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¿Necesito un protocolo para mi negocio?

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¿Necesito un protocolo para mi negocio?

A medida que me voy haciendo mayor me cuesta cada vez más contestar la consabida pregunta que muchas veces me hacen mis clientes sobre si necesita su familia un protocolo familiar. Las familias empresarias me plantean dicha duda muchas veces por falta de información y otras muchas por información indebidamente transmitida. 

En la actualidad bombardeamos a nuestras familias empresarias con demasiada información sobre los parabienes de contar con un adecuado protocolo de familia y con un activo Consejo de Familia y nos sorprendemos de que a estas alturas la gran mayoría del tejido empresarial familiar no cuente con una adecuada planificación del relevo familiar y mucho menos los que cuentan con protocolos familiares activos y eficaces. 

Durante mi vida profesional, he dado muchas respuestas a esta pregunta. En mis primeros años profesionales, movido por un ansia comercial  y con objeto de convencer a los empresarios familiares de la idoneidad de mis servicios, les convencía de su necesidad para garantizar la continuidad del negocio y les argumentaba que aquellas familias que no habían organizado su sucesión adecuadamente estaban abocadas al fracaso. La expectativa de ser una de las empresas fracasadas era el perfecto reclamo comercial. En muchos casos el planteamiento fue acertado y conseguí, con ayuda de las propias familias, regular buenos pactos de sucesión. Algunos se quedaron en el camino.

Últimamente los motivos obedecen más a mi propia experiencia que a los conocimientos teóricos de mi primera época profesional y abogan por defender su idoneidad en la regulación del dialogo de la familia. El dialogo primero, el protocolo después.

En efecto, la realidad es que la utilidad de un acuerdo familiar como el protocolo se magnifica si se consiguen “activar” los cauces de comunicación de la familia empresaria y si se utilizan adecuadamente los mecanismos de control de la información que dicha herramienta ofrece a las empresas familiares. Su eficacia como herramienta resolutoria de conflictos es un escenario más jurídico que familiar. 

El éxito no es contar con un protocolo familiar más o menos exigente y que contemple multitud de situaciones y de solución a conflictos sino con un documento que facilite la comunicación entre los miembros de la familia y que las reglas de juego sean claras y sencillas. En definitiva, que el procedimiento que haya elegido la familia para comunicarse sea válido, eficaz, fluido y que sea ejecutivo,es decir, que las decisiones que la familia adopte se puedan ejecutar fácilmente.

Los años me han llevado a concluir que, aunque el pacto familiar este recogido en una servilleta de papel lo relevante es como resulte de ejecutivo el consejo o la junta de familia para llevar a cabo los acuerdos familiares. 

Se necesita un protocolo familiar siempre que el conjunto de miembros de la familia o al menos sus líderes piensen que con las reglas de juego actuales nadie sabe a qué juego se está realmente jugando y si hay varias reglas distintas para un único juego.  La necesidad surge de una sensación de desgobierno controlado. 

Cuando la visión de un problema es distinta para varios miembros familiares o cuando se sabe que hay un problema, pero no se sabe la solución también puede ser un indicador de la necesidad de que hace falta regular las relaciones más allá de la simple servilleta que comentaba.

¿Y todos necesitamos el mismo protocolo? Pues obviamente no. Sobre todo, porque cada familia tiene sus problemas y la solución a los mismos puede ser distinta, aunque con similares herramientas jurídicas. 

No todas las soluciones pueden ni deben ser jurídicas. Hay familias con cuestiones de comportamiento y personalidad que necesitan especialistas en la materia y que no solventarán sus problemas con métodos exclusivamente jurídicos.

Aunque sorprenda, hay empresas familiares a las que un simple testamento les puede solucionar mucho más que complejos pactos parasociales familiares y otras muchas que necesitan por el contrario todo el conocimiento jurídico del mundo para poder aportar soluciones a sus problemas. Algunas solo necesitan hablar.

El documento del protocolo es uno de los medios. Pero es necesaria una fase de diagnóstico familiar y de evaluación previa que va a ser determinante para conocer que medicina debe tomar la empresa familiar en cuestión. La habilidad de los “doctores” en el diagnostico predispone el éxito en la solución que la familia sea capaz de adoptar y soportar. 

El objetivo debe ser intentar lograr lo más sencillo. Ya que las soluciones son muchas y diversas. Familias que solo necesitan hablar y que el diagnostico debe ser potenciar los órganos de comunicación familiares. Familias que demandan información de la empresa y que pueden potenciar los órganos de gobierno empresariales y otras muchas a las que les preocupa la incorporación de los familiares al trabajo y su retribución y que su protocolo debe ayudar a lograr tal fin. 

¿Entonces no tiene sentido profundas regulaciones de relaciones familiares intergeneracionales? Pues depende. Hay familias que por sus circunstancias o complejidad de sus empresas lo necesitan y otras en las que regular más de cinco años sea un logro imposible y además inútil. 

Como digo, antes de responder a la pregunta de si necesito un protocolo familiar. Debo someter a mi familia y en cierta medida a mi empresa a un diagnóstico previo que permita evaluar donde estamos y hasta donde queremos llegar. Luego ya veremos si podemos llegar. Dentro de las soluciones que los técnicos en empresa familiar podemos ofrecer puede ser que la solución no sea un protocolo familiar y que con un testamento valga. Siento desilusionar. 

Por lo tanto, la cuestión no es si necesito un protocolo familiar. Me debo preguntar que necesita mi empresa para lograr los objetivos que como familia y negocio nos hemos fijado para que se cumplan. Dentro de esas soluciones estará sin duda el protocolo familiar pero las soluciones insisto son muchas. 

En definitiva, empezar a buscar soluciones pasa por establecer un cauce sano de dialogo familiar que permita efectuar una evaluación previa de las necesidades de la familia con muchas ganas y generosidad y abiertos a buscar soluciones imaginativas y diversas. 

Estas soluciones deben quedar adaptadas a las necesidades reales de la familia y a su fortaleza. Si las medidas a adoptar son jurídicas, somos nosotros los abogados los que podríamos darlas. Pero hay que tener presente que en otros muchos casos la labor de diagnóstico debe hacerse con un equipo multidisciplinar que lejos de la disciplina jurídica, se encargue de centrar bien la necesidad familiar. En caso contrario tendrán un protocolo familiar pero no habrán solucionado nada como por desgracia ocurre en muchos casos.