a los propietarios de montes a mantener limpia la franja de seguridad para que el fuego no llegue a las viviendas al recordar a los ayuntamientos que la obligación legal de desbrozar "lleva 10 años" y que "es un incumplimiento del conjunto del país, empezando por mí mismo". Al socialista Xoaquín Fernández Leiceaga la confesión le produce "tristeza",  para la nacionalista Ana Pontón desvela "irresponsabilidad" y para Luís Villares, líder de En Marea, "desfachatez". El astuto Pedro Puy entendió a la primera el incendio verbal en una época en la que Galicia comienza a arder sin que los concellos hayan recibido de la Xunta los fondos para acometer la tarea, como recordó Pontón. Tiene de plazo hasta finales de mayo.