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La “solución europea" no es la única posible

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La “solución europea" no es la única posible

Del mismo modo que se impone la conveniencia del consenso entre los partidos y los agentes sociales –sindicatos y empresarios–, sin guerras absurdas, es menester inspirarle confianza a Alemania y a la UE.

La principal tarea de la política económica ahora mismo, según el Premio Nobel Paul Krugman, “no es proporcionar estímulo”, es decir, sostener el empleo y el PIB, sino proporcionar “soporte vital” para limitar las penurias de quienes han perdido temporalmente sus ingresos. Pero la tarea de sostener el PIB y, en consecuencia, el empleo, también llegará. Si en algo coinciden todos los economistas es en que ni una cosa ni la otra tienen calendario; ni siquiera unas fechas orientativas, lo cual dificulta los planes de los gobiernos y de las instituciones supranacionales.

Claro que todo eso ni explica ni justifica la tardanza en reaccionar de la Unión Europea, donde se ha hablado de muchas cosas pero donde hasta ahora solo hay dos en marcha: el desbloqueo por parte de la Comisión Europea de fondos estructurales no gastados y el nuevo programa de compra de bonos del Banco Central Europeo. A partir de ahí, infinidad de dudas y pocas certezas, ya que no hay eurobonos y el nuevo programa SURE destinado a apoyar el coste del desempleo temporal, sigue pendiente de aprobación.

Para España, la situación es especialmente apurada, ya que carece de margen para afrontar esta crisis sanitaria, social y económica en solitario. En Cuentas de resultados, aquí en LA REGIÓN, llevamos semanas advirtiéndolo; por lo tanto no se trata de soslayar este frente, sino de todo lo contrario, pero sin perder de vista que España está obligada a actuar con realismo, lejos de evocar lo sucedido en la histórica película de Berlanga Bienvenido Mr. Marshall, una parodia devastadora de la ayuda de EE UU a Europa de la que la España franquista nunca se benefició. A día de hoy, a España e Italia se les ofrece un programa de rescate del Mecanismo Europeo de Estabilidad, condicionado a mayor austeridad, que no es de recibo; entre otras porque su capacidad de endeudamiento no mancomunado está prácticamente agotada a raíz de la crisis de 2008 y de sus erráticas políticas de déficit público.

A un niño que está a punto de ahogarse hay que echarle una mano, no reprocharle que cayó por andar jugando. Tiempo habrá, una vez a salvo, de hacerle ver que así no debe enredar. España debe prepararse también para ese escenario, pero ahora toca lo que toca, que es sobrevivir, de ahí que el mensaje de Paul Krugman le venga como anillo al dedo.

De los 19 países de la eurozona, al menos ocho son receptivos a las propuestas de España de mutualizar la deuda necesaria para afrontar esta crisis, pero no lo son –todavía– Alemania y Holanda, que tienen la llave de un posible acuerdo.

España no quiere que vuelvan los hombres de negro –lógico– pero si quiere evitarlo le conviene actuar con inteligencia y pragmatismo. Hoy por hoy, sería una mala noticia que Nadia Calviño perdiese la posición negociadora y no digamos que quisiera irse. Pedro Sánchez debería aclarar su situación para evitar sobresaltos innecesarios, tanto de cara a los mercados financieros como a las propias autoridades de la UE. Se supone que sabe, por ejemplo, que en 2012 hubo fuga de capitales de España.

Nada es incompatible, si hay confianza. Como sugiere el catedrático de Economía y Finanzas Santiago Carbó, al tiempo que se presiona para una ‘solución europea’, aquí no hay tiempo que perder, ya que la excepcionalidad y gravedad de la situación obliga a hacer ya todo lo necesario. 

@J_L_Gomez