Deporte general

Juegos en 2021, Japón a punto del "seppuku"

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Sueños de Olimpia

Juegos en 2021, Japón a punto del "seppuku"

Nadie duda de la capacidad de Japón, pero mantener unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos concentrando en Tokio a 11.000 atletas, técnicos, acompañantes y visitantes de 206 países; era un riesgo demasiado grande para asumir

Nadie dudaría de la capacidad de Japón. Una nación que, con paciencia y persistencia oriental, se ha recuperado de dos bombas atómicas, una guerra mundial perdida y un accidente  nuclear que podría aniquilar a cualquier otra. Y sigue siendo potencia mundial.

Pero mantener la disputa de unos Juegos Olímpicos y Paralímpicos entre los días 24 de julio y 6 de septiembre, concentrando en Tokio -capital de casi 14 millones de habitantes ordenadamente apiñados- a 11.000 atletas, técnicos, acompañantes y visitantes de 206 países; era un riesgo demasiado grande para asumir, vista la letalidad de este Coronavirus.

También un agravio comparativo con los atletas que hoy cumplen cuarentena, los que se disponen a hacerlo y los que se verán obligados en un futuro, según se propague la pandemia por el planeta, con la esperanza de que el verano termine con ella.

Además, faltaban por decidir 4.700 plazas olímpicas, pendientes de la disputa de torneos previos y pruebas en el propio Japón para comprobar la calidad de las infraestructuras. Demasiado para fiarlo al capricho del Covid-19.

La prudencia se impuso al inevitable desastre económico. Una auditoria reveló hace un año que la estimación de gastos habían "cuadruplicado el presupuesto oficial". A esto se añade ahora unos perjuicios de otros 2.400 millones por retrasar un evento de esta envergadura a 2021, alterando el calendario deportivo mundial.

Normal que el presidente del COI, Thomas Bach y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, estén a punto de lo que comúnmente se conoce como "harakiri" y en realidad los Samurái llamaban "seppuku". Al menos salvaron el honor. El dinero ya está perdido.

Galería de los horrores contra el Olimpismo

Antes del virus, sólo las guerras, tan inherentes a nuestra especie, impidieron unos Juegos.

Los previstos en Berlín para 1916, se suspendieron por la I Guerra Mundial (1914-1917). Ironías de la historia, el pacifista Coubertain fue reclutado por Francia, aunque no sufrió el frente. Alemania fue compensada con los de 1936, una plataforma publicitaria para el nazismo.

Los previstos para Tokio y de invierno en Sapporo (1940) también se cancelaron por conflictos. Japón renunció en 1938, ocupado en su expansión por el Pacífico. Allí aniquiló a 20 millones de chinos y a casi 30 millones de filipinos, malayos, vietnamitas, camboyanos, indonesios o birmanos. (Nunca vaya a la guerra contra los nipones).

El COI los trasladó a Helsinki (Finlandia) pero fue invadida por la URSS del sanguinario Stalin, en 1939. Tampoco hubo los de Londres (1944). La II Guerra Mundial (1939-1945) se cobró 50 millones más.

La capital británica se resarció en 1948, la finlandesa, en 1952. Japón  organizó las citas de verano (1964) e invierno (1972).

Más momentos negros. En Múnich (1972) un comando palestino asesinó a 11 atletas israelíes y salió indemne. Pero no se suspendieron los Juegos. Israel retiró a su delegación y organizó un cuerpo secreto que buscó y ejecutó, uno por uno, a los terroristas.

En Atlanta (1996) un fanático de extrema derecha llamado Robert Rudolph detonó una bomba que causó dos muertos y 111 heridos. Tampoco se suspendieron los Juegos. El FBI lo atrapó en 2003. Cumple cadena perpétua.

Los boicots de la Guerra Fría, entre 1976 y 1988, frustraron el sueño de miles de atletas, atrapados por la política. Y nos privaron de su talento. El ser humano es (somos) así.

El virus pone a cada uno en su sitio

Mientras supuestos adalides del progresismo, el pensamiento políticamente correcto, el compromiso con los débiles y la ética ejemplar permanecen en un cómodo aislamiento, sin mover un dedo; otros dan un paso al frente y se sacrifican para ayudar a los necesitados. La realidad de la vida pone a cada uno en su sitio. Es el caso de dos de los más grandes deportistas de nuestra historia, Rafa Nadal y Pau Gasol, quienes lideran con su imagen y dinero la campaña 'Cruz Roja Responde'. El objetivo es recaudar 11 millones de euros desde el mundo del deporte para destinar a más de un millón de personas. Por ilusión, deber, vergüenza o postureo, muchos han secundado esta acción. A Rafa Nadal ya lo vimos recogiendo barro en las trágicas riadas de Mallorca. Algún cretino se atrevió a criticarlo entonces, con la autoridad moral que imprime el sofá caliente en casa e Internet. En España hay muchos teóricos de la solidaridad y del reparto de la riqueza. Siempre que no les toque dar a ellos, claro. Las palabras se las lleva el viento. Los hechos perduran.

Ver o leer: Cine clásico en familia

El canal público 'Teledeporte' emite estas semanas magníficos reportajes y acontecimientos históricos de su excepcional hemeroteca. Una película que bien podría integrarse en este grupo es la titulada en España 'La vía láctea'. Comedia amable protagonizada por Harold Lloyd, uno de los grandes actores de su época, quien interpreta a un humilde lechero involucrado a su pesar en el corrupto mundo del boxeo, por tumbar accidentalmente al campeón de los pesos medios. Sencilla, bien construida y apta para ver en familia.