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ECONOMÍA CIUDADANA

Los excesos en la alimentación dejan su huella en los contenedores de basura

A cada familia le cuesta 250 euros al año el desperdicio alimentario 

Restos de desperdicios en un contenedor.
Restos de desperdicios en un contenedor.
Los excesos en la alimentación dejan su huella en los contenedores de basura

El desperdicio alimentario es una más de las incoherencias de nuestra sociedad donde de un lado se pierden alimentos válidos y de otro lado una parte de la sociedad pasa penurias alimentarias o simplemente los que ingiere tienen mala calidad, con las consecuencias futuras para su salud.  La Comisión Europea indica que alrededor de un tercio de los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano (aproximadamente 1.300 millones de toneladas anuales) se pierde (se tira) o desperdicia. 

Las cifras son alarmantes y hasta personalidades como el Papa han resaltado el problema en recientes fechas: “los alimentos que se tiran a la basura son alimentos que se roban de la mesa del pobre”, indicó. El problema tiene alcance mundial, pero a la vez marca diferencias entre continentes. La FAO computa que el desperdicio per cápita de alimentos por consumidor es de 95 a 115 kg/año en Europa y América del Norte, mientras África subsahariana y en Asia meridional y sudoriental esta cifra representa solo de 6 a 11 kg/año. 

Pero, ¿de qué estamos hablando? Según el Ministerio de Transición Ecológica, las pérdidas de alimentos se definen como “la reducción de alimentos en cantidad y calidad”. Se refieren al desecho o uso alternativo (no alimentario) de alimentos seguros y nutritivos para el consumo humano a lo largo de toda la cadena de suministro alimentario, desde la producción primaria hasta el consumidor final. 

Los datos hablan por si solos, 89 millones de toneladas de alimentos en buen estado para ser consumidos son tirados en el espacio de la Unión Europea. España ocupa el séptimo país que más comida desperdicia (7,7 millones de toneladas), tras Reino Unido (14,4 millones de toneladas), Alemania (10,3 millones), Holanda (9,4 millones), Francia (9 millones), Polonia (8,9 millones) e Italia (8,8 millones). Como ven, los países más ricos también son los más derrochadores. 

El problema tiene dos grandes fuentes de generación, el proceso productivo y el problema en los hogares. El Ministerio cuantifica que entre un 30% y un 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria hasta llegar al consumidor que podrían ser aprovechables se convierten en residuos. Debido a pérdidas en el proceso de producción, de almacenaje y transporte, pero también por los hábitos de compra, “ya que deseamos frutas y verduras perfectas” por ejemplo. 


El segundo origen, los hogares 


El Instituto Nacional de Consumo (INC), ha señalado entre otros datos que el desperdicio medio por hogar (2,7 personas de media) es de 1,3 kg/semana o 76 kg/año, lo que equivale a más de medio kg de alimentos por persona y semana. 

Así, los hogares españoles tiran en un año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo. Esta conducta les cuesta al bolsillo de cada familia entre 200 hasta 250 euros al año en comida tirada a la basura o que no ha sido usada como alimento. Como ven estamos hablando de un problema grave con grandes consecuencias alimentarias pero también sociales y ambientales por la cantidad de recursos que despreciamos.