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Siete años del fiasco T-Solar

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Siete años del fiasco T-Solar

Las instalaciones de T-Solar en el Parque Tecnológico acogen ahora una fábrica de persianas (MARTIÑO PINAL).
photo_cameraLas instalaciones de T-Solar en el Parque Tecnológico acogen ahora una fábrica de persianas (MARTIÑO PINAL).
Inyectada con múltiples subvenciones públicas llegó a Ourense la empresa T-Solar en el 2008 prometiendo ser una referencia en renovables y cerrando sus puertas en el 2013 dejando un reguero de paso. La marca intenta refinanciarse.

Ahora, T-Solar, la marca que impulsó la factoría ourensana del mismo nombre, sigue intentando enderezar su futuro. Hace días ha refinanciado más de 560 millones de euros. En abril siete años que se cerró la fábrica de paneles solares de T-Solar en el Parque Tecnológico. Con ello se truncaron las ilusiones de casi 180  trabajadores de la compañía, pero también supuso la evidencia de que desde entonces no se ha gestado un solo proyecto industrial en la provincia, ni del tamaño del citado, ni siquiera mucho menor. 

T-Solar fue el ejemplo también de la intervención política en los proyectos empresariales, dopando en muchas ocasiones la instalación de las empresas que acaban cerrando cuando agotan las subvenciones. 

T-Solar construyó una planta de paneles solares de silicio, con una superficie mucho mayor a la que producían sus competidores en el mercado, pensando entonces que ese factor diferencial le ayudaría a posicionarse como líder, algo que en ningún momento llegó a producirse ni por la capacidad competitiva ni por apostar por el sector de las energías limpias, que también entraron en el pozo en el momento en el que se cortaron las primas las renovables.

La compañía llegó a Ourense con viento en las velas, las bendiciones políticas y unas subvenciones públicas que superaron los 60 millones de euros. El promotor del proyecto era el empresario vigués Marcial Portela y lo hacía a través de Isolux como accionista de referencia, una constructora que entonces facturaba más de 2.000 millones de euros. Era la época de las vacas gordas en España, vísperas del batacazo del 2008. 


Grandes apoyos


Todas las instituciones echaron mano al bolsillo para impulsar el proyecto. En la provincia, la Diputación subvencionó la compra del solar poniendo encima de la mesa 100.000 euros. Una cantidad insignificante si se tiene en cuenta el resto de aportaciones. La Xunta, con el socialista Emilio Pérez Touriño al frente, echó madera al fuego. Avales, subvenciones, ayudas desde entidades como Xesgalicia, el Igape y otras recalentaron un proyecto que saldría dopado al mercado. No fueron los únicos. El Gobierno central, con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza, también aportó más dinero desde los ministerios de Industria, Educación o Economía.

En apariencia el proyecto era solvente. Incluso las entidades financieras públicas dieron su visto bueno y el respaldo vino de Caixanova, Caja Castilla La Mancha, Sa Nostra, Caja Navarra, entre otras cajas de ahorro que, por cierto, acabaría siendo rescatadas con dinero público con la mala gestión de la mayoría de ellas. 

La puesta de largo de T-Solar tuvo lugar en el 2008 en un acto presidido por la ministra de Medio Ambiente, la ourensana Elena Espinosa. La planta llegó a tener casi 200 trabajadores y la producción en seguida comenzó a resentirse, sencillamente porque no había mercado suficiente como para mantener una fábrica de estas características en pie. El sector de las energías renovables no pasaba por sus mejores momentos y nadie apostaba por instalar los huertos solares que se preveían en España y, con ello, instalar los paneles necesarios para generar esa energía.


Expedientes del empleo


Por lo tanto, la situación no tenía más remedio que complicarse y se complicó. T-Solar creyó que realizando en el año 2012 un expediente de regulación de empleo temporal saldría del bache, pero no fue así y un año después aquel ERE acabó convirtiéndose en extintivo.

En el 2013 se sucedían las malas noticias y el cierre ya no tenía marcha atrás. Los trabajadores protagonizaron un largo encierro en las instalaciones de la empresa, en el Parque Tecnológico, pero nada pudo frenar el cierre de la factoría. Tampoco las frecuentes visitas de los políticos a darle ánimos a los trabajadores, que también acabaron claudicando. 

Al final unos 170 trabajadores despedidos y una ingente cantidad de dinero público invertido para no tener resultado. 

La Xunta y sus organismos dependientes llegaron a aclarar el destino de las ayudas recibidas para un proyecto industrial que acabó siendo un fiasco.

Las instalaciones estuvieron cerradas durante años y la planta llegó a estar pendiente de subasta varios meses. En realidad no hubo postores interesados en unas instalaciones que poco podían interesar a otras empresas de diferente sectores.

Al final, una empresa ubicada en el vecino polígono de San Cibrao, Persianas Roma, acabó por quedarse con las instalaciones para producir, almacenar y distribuir sus productos, entre ellos persianas, toldos o estores. Todo ello en un Parque Tecnológico que, en teoría, debería primar la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i) de las empresas allí instaladas.