Todos cocidos

El Entroido es época de cocidos y por estos pagos el personal se entrega a la comida y a la bebida como si no fuese a disfrutar de otro amanecer. Se engulle para poder pimplar sin cantar copas en el caso de que te pare un benemérito y se empina porque se ha comido hasta que en el buche no queda sitio ni para que pase el aire. Pasar un rato contemplando las comilonas de las que la televisión gallega de los gallegos informa con abundancia en los detalles puede llegar a producir resaca, empacho seguro para alguien con el estómago delicado. 

Somos un país de una irresponsabilidad sorprendente. Porque cuando los comensales se levantan de la mesa tras varias horas en la que desaparece hasta la raja de las posaderas, a nadie se le ocurre llamar a un taxi o subirse al transporte público para regresar a casa sin sobresaltos. Siguiendo el consejo de otro célebre irresponsable como el presidente José María Aznar, no queremos ni mucho menos permitimos que otro conduzca por nosotros, aunque vaya cocido hasta el San Cristóbal del salpicadero. Hace unos días, un compañero del periódico fue a darse un garbeo por Xantar, el salón internacional de turismo gastronómico que se celebró en Expourense, y regresó sorprendido porque en el autobús 'evitamultas' volvió el solo. También pudo suceder que el resto de la peña que pasó por el evento culinario controló de verdad, no como el vigués de 42 años que el pasado fin de semana dio positivo en todas las sustancias que detecta el test antidrogas de la Guardia Civil: cocaína, opiáceos, anfetaminas, metanfetaminas y THC.

Lo más chocante ante unas costumbres peligrosas para la circulación vial es que Galicia registró el año pasado el menor número de muertes al volante desde que existen estadísticas. Fallecieron 76 personas frente a las 106 registradas en 2016. Y pudieron ser menos si en el 30% de los siniestros mortales, las víctimas se hubiesen puesto el cinturón de seguridad, pero quizá apretaba demasiado el bandullo.