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Victoria para soñar del Celta

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Victoria para soñar del Celta

Los jugadores del Celta celebran el importante triunfo sobre el Sevilla, que desató la euforia en Balaídos.
photo_cameraLos jugadores del Celta celebran el importante triunfo sobre el Sevilla, que desató la euforia en Balaídos.
El Celta se reencuentra con el triunfo al vencer al Sevilla (2-1) tras ocho partidos sin ganar.  Sale del descenso tras la remontada con goles de Aspas y Pione. Balaídos, que no veía una victoria desde octubre, corea "sí se puede".

La mayor virtud del Celta es que supo enmendar su error. Y el premio es grande: no sólo lograr la cuarta victoria del curso y salir del descenso, sino encontrar una remontada en un partido que pueda servir de base para la remontada en la clasificación. Ayer, el equipo vigués tal vez no mereció más que el Sevilla, pero lo obtuvo. Bienvenido sea.

Es bien sabido que en cualquier recodo del camino te asalta el error y te roba el amor propio, como poco. Un gesto, una palabra, un paso errado y el caminar anterior se olvida y el posterior se enturbia. Porque cuando uno prepara un partido no piensa en el error. Los diseños previos son impolutos. Tanto que resultan irreales. Porque la verdad tiene aciertos y errores. Y por muchos que acumules de los primeros, no estás indemne de los segundos. Bien lo sabe el Celta, que pensó un partido, empezó jugándolo con cierta soltura y lo empezó a perder por un error de bulto de Lucas Olaza que aprovechó En-Nesyri.

En la otra dimensión, el encuentro habría sido muy distinto porque Iago Aspas habría aprovechado su primera gran ocasión. Pero el moañés erró ante Vaclik y la realidad dejó el 0-0 en el marcador. Eran minutos en los que el Celta alternaba una presión alta en campo rival con un repliegue sobre el área propia. Sufría por su banda derecha, donde el reaparecido Hugo Mallo estaba demasiado solo. No pasaba lo mismo por la izquierda, ya que Brais apareció en el once con la misión de vigilar las subidas  de Jesús Navas. Pero el encuentro se movió en el equilibrio.

Hasta que un balón largo desde área propia del Sevilla para evitar la presión celeste se tornó en pase de gol tras el error de Olaza. En-Nesyri superó con calidad a Rubén Blanco y ensombreció al Celta y a Balaídos.

Duró el luto lo que dura la memoria. Hasta que Aspas limpió una contra con un balón largo hacia Brais Méndez, quien sacó su guadianesca calidad para irse de dos rivales y poner un balón en el área que Rafinha remató alto.  Claro que un despiste atrás permitió a Ocampos encarar en solitario a Rubén, que evitó que el partido pasase de estar cuesta arriba a imposible. De hecho, el mosense todavía tuvo otra acción salvadora antes del descanso ante En-Nesyri, aunque la jugada se anuló posteriormente por fuera de juego del exdelantero del Leganés.

El susto era generalizado y la sensación de película ya repetida se apropió del estadio. Para variar el guion, el técnico celeste, Óscar García Junyent, decidió sacar del campo a Brais y darle un poco más de velocidad al juego con Pione por la banda izquierda. Y lo cierto es que el Celta comenzó a tener más presencia con balón, aunque superar el sólido sistema defensivo del Sevilla se ponía más que complicado. El conjunto hispalense no estaba incómodo, madurando el partido y apostando por rematarlo en alguna buena contra. La tuvo Mudo Vázquez, pero de nuevo surgió Rubén, con la fortuna de que su rechace pegó en un En-Nesyri en fuera de juego.

Con Bradaric sobre el césped y Okay más cerca del área rival seguían sin aparecer los espacios. Sólo Rafinha y Aspas parecían ver el camino algo despejado. No demasiado, bien es cierto. Sus compañeros los buscaban y el propio Rubén sacó rápido con la mano para que el moañés, de un toque, abriese la posibilidad de una contra llevada por Okay. El turco se frenó y parecía perdida la oportunidad, pero apareció Rafinha para dar una gran asistencia hacia Aspas, quien templó tanto ante Vaclik que pareció quedarse sin ángulo. Lo encontró y el balón entró en la portería rival 291 minutos después.

El tanto fue una catarsis. Tanta que el Celta parecía ya desfondado. Muchos jugadores vivían en pleno sobreesfuerzo y, con el Sevilla queriendo retomar el mando, el partido se abrió. Salió Nolito y a punto estuvo de ser decisivo en el primer balón que tocó. La tendencia era que Rubén estuviese mucho más ocupado que su homólogo sevillista, incluso con algún susto de calado.