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Paseo entre Allariz y Xunqueira

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Paseo entre Allariz y Xunqueira

Caminando entre la floresta.
photo_cameraCaminando entre la floresta.
Conocerlo todo, en particular ese paisaje que nos rodea, es no decir nada.  No conocemos sino donde pisamos… y cuando al paso por un lugar ya  por camino, sendero o campo a traviesa es cuando cuenta nos damos de lo poco que sabemos de un territorio

Esto viene a cuento porque rodando poco ha entre Allariz y Xunqueira, la de Ambía (así llamada por ambae viae o ambos caminos), la de Espadanedo (por espadaina, ese a modo de gran junco), aunque de paso en más  ocasiones, unas cuantas novedades respecto a anteriores caminatas, y además discurriendo entre pinares y robledales iba pensando en esos caminos que parten del itinerario y van a otros lugares nunca hollados. Nuestros antepasados se embarcaron en la construcción por siglos de una red viaria, que si lo pensamos bien, tiene mucho de ciclópea; solo basta ver esas grandes piedras que limitan fincas o los muros que flanquean los caminos.

De Paciños a Cerdeira

Saliendo de Requeixo (así nombrados algunos núcleo por estar en abrigo o recodo de montaña, nada relacionado con el queso) que dicen de Valverde (que ambas cosas honor al nombre hacen), cuando de más casas aquella, visitamos la iglesia neoclásica  y nos llamó la atención el mausoleo, impensado en tal lugar, de los Conde, un apellido de raigambre en la comarca. Tomando en lo alto de la aldea un camino hacia Oriente visionamos unas cuantas más casonas que casas ya en dirección Paciños entre la amenidad de algunos prados, de algún castaño y la aparición de una más iglesia que capilla, que dicen de San Ramón, en  buen estado de conservación en los aledaños de Paciños, que si no pazo alguno, sí casas recias de pétreos portalones que de continuidad con otra aldea, Desder, cuando tomaríamos dirección sur por pista que pronto amurada y cuando se comienza a subir empedrada a ambos márgenes, por las carballeiras lo que obliga a pisar por sus mullidas frondas dejando a derecha el monte O Castro, que debió tenerlo, pero que en una parcial descubierta no pudimos ver resto alguno, sepultado el monte por una vegetación densa. Un discurrir plano entre jóvenes robles que escasos de corpulencia por la competencia entre ellos.

Más adelante caminamos un tramo de asfalto de la vía que comunica Xunqueira con la Alta Limia para desviarnos a menos de 400 metros por sendero en curva que conecta con pista que entre pinares y retamales nos transporta bajo esta arboleda para desviarnos por térrea pista a izquierda de la que deberemos tomar a derecha en camino herboso que entre pinos y mimosas nos sorprende en una corredoira, como camino excavado o trinchera con algún corpulento roble que lo hacen hermoso y que nos da paso a Cerdeira, aldea densa y de tan recuperadas casas, por demás deshabitadas la gran mayoría y solo circunstancialmente en verano ocupadas unas cuantas por retorno de sus amos. Iglesia parroquial, higuera que algún viandante calificaba como bíblica, algunos hórreos y una gran casa de extraña arquitectura para el lugar rememorando algunas alpinas, como plantada pero casi rematada y creo que sin llegar a habitarse.

Capela, tramo del Camino y Xunqueira 

Sacar las viandas de mochila más delante en el amenísimo entorno de una capilla circunvalada de muro de un metro luego de pasar por camino entre carballos, no es como para no relajarse con el entorno de este templo a San Lourenzo consagrado y en buen estado con un cable que pende del badajo de una campana , apetente de tañer, por lo que dimos solamente un campanazo y de suavidad para no alarmar a un vecindario, distante más de mil metros. Siempre situado su ábside a oriente, como mezquitas y sinagogas.

Andados no más de mil pasos entre asfalto y tierra conectaríamos con el tramo del Camino sanabrés-ourensán o esa Via de la Plata II como muchos quieren llamarla, que bien queda y farda. De relajante belleza este amplísimo camino entre carballos, que al paso por Quintela te obliga  a caminar por el asfalto hasta el albergue de peregrinos y complejo deportivo de Xunqueira. Al paso por la villa, asiento desde antes del pasado siglo de Rumbaos y Ferreiros, dimos con casa de Asdrúbal Ferreiro el patriarca de una familia asentada en Madrid cuando él ejercía alto cargo en la estatal Hacienda, con un recuerdo imborrable para Gil Carlos M. Risco, que siempre muy ligado a la villa, por via materna de los industriosos Pérez que llegaron a tener cine, y central eléctrica en el allí profundo Arnoia. Unos cafés en uno de los tres bares operativos sería como obligado después del campestre almuerzo para quienes peregrinos parecieren.

O Rexo-Valverde

Un camino de buena conservación que en su inicio intitulado como duque de Ahumada, el fundador de la Benemérita, nos hace percibir el rumor de las aguas del Arnoia por los bajíos. Una delicia el tránsito por estos viales que te sitúan, ya a orillas del rio, en el lugar de O Rexo, ese eco-espacio que los alumnos de Ibarrola de la escuela de Bellas Artes de Pontevedra  pintaron en la dura piedra y en las cortezas de abedules, alisos y carballos, obra un tanto discutida en su día, ahora menos, donde funciona una fábrica de quesos artesanales, de las ovejas y cabras de su ganadería, y donde el poldrado puente está en consonancia con su fábrica de luz.

Como Requeixo a tiro de hondero, preferimos continuarla por entre una avenida de corpulentos robles por donde a veces, por crecidas, aquello un rio, conectando hacia el sur con Valverde recordando mi pasaje por allí cuando saboreaba los jamones del amigo Manolo Conde, que con su hermano Camilo y Peña formarían la sociedad constructora Peña-Conde que se implicaría, entre otras, en la edificación de la urbanización Los Rosales; también un recuerdo para el veterinario Gerardo Santamaría, residente cuando funcionaba el centro ganadero de Caixa Ourense del que era director. Atravesando la aldea, nos desviaríamos hacia Requeixo por camino, que en el tramo final, de amenísimas frondas. Así patearíamos como 18 kilómetros.

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