Cultura

Eva Díez, o la naturaleza esencial desde la casa-espejo

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Eva Díez, o la naturaleza esencial desde la casa-espejo

"Lugar de Ausencia", 16 y 9, respectivamente.
photo_camera"Lugar de Ausencia", 16 y 9, respectivamente.

Una estructura simple de casa, cuatro paredes y tejado a dos aguas, en medio de las tierras de Escocia, en Gran Bretaña: este es el elemento extraño de la exposición fotográfica de los metapaisajes de Eva Díez (Vigo-Pontevedra, 1982). Es la suya una propuesta para la Galería de Marisa Marimón, su galería para Galicia, tras haberla mostrado en su galería lisboeta en la pasada primavera. Con ella la galerista culmina su año de Aniversario-25. La artista ha trabajado en ella hasta 2018, un viaje hacia un desierto humano con las cámaras y un módulo de habitabilidad, del que excluye también animales y aves. Son lugares aislados, en los que insiste la autora tras “Renacer”, su anterior propuesta, casas en ruinas retroiluminadas en la noche, que fue Premio Galicia de fotografía contemporánea. Ahora con “Lugar de Ausencia” sigue ignorando lo humano, lo que es paradójico, aunque exprese una voluntad constructiva. Continúa profundizando la “idea de habitabilidad” a partir de otra road-movie estática, secuencia en la que planta su hito-casa, señalando con ella no un afán de habitar sino una presencia paradójica. Este proceso lo muestra en la sala con una secuencia de fotos en miniatura con la forma casa desplegándose, para luego fotografiarla a distancia. Ha sugerido que su proyecto es “una narración fotográfica hecha a partir de un recorrido que busca reflejar el universo natural a través de un vacío”.


La casa 


Esta forma es, en un mundo lleno de vida natural, que desde su cámara mira y ve, un espejo en el que reflejar “la presencia del Universo”. Detengámonos en ella. Ella es, fundamentalmente, la vivienda. En las más antiguas representaciones mesopotámicas como la del rey de Ur-Nanashe, o del Patesi Gudea, ambos de Lagash, se representa en plano la casa del Dios o del Rey-divino; o ya en el mundo cristiano, con una maqueta. Es por extensión símbolo de la mujer, desde el tradicional planteamiento patriarcal… Mas la que propone la artista carece de la vida al uso que suele emanar de ella, sin chimenea o ventanas, siendo pues la representación de una idea. Una de sus características es la transparencia, pues se mimetiza hasta casi desaparecer; en alguna absorbe y destaca un arbusto y, en otras ocasiones, sus paredes parecen de cristal, para revelase como un espejo, que tanto refleja el cielo como el agua o la fina lengua de tierra. En los significados casos en que la artista busca los reflejos nos deja ver las huellas de su performance en la instantánea, acción que se plasma desde la primera obra de la exposición. Esta concluye con la estructura de metacrilato sobre las húmedas tierras en marea baja, sin tejado, para ver la pared pintada del interior. Abre así la máscara, símbolo del disfraz y la ocultación, uno de los elementos de la representación de la arquitectura desde hace siglos. Pero Eva Díez se halló también con algo más sutil, desde el vacío que buscaba: el silencio. Este resuena como la firma de un lugar, según Le Breton, cuya presencia habita en el espacio.