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No es guerra comercial, es dominio tecnológico

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ÁGORA ECONÓMICA

No es guerra comercial, es dominio tecnológico

La configuración del mundo económico está sufriendo un periodo de transformación a partir del movimiento de dos placas tectónicas de gran dimensión, China y Estados Unidos

Muchas de las críticas que se hacen a la Administración Trump tienen que ver con su visión poco evolucionada del papel que Estados Unidos puede jugar en el nuevo escenario globalizado del siglo XXI. Su estrategia parece acercarse a una visión coercitiva en un juego de suma cero en cuyas reglas solo una parte puede salir ganando a costa de una dura negociación, tomando siempre la iniciativa en una aparente posición de dominio inicial de la situación. Quizás no sea efectivo este enfrentamiento directo en una realidad más compleja que décadas atrás, sobre todo en lo económico, donde Estados Unidos tiene mucho que perder si da un paso en falso.

También se le acusa al presidente norteamericano de estar influenciado de forma decisiva y poco reflexiva por lobbies de presión interna como las industrias armamentísticas o petroleras. De igual manera se le mete en el saco de los populistas por intentar dar una respuesta urgente a las promesas electorales con altas dosis de propaganda, sin medir de forma sopesada las consecuencias.

GAFICACHS107_resultQuizás haya algo o mucho de verdad en todas estas hipótesis, pero también podría ocurrir que el fenómeno Trump pueda ser además un producto natural del miedo a una inexorable pérdida de influencia y una respuesta defensiva y hasta quizás desesperada de actuar a tiempo para intentar desactivar, o cuando menos retrasar, el que parece un inexorable tránsito desde un mundo centrado en Occidente a otro centrado en el el Sudeste Asiatico con un claro protagonismo de China. Así, el alarde de fortaleza se podría observar, por el contrario, como un síntoma de debilidad en un contexto donde Estados Unidos podría tener mucho que perder y el tiempo jugase en su contra.      


Delegación comercial


Más allá de lo acertado o no, la fórmula de plantear la guerra comercial para intentar jugar las bazas que Trump todavía considera tener a su favor, cobra sentido si su objetivo es negociar aspectos clave, como así parece tras el envío de una delegación comercial esta misma semana a Pekin. Entre los puntos que incluirá la agenda de esta comitiva, es más que probable que se destaque la tecnología como aspecto central.

El Gobierno de Trump siempre ha señalado el robo de propiedad intelectual por parte del gigante asiático como grave problema para el país. En realidad, el acelerado cambio de China desde una economía centrada en la exportación de productos low cost a despuntar en el desarrollo propio de sectores punteros, supone un desafío para la posición de mercado de Estados Unidos. Este factor no solo inquieta a Estados Unidos, sino que también fue señalado por otras economías como Francia y Alemania.

Si el dominio tecnológico es fundamental en este tablero de juego a medio plazo, también  lo es el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos con China, pero en este caso, sobre todo desde el punto de vista del discurso

En este sentido, es probable que se profundice en medidas legales para controlar la política de asociación entre empresas americanas y chinas como forma de penetrar en el país asiático, así como también para manejar mayores restricciones a la inversión directa de China en sectores estratégicos americanos, con el fin de lograr reciprocidad con los límites que China en su caso sí aplica al invertir en  empresas del país. 

Si el dominio tecnológico es fundamental en este tablero de juego a medio plazo, también  lo es el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos con China, pero en este caso, sobre todo desde el punto de vista del discurso. Es cierto que el tema del déficit comercial tiene que verse desde una visión macroeconómica global, teniendo en cuenta además que China es la fabrica mundial en la que se montan las piezas llegadas de muchas partes del mundo, en muchos casos de empresas americanas, pero Trump no atiende a esas sutilezas y utiliza este argumento también con vistas a una negociación. 

EEUU registró un déficit comercial de 375.000 millones de dólares con China en 2017 y es de esperar que se incremente a raíz de las medidas expansivas de la demanda y los planes de inversión del gobierno norteamericano. El objetivo de Trump es garantizar más compromiso de compras bilaterales por parte de China, a pesar de que estas han alcanzado la cifra record de 130.000 dólares en 2017, con un crecimiento anual por encima del 12%. Al final la delegación de del gobierno americano llega a Pekín con la meta de lograr ventajas que se  traduzcan en grandes oportunidades comerciales para sectores de gran valor añadido y servicios especializados, así como favorecer la libre entrada de grupos empresariales de EE.UU. en el país, con el fin de mantener el tono de su industria más avanzada y prolongar la primacía tecnológica.


Dominio en Asia


Si bien puede decirse que la guerra es tecnológica, hay una serie de factores adicionales que favorecen a China y que hacen poco recomendable por parte de Estados Unidos una escalada más allá de las palabras y de resultados muy acotados a determinadas políticas de intercambio bilateral.

