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El viaje que marcó a la ourensana Marta Bobo

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El viaje que marcó a la ourensana Marta Bobo

La ourensana (izquierda) durente su etapa como deportista de élite, con Yana Lukonina en el Pazo, y en un control de gimnasia en la ciudad.
photo_cameraLa ourensana (izquierda) durente su etapa como deportista de élite, con Yana Lukonina en el Pazo, y en un control de gimnasia en la ciudad.

La primera gallega en participar en unos Juegos Olímpicos recuerda el momento en el que decidió dedicarse a la gimnasia rítmica 

Han pasado 34 años desde que el aire acondicionado encendido a mala fe durante la rutina con cinta impidiese a Marta Bobo (Ourense, 1966) colgarse la medalla de oro en gimnasia rítmica en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, pero su hoja de servicios continúa infundiendo un respeto imborrable: campeona de España en 1979, 1981 y 1983; finalista en el Campeonato del Mundo de Múnich (1981), en el Campeonato de Europa de Stavanger (1982), en el campeonato del mundo de Estrasburgo y en la copa de Europa de en Belgrado (1983); y novena en Los Ángeles, convirtiéndose en la primera deportista gallega en participar en unos Juegos.

Pero todo final tiene un principio. "Pues si quieres enfocar el reportaje por la niña y los comienzos, entonces vuelvo a Ourense", sugiere entre carcajadas. Es su ejercicio. "La gimnasia rítmica era una disciplina desconocida cuando comencé. Antonio Prada y Aurora Martínez habían fundado el Club 2000 y hacían unos cursos de música, movimiento y gimnasia. Yo tenía siete u ocho años y, como somos cinco hermanas muy seguidas, unas vacaciones de Navidad mi madre nos envió a una especie de campamento porque no sabía qué hacer con las cinco en casa. Fue probar y me encantó. Insistí e insistí hasta que me apuntó a la actividad. Aurora preparó un conjunto de niñas en el que estábamos Pino Díaz, Silvia Alonso, Maricruz y Pilar Cobelas, Lourdes Grande y yo, nos llevó a un campeonato de España en 1979 y ganamos. Recuerdo que a veces entrenábamos en el pabellón de Los Salesianos, aunque no tenía tapiz , porque necesitábamos altura y no podíamos ir al Pabellón de Os Remedios más que en ocasiones especiales. Fue una época muy bonita. Significó un boom porque a nivel nacional la referencia eran Madrid, Valladolid y Ourense"

La niña Marta Bobo había nacido con unas condiciones corporales fabulosas para la gimnasia, pero la actividad que había comenzado como un juego no pasó a verdadera vocación hasta un viaje a Madrid que Aurora Martínez organizó con el equipo para que presenciasen un campeonato de Europa en el Palacio de Deportes. "Me quedé totalmente prendada. Viéndolo desde la grada dije que yo quería estar ahí. Fue un estímulo brutal, a pesar de un viaje terrorífico en el que a la vuelta se nos estropeó el coche y tuvimos que coger un tren en A Gudiña".

La mirada de la seleccionadora nacional, la búlgara Ivanka Tchakarova, se fijó en ella . "Había terminado EGB en las Carmelitas y con 13 años recién cumplidos me fui a Madrid con el equipo nacional. Fue una decisión cargada de morriña por ser de familia numerosa y tener muchos primos con los que jugábamos en el Parque de San Lázaro. Mis padres me dieron libertad para tomar la decisión y aposté por irme a Madrid a vivir en el piso de una señora asturiana, a la que yo llamaba mi abuela madrileña". Sus padres también fueron un puntal para conseguir que un médico acreditase que no padecía anorexia nerviosa, como habían difundido algunos medios con la intención de que una gimnasta catalana o madrileña ocupase su plaza en Los Ángeles. "Fue un aprendizaje para la vida". Acariciaba la medalla al encabezar la clasificación tras los ejercicios de pelota y aro. Pero el aire acondicionado, apagado para las norteamericanas y canadienses, se encendió durante el concurso de las favoritas. No consiguió medalla por "el minuto y medio más largo de mi vida peleando con la cinta". "Fue una frustración al principio que me ha servido para aprender". Siempre sigue adelante. Como cuando abandonó el proyecto de un Centro de Alto Rendimiento en Ourense por la escasa implicación de la Xunta tras regresar de Canadá, donde estuvo cinco años. Continúa impartiendo clases en el Inef de A Coruña, colabora con la Federación Internacional, tiene dos hijas y cree que todo ha sido posible por aquel viaje a Madrid.