La culpa es nuestra

La culpa es nuestra

A la una de la madrugada del jueves, día festivo y con un operativo especial  por el tráfico durante el puente, en las cabinas del peaje de la AP-9 en A Coruña no había ningún  trabajador para cobrar en el caso de que alguien no se apañase con la máquina. Audasa se dio prisa para subir la tarifa incluso antes de concluir la ampliación del puente de Rande. Un conductor ya gasta más en peaje que en combustible para desplazarse entre las dos ciudades más pobladas de Galicia. En diez meses se ha incrementado el precio un 5,8% y el próximo mes de enero el rejonazo alcanzará el 8%. En vez de poner freno a la voracidad recaudatoria, los que dirigen el cotarro se pasan la culpa mientras el ciudadano apoquina la cuenta. 

El personal se lanza a las vías secundarias  para evitar el asalto consentido cuando se puede –entre Santiago y Vigo no es recomendable a no ser que se disponga de mucho tiempo y paciencia para afrontar el reto– y las muertes en carretera se disparan. Desde enero hasta octubre se han incrementado un 37,3% respecto a las cifra del ejercicio anterior, según el cálculo publicado ayer por la Dirección General de Tráfico. Resulta escalofriante. En diez meses ha palmado en la carreteras gallegas 92 personas, 25 más que en el mismo periodo de 2017. Sin que sirva para justificar las locuras, porque este chófer de anécdotas se ha encontrado a un motociclista mirando su teléfono móvil en una rotonda, cada vez que sale Pere Navarro –de oficio director general de Tráfico cuando el PSOE pisa la Moncloa– a proponer la reducción del límite de velocidad, el mosqueo se pasa de vueltas porque nadie se traga que las medidas sean para aumentar la seguridad y no la caja, tanto si las activa el PP como el PSOE.

Se ha invertido en radares, se hacen controlos de todo tipo y en las carreteras secundarias gallegas también circulan estos días un camión y una furgoneta camuflados para controlar el uso del móvil al volante, pero nunca se menciona el estado del asfalto. Se podría encargar a los agentes hacer unas fotitos para elaborar un registro de baches y socavones, pero eso no interesa. El conductor decide entre pagar a Audasa o jugarse la vida con riesgo de recibir una multa porque el radar siempre está en la recta y no en la curva fatídica . La culpa es nuestra.