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Las recetas para el rural no impiden que continúe su prolongada agonía

El número de explotaciones del sector primario sigue en caída libre, sin alternativa a medio o largo plazo 

Las recetas para el rural no impiden que continúe su prolongada agonía

En la televisión relatan un nuevo y catastrófico incendio que afecta al monte gallego y como pone en peligro tanto vienes materiales como vidas humanas. Personas que ven como su casa está en riesgo y con ella una parte de su vida y una buena cantidad de recuerdos.

Las casas se pueden reconstruir pero el rural cada vez le resulta más difícil revertir su situación. Las razones son múltiples, pero las dos grandes magnitudes que resumen este factor son la edad elevada de los habitantes “que resisten” en los espacios rurales y la escasez de empleo que ayude a fijar la población nacida en el mismo. Además, los jóvenes esgrimen otras cuestiones como la falta de servicios, la necesidad de tener que formarse en otros lugares, o las necesidades de ocio que en dichos pueblos apenas se pueden obtener, al menos en parte.

Pero los problemas del rural vienen de lejos. Recuerdo los letreros que plagaban las cunetas de los pueblos anunciando la llegada del plan MEGA. Para aquellos más jóvenes debemos recordarle que era el plan de la Xunta de Manuel Fraga, que tenía como fin llevar la luz a todos los espacios del rural. Gran éxito, a pesar de los cortes y averías. La luz significa una seguridad añadida en casas y calles para los habitantes de este espacio. Además de un mayor confort para animales y personas.

También recuerdo los debates de los vecinos para decidir por dónde venía la toma del agua y por dónde debía discurrir la salida de vertidos de sus viviendas. Era un hecho histórico tener agua corriente en casa. Imagínense por un momento no tener agua en sus casas. No se lo llegan a imaginar, ¿verdad? Pues, un ejemplo: de pequeño te lavaban en una tina con el agua calentada en la cocina, incompatible con la de baño que tenemos actualmente. 

Esa era la realidad en la que vivían nuestros abuelos y parte de nuestros padres, una realidad que animaba tanto a la emigración internacional como a la marcha a las ciudades. Lugares donde podías aspirar a un empleo mejor, por estar mejor pagado, y además con horario diario y descanso semanal, tema que en el rural era siempre más complicado por las exigencias del campo y del ganado. 

Esa necesidad de tiempo de labranza que también ha cercenado no pocas carreras universitarias que se han quedado en aprendizajes ligeros de escritura y lectura o de matemáticas para poder vender y comprar sabiendo los números. 

Y de aquellos tiempos, en mi opinión, ha quedado el regusto fijado en el imaginario de todos, de que el rural es un sitio de dificultades para vivir del que debemos huir. Y así está pasando, el reflejo lo vemos con facilidad, cierre de colegios, dando paso a velatorios, cierre de negocios sin ya clientes ni sucesores o la marcha continuada de jóvenes hacia destinos más bulliciosos.

El resultado es un imparable envejecimiento en el rural, con zonas como la montaña gallega con niveles de sobreenvejecimiento (más de 85 años) de récord, y exigencia del desarrollo de asilos, ahora llamados residencias de la tercera edad.

El potencial del rural es evidente. Eso sí, desde el punto de vista de los habitantes de las ciudades, ya que vamos de visita y vemos parajes espectaculares, comemos por poco dinero, bebemos vino y otros licores de calidad, y sobre todo vivimos durante unos días una vida que deseamos, pero para los fines de semana, ya que por la semana añoramos los burguer, las tiendas de ropa apelotonadas y las ofertas “todas ellas” pensadas para “mi”.

En la búsqueda de soluciones imaginativas para el rural, creo que la solución pasa por hacer cosas de cambio transversal y desarrolladas desde un pensamiento lateral. Dicho de forma entendible, hacer algo nuevo ya que lo hecho hasta ahora  no ha conseguido nada o muy poco.

Una idea al vuelo: apostar por formación on line a todos los niveles, para que los jóvenes que quedan puedan estudiar en sus casas o en centros conjuntos y así no deban trasladarse a otras ciudades o lugares de la provincia, además de ahorrarse horas de desplazamiento en sus vidas. Ya sé que no vale para todos los casos pero puede ser una solución intermedia. Esta idea ya la desarrollan los nórdicos, por eso del frío y no poderse mover, y les va bastante bien. 

Pero quizá la gran revolución provenga del empoderamiento del agricultor, que los jóvenes vean en la agricultura moderna una salida profesional de moda o “chachi”. Para ello nos falta que las estrellas del momento se suban a un tractor y vendan el negocio. 

La agricultura es necesaria y estratégica, pero debe ser tratada y cuidada como otras profesiones como informática, biotecnologica, etc. ¿Por qué no plantear aceleradoras de agricultores o viveros de producción ganadera? Ideas al vuelo. 

Ourense y Galicia no se pueden permitir la superficie y potencial que se desaprovecha cada día en el rural, es necesario un cambio definitivo.