A Limia

Sin novedad en el frente de A Saínza

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ROMARÍA DA SAÍNZA

Sin novedad en el frente de A Saínza

SAÍNZA (RAIRIZ DE VEIGA) 23/09/2018.- Romería de la Saínza. José Paz
photo_camera Los proyectiles volaban sobre las cabezas de las huestes combatientes.

La edición número 175 de la Romaría da Saínza concitó a menos público del esperado, en la víspera del día grande, hoy 24 de septiembre. Con menos efectivos también en el campo de batalla, no faltó la espectacularidad habitual.

Me desperté con la publicación de mi hermana postiza dando la bienvenida al otoño con uno de los movimientos de Vivaldi de las cuatro de sus estaciones. Me asomé a la ventana y ni tal cosa de brisa fresca que pudiese atenuar lo que un par de horas después y en el campo de batalla se soportaría. Más tarde, poco antes del mediodía, algunos de mis acólitos me invitaban a superar el texto de la crónica del pasado año. La presión comenzaba a ser ligeramente insoportable. Pero, comprometido como ya me profeso de la celebración de A Saínza, allá que me constituí. La primera de las impresiones, contrastada con algunos de los presentes, era que la afluencia estaba siendo menor de la esperada y mucho menos destacada que la de ediciones anteriores. Por faltar, apostaría una oreja de mi peluche Mickey que en las huestes moriscas el número de efectivos también estaba notablemente menguado. Así las cosas, preveía que los mimbres que en la edición de 2017 habían proporcionado un desternillante texto, estaban este año un poco más secos que de costumbre.

¡AAAAhhhh! Pero no. Pese a no verle en la procesión, en la que había casi máis gaiteiros de la escuela provincial que penitentes devotos de A Nosa Señora da Saínza, allí estaba él. Una vez más, sabía que había merecido la pena notar como el grueso sudor corría por la espalda bajo uno de los soles más traidores, el que ya apunta al otoño. Él era la estrella invitada, como en las series norteamericanas, capaz de, en poco más de cinco minutos de homilía, robarle protagonismo al resto de peones que ocupaban el palco, con su alcaldesa, Josefa Asunción Morgade, casi tan de blanco como la venerada virgen si no fuera por su ceñido pantalón azul. La santa tampoco lucía sandalia de tacón alto como ella. 


OTRA PROMETEDORA HOMILÍA


The special guest star lo fue, otro año más, el oficiante de apoyo, Antonio Fernández, invitado por el párroco titular Emilio Casal. En el momento en que lo divisé delante del micrófono supe que mi suerte había cambiado, y la de esta crónica también: "Temos que loitar contra as inxustizas, nós tamén. Somos capaces de pasar e pisar por enriba de calquera, algo que pasa na sociedade pero tamén dentro da igrexa" -oído lo anterior, ya no me quedaban monos suficientes en el whatsapp que echarse las manos a la cabeza-. Aún tuvo tiempo en su breve alocución este año a lanzarle una serie de dardos lúcidos y adoctrinadores "a aqueles defensores deste capitalismo atroz que son capaces de vir á misa, como os que defenden a venda de armas ó estranxeiro e veñen os domingos a tomar comunión, porque xa o dicía Eduardo Galeano, 'as guerras minten, din que matan no nome da paz". En ese momento, con la Virgen de la Merced a escasos metros de mí pero dentro del campo de batalla, me prometí fidelidad de un fan de póster a esta romería y regresar siempre que el "cura rojo" vuelva a incendiar las conciencias, menos de las esperadas, en el "campo do castelo".  

Pero, como siempre, la Saínza promete, y aún quedaba algún que otro protagonista válido para la reseña, como la nueva voz en off de esta edición, mucho más entregado a la causa y absorbido por su papel histórico que el propio líder de los cristianos, de tono mucho más monótono y esperado. 


LA VIDA SIGUIÓ IGUAL


Así, y como bien decía un vecino de la barrera a su mujer y suegra -"estádesvos pondo como rexós"-, aguardamos estoicamente y sin sombrero - no sería por la amplia oferta tirada incluso por la calle de todos los colores inimaginables- al inicio del combate, mucho más popular y mediático que nunca, porque además de los ya conocidos intervinientes, este año tuvieron a bien los medios audiovisuales del directo contarlo in situ. Tanto así que el rey mauritano, poco después de caer derrotado -y eso pese a lo certeros de sus cañonazos, con algún proyectil que voló lejos hasta casi acabar impactando en el público apostado tras el palco, otro por poco alcanza a la blanca virgen y un tercero no colapsó a un camarógrafo por intersección de la anterior, seguro-, transitaba apresado por delante de las piedras del parlamento respondiendo a las preguntas de la intrépida reportera, a la que no le perdía paso la maquilladora de pelo morado. Cosas de la técnica y de los tiempos.