No es un juego

Hace unos meses se presentó en casa por sorpresa, preguntó si tendría 200 euros en el calcetín y se marchó agradecido por el café al comprobar que el cerdito estaba a dieta. No le valía al día siguiente. La tragaperras estaba caliente, o eso le decía su formado olfato, y le había pedido al dueño del garito que apagase la máquina para que otro no se aprovechase de la pasta fundida. Tampoco eligió la vivienda del chófer de anécdotas por confianza, sino por proximidad, dato que ilustra sobre el enganche invisible que puede padecer una persona por el juego. 

Tiempo antes, cuando en el abrevadero instalaron una máquina de apuestas deportivas fue de los primeros ganadores. Por un par de euros se llevó más de 900 con una combinación imposible de carreras de galgos y fútbol asiático. "Con estas máquinas siempre ganan tres: el dueño del bar, el propietario de la máquina y el que no juega", sentenció un cliente cuando invitó a una ronda para celebrar la chiripa. No quiso escucharlo. Anunció que se iba a comprar un coche de segunda mano pero a los pocos días no le quedaba ni para el billete del autobús. Los 900 euros se colaron por la misma ranura que habían salido como había adelantado el cliente prudente. 

Pasaron los meses desde la visita inesperada para enfriar la tragaperras sin tener noticias del resultado, hasta que un amigo común contó que había decidido ingresar en una clínica para desengancharse del juego. 

El vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, firmó ayer dos convenios con Agalure (Asociación Gallega de Ludópatas Rehabilitados) y Agaja (Asociación Gallega de Jugadores Anónimos) para "apoyar acciones de prevención, promoción, divulgación, información y asesoramiento en materia de juego responsable". Es una adicción a la que no se le presta el respeto que merece, quizá porque no acarrea deterioro físico, aunque las consecuencias también son terribles. Estas asociaciones han intervenido en unas 6.000 situaciones en los últimos 25 años y el futuro no es esperanzador. Se calcula que en Galicia hay unos 10.000 adolescentes enganchados a las apuestas a través de internet. No hay que pasar el apuro de que te vean colgado de una tragaperras y los deportistas animan a jugar con responsabilidad. Mal ejemplo.