Celanova

Valentía y orgullo en Celanova

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Valentía y orgullo en Celanova

Un sentimiento de orgullo se respira estos días en Celanova después de una de las semanas más duras de su historia, cuando la lucha contra el Covid-19 ha puesto a prueba la valentía de un grupo de mujeres y la generosidad de los vecinos.

Los teléfonos no dejan de sonar en la Residencia San Carlos, donde su melodía se ha convertido en la banda sonora del coronavirus. Ahora están 10 trabajadoras (de un cuadro de personal que supera la treintena) y eso les va a permitir, a partir de hoy, fijar unos turnos que les permitan descansar, sin que ello merme la atención y los cuidados a los residentes. "Estamos trabajando, pero mejor. Tranquilas", asegura Sonia Dopazo, la asistenta social que el pasado lunes, enfundada en su traje blanco, aprovechó la visita de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para lanzar mensaje de socorro que conmocionó a todos y que movilizó al pueblo. "Ahora necesitamos descanso", reconocía.

El geriátrico de la villa de San Rosendo ha visto reducido en dos tercios el número de usuarios (de 58 a 18 personas). A los 34 positivos por coronavirus trasladados a Baños de Molgas hay que añadir las dos personas que permanecen ingresadas en el CHUO y cuatro fallecimientos (dos dieron positivo, el último se conocía ayer mismo). 

"Gracias al personal de a pie, a toda la ciudadanía que se ha volcado con nosotros", resalta Sonia Dopazo desde la zona cero 

Aliviadas pero sin bajar la guardia, las trabajadoras planifican la atención diaria que ahora se distribuye entre las plantas dos y tres del edificio y bajo un estricto protocolo de seguridad. Todas las medidas que se tomen son pocas para preservar su salud y el cuidado de los mayores, los diez que han dado negativo y los ocho usuarios que, pese a tener "el bicho", se han quedado en el centro debido a sus necesidades específicas. "La abuela está bastante bien, no tiene fiebre. El domingo hablamos con ella y está más tranquila. Nos echó besos ", relata la familia de una mujer que sigue en la San Carlos pese a dar positivo. La fe está siendo clave para afrontar esta situación que, enfatizan, "no sería lo mismo sin las trabajadoras, su preocupación es que los mayores estén bien".

La rutina es fundamental para la vida de los usuarios, que pasan el día aislados en su habitación. "Al final de la semana pasada, todas tapadas con las mascarillas, no nos conocían. Pero bueno, nuestra voz les tranquilizaba. Los que quedaron están bien, estables y se adaptan a la nueva situación. No les gusta, pero lo entienden. Y los que no lo entienden, te hacen caso", describe Dopazo, quien enfatiza que, desde el centro, han facilitado todo tipo de papeleos, contactos y teléfonos a sus homólogos de Baños de Molgas para agilizar la comunicación con las familias. "Tienen que ir conociéndolos, también les hemos dado trucos. Alguno de los que tienen móvil, ya nos han llamado para decirnos cómo están", reconocía emocionada. Aunque la voz se le corta al hablar de los agradecimientos. 

La ola de solidaridad en la que se han visto envuelto el geriátrico ha sido una de las claves que las ha mantenido con fuerzas para llevar a cabo su cometido. Eso y el cariño de sus seres queridos, los otros sacrificados en esta dura batalla contra un enemigo invisible. "Gracias al personal de a pie, a toda la ciudadanía que se ha volcado con nosotros", insistía Dopazo en referencia a los profesionales y voluntarios que están dándolo todo en esta crisis y también a las donaciones recibidas por parte de particulares. Incluso una panadería local es la encargada de llevarles la comida porque la cocina está cerrada (una cocinera ha dado positivo y otra está pendiente de las pruebas). "Los usuarios tienen catering y nosotras traíamos la comida de casa", relata emocionada por el generoso gesto de una amiga. 


Tabletas y radios


A 35 kilómetros de la villa de San Rosendo, los celanoveses trasladados al centro habilitado por la Xunta en Baños de Molgas empiezan a hacerse a la idea de su nueva situación. Tras los miedos y nerviosismo inicial, provocados tanto por saberse positivos como por salir de su entorno, la situación en Os Milagros empieza a normalizarse. "La labor médico-asistencial está cubierta", resalta Javier Pérez, director del proceso asistencial del centro, quien explica que los usuarios reciben diariamente una visita médica y una toma de constantes y de control de síntomas. "Están en pijama y bata porque no podemos manejar su ropa y, por precaución, se les impide pasear. Pero se han adquirido varios dispositivos electrónicos (tablets) y se va a establecer un sistema de videoconferencias para hablar con sus familias", explicaba Pérez, quien también han solicitado "radios para que estén entretenidos y vamos a hacer alguna encuesta para ver que nos sugieren para mejorar su comodidad. Porque tampoco sabemos cuanto tiempo van a estar", concluía.

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