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Que el actual modelo autonómico se encuentra en crisis, ha calado ya en la sociedad

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CON PRIMA DE RIESGO

Que el actual modelo autonómico se encuentra en crisis, ha calado ya en la sociedad

Las comunidades históricas siempre han tenido planteamientos propios que rompieron el modelo

El convencimiento de que el actual modelo autonómico se encuentra en crisis cala ya profundamente a la sociedad. Y está en crisis porque afloran en el imperfecciones que se han ido acumulando a lo largo del tiempo y no han sido corregidas como es el modelo de financiación. Pero sobretodo porque hay comunidades como Cataluña y el País Vasco que siempre han tenido planteamientos propios que han implicado la ruptura del modelo. 

El problema más grave es sin duda, el proceso “soberanista” catalán,  que nos venden enmarcado en una crisis económica y social,  pero que tiene, obviamente, causas más profundas. Pero lo que no debe pasar desapercibido ante la “bulla” catalana es la creciente asimetría en la prestación de servicios públicos de las comunidades autónomas. Si el 80% de sus gastos son para sanidad, educación y servicios sociales y  desde que estalló la crisis  sus ingresos hinchados por el boom del ladrillo se derrumbaron, aparecieron  agujeros en las cuentas de las comunidades. 
Un déficit público que ciñe a sus gobernantes y engorda paulatinamente la deuda autonómica con sus intereses. 

Los problemas de financiación que aquejan de forma grave a las comunidades autónomas tienen una consecuencia directa en las garantías de los derechos sociales. En materia de vivienda, por ejemplo, donde las acciones legislativas autonómicas para afrontar el drama de los desahucios han sido dispares; en educación o en sanidad donde el efecto de la crisis se ha traducido en recortes, pero que se han hecho de forma diferente según cada cual de forma que aumentan año a año. Lo que demuestra a su vez que no ha habido voluntad de cambiar nada.

Aunque el problema más grave es el de la aplicación de la Ley de Dependencia que cada año acrecienta la brecha en la atención que se presta en las diversas comunidades a las personas en esta situación. Además de que el Estado parezca se haya desentendido de la garantía de este derecho. Si la ley obliga  a que el 50% del coste del sistema sea aportado por el Estado, en 2014 apenas había cubierto el 18%

Durante los últimos años el foco ha estado puesto sobre la financiación de las administraciones de las comunidades, ellas han sido desde el inicio de la crisis señaladas como las principales responsables de los números rojos que cosechamos lo que les ha valido reprimendas por parte de Bruselas con un déficit disparado y un  endeudamiento que prácticamente se ha duplicado en cuatro años al pasar del 12,9% al 23,2% del producto interior bruto, según los datos publicados por el Banco de España.

Hoy  las comunidades autónomas ostentan los niveles de deuda más altos de la historia. Y esta acumulación de déficit que se manifiesta desigual también afecta a los intereses que tienen que pagar de manera desigual para mantener una carga que en algunos casos se come los ahorros que aprueban en otras partidas de gasto, en un proceso de acumulación de la deuda que no se detiene.  

Las administraciones se han tildado de manirrotas y es cierto que tuvieron excesos en su gestión y que tardaron en empezar a ajustar sus cuentas. Pero tras cuatro años de recortes, han sido incapaces de reducir el déficit por debajo del 1% y el pasado año cerraron en el 1,66% del PIB, unos 7.000 millones de euros más del objetivo. Por ello el estado autonómico está en crisis. 
Sus defectos estructurales han aflorado crudamente en el contexto de una “gran recesión”, la que sufrimos desde el año 2008. El conflicto de Cataluña es su expresión más nítida. 
La  única salida que se entrevé es una reforma de la Constitución para rehacer el Título VIII y, con ello, alcanzar un nuevo pacto territorial aceptado por la mayoría 

Planteada así la cuestión, nos encontramos con que el federalismo en este país no puede ser ya el ideal y su consagración jurídica enterraría  para siempre ese complejo morboso de la España una, grande y libre: invertebrada en la densidad de un españolismo medido por la asimilación de una idiosincrasia típicamente castellana. Por lo que así Cataluña, Galicia o el Pais Vasco por ejemplo, serán siempre españolas, por mucho que quisieran empeñarse en lo contrario. Y todo lo demás, que no es lo de menos, se nos dará y lo daremos, todos, por añadidura… 

NO HAY MARCHA ATRÁS 
Nuestra autonomía es susceptible de muchos avances pero nadie podrá negar que ahora hay camino y de no andarlo, la culpa será solo nuestra.
Da miedo el federalismo que es un modelo perfecto pero no apto para menores. De hecho todas las fórmulas federales se han hecho desde la constitución y aquí queremos hacerlo al revés lo que  requiere un elevado grado moral e intelectual que todavía no hemos testeado. Pero quien dice que no cuando solamente cabe progresar cuando se piensa a lo  grande.

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