La Región

PAPELES DEL ROCK

La noche que Angus Young mató a Pete Townshend

Matar al padre, un sentimiento que muchos psicólogos y psiquiatras aseguran que de manera no consciente se produce en la mayoría de las personas, en especial en los varones
Bon Scott, cantante del grupo australiano AC/DC, recibió grandes halagos por su actuación en Wembley de 1979.
Bon Scott, cantante del grupo australiano AC/DC, recibió grandes halagos por su actuación en Wembley de 1979.
La noche que Angus Young mató a Pete Townshend

Matar al padre… un sentimiento que muchos psicólogos y psiquiatras aseguran que de manera no consciente, no deliberada, pero inherente a la formación de la psique en determinadas etapas del crecimiento, se produce en la mayoría de las personas, en especial en los varones. 

No matar en el sentido físico, sino “matar” entendido como la expresión del proceso en el que el individuo se libera de la tutela progenitora para echar a volar por sí solo, rompiendo con todo lo que el padre representaba, es decir, la autoridad, o lo que es lo mismo, lo que defendía o creía el padre en aras de construir su propia identidad. Lo que Sigmund Freud, tomando como referencia la tragedia de Sófocles sobre el mito de Edipo metafóricamente definió como Complejo de Edipo. En el mundo del boxeo, se cuentan miles de historias acerca del joven boxeador, la nueva promesa de los rings que alcanza la fama y el éxito mundial a costa de destruir y tirar a la lona en un combate al que fue su ídolo, al boxeador al que admiraba y cuyas fotos tenía cerca de la cabecera de su cama. 

Recuerden en este sentido la impagable secuencia de la gran película ‘El Crack II’ en la que Alfredo Landa, interpretando al sórdido detective Germán Areta, explica a su amigo barbero la historia del viejo boxeador que sabe que va a perder su último combate, pero que aún así, sabe que tiene que subirse al cuadrilátero y aguantar hasta donde pueda, en referencia al riesgo que corre queriendo llegar hasta el final del caso que está investigando. 

Lo que sucedió hace ahora 40 años en el Estadio de Wembley guarda una innegable semejanza con este tipo de historia. The Who iniciaron en el verano de 1979 una gira por Inglaterra, la primera que hacían en casi cuatro años y en la que debutaba con ellos Kenny Jones, el batería elegido para sustituir a Keith Moon, que había muerto en septiembre de 1978. La gira inglesa se cerraba, antes de empezar un nuevo tour por los USA con algunas incursiones europeas, con un gran concierto en el Estadio de Wembley el 18 de agosto de 1979 organizado a modo de festival, como había sido el Knebworth Park Festival tan solo una semana antes y en el que entre otros habían participado los New Barbarians de los Stones Keith Richards y Ronnie Wood, Todd Rundgren's Utopia y Led Zeppelin, en la que a la postre sería la última actuación de su historia en Inglaterra con su formación original. 


El cartel, que se llamó "The Who And Friends Roar In", incluía a Nils Lofgren, AC/DC, The Stranglers y The Who


A las 15.00 horas de una soleada y calurosa tarde, más calurosa de lo que suele ser habitual en Londres en esa época del año aunque sea verano –siempre se ha recordado el verano de 1979 como uno de los más tórridos de las últimas décadas en las Islas Británicas-, Nils Lofgren, prestigioso músico avalado por su trabajo en los Crazy Horse de Neil Young y en la banda de Bruce Springsteen fue el primero en aparecer, aunque su actuación de 45 minutos, poco inspirada, muy mecánica y que no arrancó en ningún momento grandes muestras de entusiasmo, incluso fue muy criticada por la prensa de la época. Alrededor de las 16.15 de la tarde, una banda australiana de hard rock que a pesar de llevar varios años pateándose las carreteras de su país, de Europa, de Estados Unidos y de Inglaterra descargando conciertos llenos de intensidad, fuerza y energía incontenibles, solo desde hacía unas semanas, merced a la edición de su gran álbum "Highway To Hell", estaban empezando a ser conocidos más allá del circuito underground. Eran AC/DC.

Unos AC/DC pletóricos, en uno de los mejores momentos de toda su carrera, conscientes de estar viviendo la gran oportunidad de su vida tocando en el Estadio de Wembley ante 77.000 personas, salieron a dejarse la piel literalmente en un concierto que dejo boquiabiertos a todos los que estaban allí. Rock duro, fuerte, visceral, con un grupo que salió al stage a matar y a morir como si fuera a ser la última vez en su vida que se subieran a un escenario, descargando electricidad y energía en estado puro, sin importarles que en un momento determinado de su set, debido a la sobrecarga eléctrica del volumen al que tocaban, en dos ocasiones el sonido se fuera. 

Angus Young, en pleno éxtasis, siguió tocando, saltando y desmadrándose como si nada hubiera ocurrido

Era como si la corriente eléctrica emanase de su propio organismo, era como una fuente de alimentación humana, que sacó de su indiferencia a toda la audiencia y literalmente, les voló la cabeza. Del mismo modo, siempre se ha recordado la impresionante actuación de Bon Scott, que se dejó la garganta en carne viva y que también hizo que la mayor parte de la prensa hablase del cantante de AC/DC como del nuevo Robert Plant o el nuevo Ian Gillan. Triunfadores absolutos del festival… muy por encima de los cabezas de cartel, a quienes admiraban y reverenciaban. 

Para los que quieran ejercer de arqueólogos del rock, tan solo existe como documento filmado -existen en el mercado de los discos piratas alguna grabación corta y de una calidad infumable- de la apoteosis de AC/DC en el Wembley Stadium de agosto de 1979 una película de 8 mm, pero la cámara está situada tan lejos de la banda que podrían ser cualquiera... ver este tipo de imágenes es tedioso en extremo, pero está en YouTube por si alguno de ustedes quiere imaginar lejanamente como fue aquello. 

The Stranglers estaban en el crepúsculo de su carrera ante la decadencia del punk rock, y adoptaron una estrategia valiente, principalmente tocando material de su nuevo álbum de aquel momento en lugar de recurrir a números bien conocidos que fácilmente se habrían ganado al público. Fueron bien recibidos pero no hicieron bises… porque nadie los pidió. Todo el estadio seguía viendo a AC/DC y flipando con AC/DC.

No matar en el sentido físico, sino “matar” entendido como la expresión del proceso en el que el individuo se libera de la tutela progenitora para echar a volar por sí solo

Finalmente The Who fueron recibidos con emociones encontradas. En el escenario se veía a una banda por la que el tiempo había pasado quizá con excesivo desgaste en poco tiempo, buenos músicos, pero en los que faltaba ese nervio, esa agresividad, esa energía que Keith Moon, incluso en sus peores momentos, era capaz de inyectar al directo de la banda, y que no comunicaba, no transmitía con la misma fuerza que tan solo unos pocos años antes eran capaces de comunicar.  Cuando pasadas las 22.30 de la noche terminó el concierto y la inmensa marea humana se dirigió hacia el metro, nadie hablaba de The Who, tal y como recordaba el Mariskal Romero, que estuvo en Londres aquella noche. Todo el mundo sólo hablaba de AC/DC. Hasta Bon Scott, en una entrevista publicada en la revista “Sounds”, afirmaba: “Me encantó que la prensa inglesa hablase de nosotros de una manera tan elogiosa, pero… al mismo tiempo, me sentía triste por como humillaban y criticaban a los Who comparándoles con nosotros. Nunca quise triunfar en Wembley a costa de herir a una de mis bandas favoritas, los Who”. 

¿Entienden ustedes ahora la historia de Alfredo Landa y el boxeador...?