DEBATE ELECTORAL

Propuestas e interrupciones marcan un debate bronco y con aroma a final

Los cuatro líderes endurecen el tono a cinco días del 28A, con acusaciones cruzadas en medio de un desorden temático

Pablo Casado, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera, momentos antes de comenzar el segundo debate electoral, celebrado en el plató de Atresmedia.
Pablo Casado, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera, momentos antes de comenzar el segundo debate electoral, celebrado en el plató de Atresmedia.
Propuestas e interrupciones marcan un debate bronco y con aroma a final

Solo 24 horas después del primer debate, tiempo para "el partido de vuelta", a solo cinco días de las elecciones. Mismos cuatro protagonistas, con Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Pablo Iglesias (Unidas Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos), pero diferente escenario y un formato novedoso, que favoreció la discusión (y el desorden) y daba protagonismo a los moderadores, los periodistas Ana Pastor y Vicente Vallés, con preguntas directas e incisivas.

Y en la primera intervención, Pedro Sánchez intentó contestar una de las grandes incógnitas de la campaña electoral: "No está en mis planes pactar con un partido (Ciudadanos) que nos ha puesto un cordón sanitario". Rivera respondió tendiendo la mano una vez más al PP. Casado replicó diciendo que ellos propusieron la alianza antes. E Iglesias emplazando a todos a esperar a los resultados del 28A, seguro de que habrá que pactar para gobernar, sin decir si exigirá ministros en una hipotética alianza PSOE-Podemos.

El primer bloque del debate se centró en los programas de cada formación. El empleo o las pensiones, a escena. Sánchez se saltó la temática sugerida para dejar claro que no pactó con los independentistas. "Nunca, es mentira", repitió. Lección aprendida del primer debate. Casado y Rivera no perdieron la ocasión de replicar, con el líder de Ciudadanos volviendo a buscar diferenciarse como el líder de la oposición. Iglesias volvió a aplicar un tono didáctico afeando la conducta al resto. "¿Usted es el árbitro?", le espetó Rivera, antes de sacar un tomo de la tesis de Sánchez, y este intentar regalarle un libro sobre Santiago Abascal. ¿El empleo? Bien, gracias.


Contratos y pensiones


Cuando el debate se centró, los tipos de contratos y la reforma de las pensiones mostraron las diferentes propuestas de los partidos. También los impuestos. Sánchez buscó poner sobre la mesa los datos de sus meses de gobierno y la necesidad de darles continuidad. PP y Ciudadanos, relativizarlos y aportar otros no tan optimistas, con pelea interna sobre el pasado de unos y la falta de pasado de otros. Iglesias tardaba en arrancar, con ese nuevo tono comedido que está mostrando, y cuando apareció reclamó un aumento del salario mínimo y frenar la brecha laboral.

El debate pasó por la vivienda antes de centrarse en el aborto, la eutanasia o la violencia de género para volver a encender los ánimos, si es que se apagaron en algún momento. Y Sánchez puso en el foco en Vox y su alianza andaluza, invitado al debate en origen, "desinvitado" por la Junta Electoral después. Casado y Rivera endurecieron el tono. Y las descalificaciones salieron a escena. Iglesias, mientras tanto, se quedaba al margen de la discusión. "Siento vergüenza por cómo se está desarrollando este debate", sentenció.

El sistema educativo, con sus reformas y contrarreformas –a pesar de sus tensiones– sirvió para suavizar relativamente el debate. 

No pasó lo mismo con la regeneración democrática. La corrupción encendió el fuego y Rivera, con otro alarde de elementos gráficos, sacó (literalmente) la lista de casos de corrupción de los socialistas. "¿Va a dimitir usted si hay una condena por los ERE de Andalucía?" le preguntó a Sánchez. Este respondió repasando los casos del PP.

Un bloque amplio, que se fue por encima de la hora y media de duración, en la que se intentó resumir de forma exprés el programa de las formaciones, aunque no se pudo evitar cierto descontrol y la sensación de que, a diferencia del primer debate, este era el momento de quemar las naves y no escatimaron en interrupciones y calificativos.


Apareció Cataluña


Se hizo esperar, pero el conflicto catalán entró en juego de forma directa, sin grandes variaciones sobre lo pronunciado 24 horas antes. Iglesias insistió en la "España plurinacional" que ya deseó en el debate inicial. Casado recordó que Sánchez es el candidato favorito de los separatistas: "Es rehén de los que quieren romper España". Rivera siguió con su despliegue de fotografías (Otegi, las amenazas al juez Llarena...). Y Sánchez, en el ojo del huracán, negó la mayor, con un capote de Pablo Iglesias que reclamó "altura de Estado" a sus adversarios.

El reloj apremiaba cuando tocó hablar de pactos después del 28A, una discusión que siguió marcada por el conflicto catalán. Siguió la unión temporal de Sánchez e Iglesias contra Casado y Rivera, acusándose de nerviosismo mutuo. 

La cultura apareció de refilón (como anécdota) para dar paso al "minuto de oro", que bajó el telón del debate. Empezó Pablo Casado hablando de la renovación del PP y sus virtudes históricas, alentando el miedo al voto socialista y pidiendo el voto de todo el centro-derecha. Continuó Pedro Sánchez recordando la situación andaluza y presentando al PSOE como única alternativa válida para frenar a esa alianza. El tercer turno fue para Albert Rivera, que recordó su origen catalán y la humildad de su familia para hacer una oda al esfuerzo. Un discurso en clave presidencialista. Cerró Pablo Iglesias cargando contra el poder bancario, las grandes eléctricas y las cloacas del Estado, como resorte para llamar a los votantes a cambiar la historia.

Se acabaron los debates. Casi todo está dicho ya. Ahora, este domingo, hablarán las urnas, que es lo que importa.