La cuenta del abuelo

La cuenta del abuelo

"Envejecer es una porquería", dice Eloy mientras le indica a la carnicera que no le corte más filetes porque no puede cargar con mucho peso. Ella lo agasaja con una carantoña sobre su aspecto atildado y él contraataca argumentando que de nada le sirvió la camisa planchada cuando se vio en una ambulancia camino del hospital tras sufrir un desmayo en la calle. Se trató de un susto habitual por tener la tensión cerca de suelo. 

Mientras termina de despachar el pedido, la carnicera lo felicita por la celebración del Día de los abuelos. "Ni sabía que había eso, pero a mí la cuenta me sale a cero. Los hijos están fuera y ni aguanto de los nietos ni ellos nos soportan a nosotros. Y así seguiremos hasta que podamos". 

Abuelos y nietos se representan en una cuenta en la que unos restan días mientras los otros los suman. Pero también en un cálculo económico que puede resultar perverso. Comentan en 'La Vanguardia' en un reportaje sobre una efeméride que se ha hecho coincidir con el día en el que la liturgia católica conmemora a Santa Ana y a San Joaquín, padres de María y abuelos de Jesús, que una encuesta elaborada con la opinión de 290.000 ciudadanos mayores de 50 años en una veintena de países europeos, que uno de cada cuatro abuelos españoles cuida de sus nietos sobre unas siete horas al día, dos más que en el resto del continente. Hay variables que es mejor no situarlas en una balanza porque resulta imposible pesar el cariño y el valor del tiempo compartido con los que te han dado la vida y después necesitarán una mano. 

Un estudio publicado por la Revista Española de Geriatría realizado por un equipo de psicólogos de la Universidad de Santiago bajo la dirección de Fernando Lino Vázquez concluye que cuatro de cada diez cuidadores de personas dependientes en Galicia son los hijos. Las horas que le dedican a la atención de la persona enferma es de 16,7 al día con el consiguiente desgaste emocional y físico.

"La vejez es una porquería", como piensa Eloy y compartirán muchos de los que ya se han asomado al atardecer. Unas veces se puede dar, otras no queda más remedio que pedir la vuelta. Y no hay una gestoría que lleve la cuenta de los afectos. Al menos hasta ahora.