Humos

"Todos contra el fuego", cantaba Joan Manuel Serrat rodeado de rapaces en un anuncio de 1990. "Tú lo puedes evitar", finalizaba una tonada pegadiza que parece compuesta para la próxima campaña estival. Y como se presupone que excepto los que queman el monte por intereses económicos, mala cabeza o rencillas vecinales, todos estamos contra el fuego, la comisión en el Parlamento de Galicia que estudia un problema recurrente cada verano continúa avanzando sin que hasta ayer hubiese grandes novedades que sugieran rebobinar la cinta para que no se nos escape la solución definitiva. 

La comparecencia de Amadeo Ferreiro Iglesias, miembro de la brigada de investigación forestal del Distrito XII (Miño-Arnoia), ha destapado otro gran obstáculo, independientemente de la falta de medios que padecen los agentes forestales en las tareas de investigación para poder desenmascarar a los pirómanos. "No hay tramas organizadas en Galicia, pero sí gente mala", afirmó este agente que sabe de lo que habla. Si en Galicia el 80% de los incendios son intencionados, según sus cálculos, mientras en el resto del Estado el porcentaje es del 20%, quiere decir que o somos una panda de tarados o el negocio del fuego calienta a muchos o al menos a algunos. El humo es incómodo y peligroso para extinguir un incendio, los humos son puñeteros para buscar al culpable. Tan importante como atrapar al delincuente es apuntarse el tanto, vino a indicar Ferreiro al desvelar que hay "mal rollo" entre los agentes forestales y la Policía y la Guardia Civil. Los ejemplos que facilitó son demoledores. A él le llegó un policía "en chanclas" durante una investigación por un fuego en el monte y le ordenó que se metiese entre los tojos cuando no se trata de un subordinado.  En otra ocasión, sus compañeros apresaron a un incendiaro y tuvieron que esperar cuatro horas a que llegase la Policía Autonómica, que después se atribuyó la resolución del caso en la nota de prensa enviada a los medios sin citar el trabajo de los compañeros, que también son agentes de la autoridad. Los celos mediáticos entre los cuerpos han llevado a la Policía y a la Guardia Civil a recriminarle que vaya directamente al juzgado en vez de avisarlos para colgarse la medalla. Malos humos.