Es importante señalar que China mantiene más de 3 billones de dólares en reservas y tiene 1,17 billones de dólares invertidos en títulos de deuda emitidos por la Reserva Federal, circunstancia clave y que permite a China tener margen de actuación para “jugar” con al cotización del dólar e impactar en las previsiones de financiación interna.

En un intento de enmendar el error, hace poco menos de un mes el gobierno americano hizo un amago de recuperar las bases del TPP pero hasta aliados tradicionales como Japón le han dado la espalda

Además, China mantiene un creciente liderazgo en el Sudeste Asiático muy difícil de contrarrestar por parte de Estados Unidos, entre otras cosas porque ha destinado más de 180.000 euros en inversiones en los países más afines de la zona. De hecho, la decisión de Trump al poco de ser elegido, de abandonar el Tratado Transpacífico (TPP), impulsado en su día por Obama para aglutinar los intereses en la zona al margen de China, ha sido en este caso una medida visceral muy poco meditada que a la postre ha terminado por remarcar todavía más la relevancia China con acercamientos progresivos a países como Singapur, India o Corea dentro de la configuración y fortalecimiento del RECP como área de integración liderada por el gigante asiático y creada en su día como contraposición al TPP.

En un intento de enmendar el error, hace poco menos de un mes el gobierno americano hizo un amago de recuperar las bases del TPP pero hasta aliados tradicionales como Japón le han dado la espalda. Tanto es así que el pasado mes de abril se desarrolló la cuarta cumbre económica entre China y Japón en un clima de cordialidad y entendimiento sin precedentes. En ella se habló de inversiones en proyectos de La Nueva Ruta de la Seda, de potenciar el tratado de libre comercio entre china, Japón y Corea, así como también de acuerdos de cooperación en  conservación de energía y protección ambiental (otra de las áreas en las que China tiene marcados objetivos ambiciosos), innovación tecnológica, finanzas o medicina.

Pero el interés de China va mucho más allá de Asia y se orienta con gran olfato para aprovechar las debilidades que deja al descubierto las carencias diplomáticas de EE.UU. Si importantes son los planes de inversión china en el Sudeste Asiático, no son menos notables las cifras destinadas en otros espacios económicos, como los 100.000 millones en los países del Golfo o  los 150.000 millones en África. Pero sin duda resulta llamativo también el posicionamiento de China en el “patio trasero” de Estados Unidos. Muchos analistas mexicanos y las principales patronales del país ya apuestan de forma decidida y abierta por incrementar las relaciones comerciales con China y el país asiático no desaprovecha la oportunidad que brinda el deterioro comercial con el vecino del norte para vender una mayor disposición a la colaboración, Según declaraciones públicas  recientes de una delegación china en visita al país centroamericano, se hizo hincapié en que a pesar de que México tiene un superávit con China, existen mayores oportunidades y beneficios de intensificar el comercio e incluso de aumentar las inversiones en el país.

En resumen, el poder de China es muy superior, precisamente en las economías emergentes de mayor crecimiento en África, Latinoamérica o Asia.

Pero las oportunidades de China no se centran sólo en las economías en desarrollo. Los continuos desaires a Europa por parte de Trump y el menosprecio más que visible con Alemania, a la que ha llegado a calificar de enemigo económico por su elevado superávit han abierto una grieta de grandes dimensiones entre antiguos aliados.

La visita oficial de hace una semana de Macron y de Merkel a la Casa Blanca para acercar posiciones en cuanto a aranceles o la política a desarrollar con Irán, fue un fiasco, y si bien Macron, cuando menos recibió alagos del mandatario, con Merkel la lluvia de críticas en la rueda de prensa tras el encuentro fue sorprendente. Si algo quedó claro fueron dos cosas, que por un lado el papel de Europa es irrelevante en términos geoestratégicos para Estados Unidos y que, por otro lado, China se está presentando a ojos europeos como un aliado más fiable que EE.UU, hecho impensable hace apenas un año. China no lo desaprovechará. 

En definitiva, el gobierno de Trump puede marcar una estrategia defensiva de perfil agresivo para contener la influencia creciente y el posible salto tecnológico de China, sobre todo cuando el tiempo juega en su contra, pero si en algo China ha demostrado ser muy superior desde hace tiempo es en la habilidad estratégica sobre todo para aprovechar los errores ajenos sin hacer apenas ruido ni alardes innecesarios.

Basta recoger a modo de ejemplo las palabras dedicadas por el gobierno chino a la afrenta de la subida de aranceles: “La posición de China es clara, no queremos guerra con Estados Unidos porque ambos perderíamos. Es de sobra conocido que en una guerra comercial ninguna parte gana. Esta situación se puede resolver a través de diálogo. Sin embargo, no tenemos miedo a amenazas ni chantajes, si quiere guerra comercial lo llevaremos hasta el final”.

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