La biblioteca

Una de las penas para disuadir a los lenguaraces en el instituto era el arresto en la biblioteca, aunque para algunos se trataba más de un premio que de un castigo. En época de exámenes había codazos para que te confinasen en ese lugar de silencio en el que te podías concentrar sin soportar al gracioso de la clase, además de alimentar la creencia de que entre esas paredes forradas de libros el conocimiento también se podía adquirir por osmosis. Y en cada junio universitario en la biblioteca se hacía más vida social que en los garitos de moda. Mientras unos desgastaban codos delante de los apuntes, otros lo hacían en la barra del bar más cercano con la confianza de que siempre estarían mamá y papá para apoquinar por el titulo en una universidad privada, como bien saben los que están al mando del negocio en este país. 

Al terminar la carrera, el personal cerraba temporalmente una página que había comenzado en la niñez asomándose en las lecturas más tempranas al mundo de Tintin creado por Hergé, a la aldea gala de Asterix plasmada por René Goscinny y Albert Uderzo o a las aventuras de 'Los Cinco' soñadas  por Enid Blyton... Con el primer curro comenzaban las medidas para armar  una colección propia. 

Publicó esta semana el Instituto Galego de Estatística un informe que advierte de que entre 2014 y 2016 Galicia perdió 11 bibliotecas y es la peor cifra en las últimas dos décadas. Se ha pasado de 685 en el año 2000 a 486  hace dos años. También indica el estudio que los socios bajan del millón y suponen el 36,5% de la población gallega, 11 puntos por debajo de la media estatal (47,9%) y muy lejos de Cataluña (73%). 

A un colega de naturaleza desconfiada los 989.122 socios contabilizados le parecen una exageración por la irrupción de las nuevas tecnologías para acceder a la información, como demuestra que las visitas a las páginas web de las bibliotecas hayan aumentado frente a las presenciales y alguno de los usuarios lo haga principalmente para conseguir red wifi por la patilla. 

Él es de los que lleva sin pisar una biblioteca desde que terminó los estudios, sino se daría cuenta de que hay mucha gente que cuando llega al solaz de la jubilación regresa  para leer los periódicos y socializar en un espacio de resistencia.