Un peluquero en el monte

Un peluquero en el monte

Con el rescoldo humeante de la comisión parlamentaria de estudio de los incendios forestales que acaba de concluir, a la conselleira de Medio Rural, Ángeles Vázquez, se le acaba de ocurrir que este año el plan de lucha contra el fuego de la Xunta (Pladiga) contará con "mayores aportaciones", entre las que se incluye la posibilidad de que los cazadores realicen tareas de vigilancia. "¿Por qué no los cazadores? ¿Por qué no los radioaficionados?", se preguntó la conselleira durante su intervención en la Cámara ante el pasmo de las fuerzas de la oposición que calificaron la idea de "esperpento". 

Argumenta la conselleira que necesita "a todo el mundo" y los cazadores están en el monte. ¿Y por qué no los peluqueros y peluqueras que todo lo oyen en un espacio en el que el personal se relaja y se le escapan más confidencias de las que quisiera? ¿Y por qué no hacemos cuadrillas con jubilados para que pasen el tiempo vigilando el monte en vez de supervisar obras? ¿Y por qué no hacemos rutas de montaña para que ciclistas y corredores de fin de semana echen un ojo? 

La reflexión de Ángeles Vázquez parece una tomadura de pelo o la comisión que acaba de terminar no era más que una excusa para sofocar el incendio electoral tras el desastre ecológico de octubre. Situar a tipos con armas de fuego vigilando que no haya fuego resulta una peligrosa contradicción. ¿Y si organizamos cuadrillas para rozar las 700.000 hectáreas que gestionan las comunidades de montes? La prevención está tan quemada como las ideas de la Xunta para actuar con imaginación y acierto con los recursos forestales. En los concellos en los que el monte es rentable no arde. Es tan sencillo como el mecanismo de una caja de cerillas.