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“Hacha Brava" con un gran corazón

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OBITUARIO

“Hacha Brava" con un gran corazón

Benito y sus acciones eran vitaminas para el Bernabéu. A veces, se pasaba de frenada y el rival volaba por los aires. Era otra época

El fútbol despedía ayer a otra leyenda histórica del Real Madrid, Gregorio Benito, a los 73 años después de una larga enfermedad, un defensa central de los de antes, vigoroso, contundente, expeditivo. "Hacha Brava" lo bautizó así el recordado Héctor del Mar en sus narraciones en Radio Intercontinental. Benito era un central, duro, muy duro.  

Fue atleta antes de futbolista. En la década de los 70 no había realización de televisión del siglo XXI. Todo equipo tenía su central mazas. Y llovían los palos en todos los estadios. Benito tenía una gran elasticidad y sabía encender al público del Bernabéu. Es uno de los jugadores que mejor leía a la grada. Sabía hacer feliz a los aficionados. Con su temperamento, su honestidad y su jugada favorita, que levantaba al público. Goyo Benito disfrutaba saliendo al lateral a cubrir una subida de sus compañeros -Juan Cruz Sol o Camacho en la banda. 

Lanzado, como un avión, sacaba sus piernas en forma de tijera y despejaba balones, cortaba situaciones de peligro, que el socio aplaudía a rabiar. Benito y sus acciones eran vitaminas para el Bernabéu. A veces, se pasaba de frenada y el rival volaba por los aires. Era otra época. Otro fútbol. Con más permisividad arbitral. Y los centrales como Benito sacaban provecho, jugando al límite del reglamento. Johan Cruyff probó su medicina. Y sobre todo, un delantero del Sevilla FC, Biri Biri.  Goyo Benito se hizo hostelero después del fútbol. Fijo en la selección española de la época de Ladislao Kubala, el central del Madrid abrió luego un mítico local, el pub Lancaster, enfrente del Bernabéu, punto de encuentro del madridismo de los 80.