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Juan, el de Loñoá

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Juan, el de Loñoá

photo_camera El exdelegado y actual directivo del Loñoá Juan José Vera, en las instalaciones del campo de A Carabina (ÓSCAR PINAL).
El directivo lleva dedicados casi 40 años de su vida al fútbol, siendo delegado de su actual club y del Nogueira

Esta temporada ya no habrá fútbol provincial, la pandemia y el sentido común han postergado el regreso de la liga. Sin embargo, merece la pena tener presente a aquellas personas, como el directivo del Loñoá Juan José Vera (A Rabaza, 12-2-1949), que desde el anonimato siguen trabajando en silencio y con un perfil bajo para que este deporte siga en pie. "El fútbol es prácticamente mi vida. Comencé a jugar desde muy joven en el Santo Cristo, luego en el Viñas Barco y siendo casi juvenil en la liga provincial de modestos con el Vilariño, donde para ir a entrenar teníamos que coger un bus de cercanías hasta Velle y de ahí andando hasta el campo de O Medo".

Recuerda que en su etapa como jugador "no tenía mucha técnica pero luchaba mucho en el medio campo, defendía bastante y solía tirar muy bien las faltas".

Con el tiempo, se produce el cariño hacia Loñoá. "Después de casarme con mi mujer, que era de allí, empecé a entrenar a niños durante el verano para participar en las fiestas del pueblo. Más tarde nació el actual Loñoá CF, donde llegó a ser entrenador y delegado. "Comenzamos en la liga local y luego de estar cinco años en la Tercera Regional ascendimos a Segunda. De aquellas, como no teníamos campo, entrenábamos y jugábamos en el del Nogueira".

En Luintra

De tantas idas y venidas a Luintra, Juan había cogido amistad con el entonces presidente Don Mateo, "que junto a Olegario, Evaristo, Fermín y Pepe me llamaron en la temporada 1992-93 para proponerme ser el delegado de su equipo, que era un gallito de la Primera".

En el Nogueira vivió grandes momentos, como la creación de la escuela de fútbol, con un equipo infantil, cadete y juvenil a los que siempre acompañó como delegado. "En una oportunidad los infantiles jugaban a las diez de la mañana en Verín. Salimos bien temprano para ir recogiendo en el camino a los jugadores, donde alguno aún estaba en la cama durmiendo" (risas). Con el primer equipo, Juan Vera compartió banquillo junto a Starski, en dos etapas, Manolo Morales, Eliseo Movilla y Diéguez, donde bajamos a Segunda tras empatar en la última jornada ante el Barra de Miño, en el campo de O Tato".

En la entidad afiladora permaneció una década, pero antes de marcharse vivió el ascenso a la Preferente, "donde teníamos un equipazo, con Moncho, Aníbal, entre tantos y llegando a jugar dos años el ascenso a Tercera División como mejor cuarto, aunque era difícil porque se tenían que dar muchas combinaciones".

El ascenso a Primera

El regreso de Juan Vera al Loñoá no pudo ser más premonitorio, ya que en esa campaña 2002-03 su otro gran amor alcanzaba por primera vez subir a las máxima categoría del fútbol provincial. "Fue una de las grandes alegrías junto a la Copa B que le ganamos al Entrimo en O Couto, una fecha histórica para este club que cuenta con una de las mejores aficiones de Primera".

Ala hora de hacer un paralelismo con el fútbol de antes, el directivo reconoce que ahora hay mucha más técnica y los jugadores están más acostumbrados a jugar en hierba sintética, "pero se ha mejorado mucho sobre todo los vestuarios donde antes daban mucho que  desear y en muchas ocasiones te encontrabas que no había agua caliente para poder ducharse".

Luego de casi cuatro décadas siendo delegado, el incombustible "Juan, de Loñoá" como él sostiene como así le conocen, decidió hace unos años cederle el puesto de delegado a Lamas, "porque pretendía estar por fuera como un directivo, recogiendo balones, aunque tengo ficha como auxiliar para poder estar en el banquillo"

De todas maneras, él sigue siendo servicial. "Me encargo del lavadero y cuando necesitan algo estoy para solucionarlo, como ser la ropa que les hace falta para entrenar, pero eso sí, nadie coge nada sin mi permiso, aunque a los jugadores. los trato como si fuesen mis hijos".

Ya han transcurrido diez meses desde que la pandemia ingresó sin pedir permiso en nuestras vidas y prohibió que en la gran mayoría de los pueblos se quedaran sin fútbol provincial. "Es una cosa increíble, pero de todas maneras voy de vez en cuando a dar una vuelta por A Carabina por si alguno llegó a entrar al campo o al bar".

Juan Vera echa mucho de menos los domingos con fútbol, mientras tanto supera ese vacío en su "casita pequeña en Loñoá". "Allí tengo gallinas, conejos y una finca para pasar el día, luego en el verano cosecho tomates, cebollas y pimientos. A ver si para la próxima temporada se puede empezar y aunque quisiera jubilarme (risas) la gente de este club no me deja porque dicen que "o día que deixes isto, o Loñoá desaparecerá".

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