La llamada del cabreo

La llamada del cabreo

Hasta para cabrearse con alguien es mucho mejor hacerlo a la cara. Pero las grandes empresas, sobre todo las compañías de telecomunicaciones, se empeñan en deslocalizar el servicio de atención al cliente para que le contemos nuestra película a personas que a veces no son capaces de situar en el mapa el lugar de la consulta ni las peculiaridades de cada comunidad. La atención es peor, la rentabilidad mucho mayor por los costes salariales y las condiciones laborales, pero seguimos tragando porque cuando valoras negativamente el trámite, te llama el retén local para aplacar el mosqueo y evitar una baja. 

Llamada a una empresa de telecomunicaciones para consultar si en el paquete contratado está incluido un partido de fútbol. Después de reiterarle que no estás interesado en ampliar las condiciones, el tipo con acento caribeño no se da por vencido: "Dígame usted cuánto se gasta en el bar por ir a ver el partido". Cuando le adviertes de que el comentario es impertinente y que uno se funde lo que le sale del bolsillo, él replica: "Mi obligación es hacerle saber que a usted le sale más rentable ampliar el servicio que ir a ver los partidos al bar". ¿Y si tengo un garito por el que pago una pasta gansa para poder emitir el fútbol?

Al día siguiente telefonea una empresa de la competencia para hacer una propuesta imposible de rechazar, argumenta, porque viene con una tele de regalo. "Ya tengo tele, casi no le presto atención y, además, me ha hecho detener en el coche para poder contestar". La disculpa no parece aplacar la insistencia de la mujer que habla al otro lado de la línea. "Pero conecte usted el manos libres, que lo que le ofrezco le interesa". Pero como este chófer de anécdotas tampoco tiene manos libres en el coche, a las dos horas vuelve a telefonear un colega de la mujer con la misma cantinela. "Eu  só falo galego". La excusa ya se la sabe. "No se preocupe que le paso con un compañero que habla portugués". Chungo futuro para los teleoperadores gallegos con un Gobierno que no  quiere entender que la lengua propia significa trabajo. Y regresa con la historia de la tele mágica hasta que te agarras a que ese asunto lo lleva tu mujer y por su trabajo sólo está localizable los domingos por la noche. "Pues no se preocupe que lo dejo anotado". Llamará.