Chinny Gámir: la ‘sombra’ del presidente

Alberto Núñez y Chinny Gámir el sábado día 19 en el Obradoiro. (Foto: Vicente Pernía)
Pasó de periodista en ejercicio a ‘primera dama’ gallega en un abrir y cerrar de ojos. Antes, le une al presidente de la Xunta una relación de casi una década, que se abrió cuando ella acudió a hacerle una entrevista a él, recién llegado a la presidencia de Correos. Chinny Gámir, compañera sentimental de Alberto Núñez Feijóo, es madrileña -criada a la vera de lo que hoy es la sede del PP, en la calle Génova-, aunque muy vinculada a Galicia, no en balde su carrera profesional ha estado dedicada a los gallegos.
La compañera de Alberto Núñez dice de él que ‘es un buen tipo, con una extraordinaria capacidad’ E s como si fuese una pirueta anticipada del destino. Nació en el corazón de Madrid, al lado mismo de lo que hoy es la sede nacional del Partido Popular. En dos pequeños jardines de la zona de Génova, jugaba de niña la hoy primera dama gallega. Aunque desde aquellos tiempos hasta ahora, la vida le llevó por otros vericuetos que nada hacían pensar que un día se cruzase en su camino el amor del hombre que habría de dar un vuelco a sus expectativas vitales.

Carmen Gámir Mora, madrileña, con ascendencia filipina (su madre es descendiente directa de la colonia española asentada en las lejanas islas desde tiempo inmemorial), periodista, con una dilatada trayectoria profesional a sus espaldas, buena parte de la cual ha estado vinculada a La Región, es la compañera sentimental del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. La campaña electoral y el triunfo del PPdeG la han rescatado del segundo o tercer plano en el que se había mantenido muy conscientemente hasta ahora.

A Chinny Gámir, que es como firmaba sus informaciones y el nombre con el que la conoce todo el mundo desde la infancia, acostumbrada a ser ella la que hace las preguntas, le cuesta todavía situarse del otro lado para dar las respuestas. Le produce una sensación extraña, próxima a la vergüenza, por incompatibilidad con la natural discreción de la que siempre ha hecho gala.

Extrovertida, alegre, dinámica y cariñosa con los suyos, pone cierta distancia fuera de ese círculo. Madre de una hija fruto de una relación anterior, no se arrepiente de ninguno de los pasos que ha dado en los últimos años, pero está pagando todavía el peaje emocional de haber dejado el trabajo para enrolarse en la aventura de acompañar al hombre al que ha unido su destino hace casi una década.

Una entrevista

¿Y cómo fue? ‘Pues un compañero de la Redacción me pidió que hiciera una entrevista a Alberto Núñez, que era un señor que había estado al frente del Insalud desde 1996 y al que no habíamos hecho demasiado caso en esa etapa. Pasó un tiempo y como no había hecho esa entrevista, el compañero insistió en la necesidad de llevarla a cabo, fieles a nuestra filosofía de no dejar que se nos escapase ningún ourensano de los que andaban por Madrid. Al llamar pesado a mi compañero, éste sentenció síguele la pista, porque a ese ourensano le verás un día de ministro’.

(La profecía no se cumplió, pero por poco, porque si los electores no hubiesen pasado factura a la prepotencia aznariana en 2004, Núñez Feijóo tenía todos los boletos para ser el ministro de Fomento de Rajoy). Del encuentro de Chinny y Alberto saltó la chispa que un tiempo después uniría sus destinos. Feijóo acababa de llegar a la presidencia de Correos, donde permaneció hasta que el Prestige se llevó por delante al entonces todopoderoso Xosé Cuiña y Fraga le llamó para que se hiciese cargo de la Consellería de Política Territorial, antes de hacerle vicepresidente primero de la Xunta.

La historia de ambos dio entonces un giro inesperado, pues ‘hasta entonces estábamos muy cómodos: los dos en Madrid y con un margen de tiempo libre razonable para nosotros. El traslado de Alberto a Galicia lo cambió todo y empezaron las dificultades, que sólo hicieron aumentar desde entonces’, dice Chinny con una chispa de resignación, sin ocultar que fue época de complicaciones.

‘Los últimos seis años han sido duros, muy duros. Y los últimos tres, todavía más. En 2006, cuando Alberto asumió la presidencia del partido en Galicia, se volcó con el reto que asumió y se dedicó a patear Galicia de punta a punta. Fue muy duro’, dice con tono serio. ‘Desde entonces, mi maleta y yo vivíamos, prácticamente, en la T-4 (terminal del aeropuerto de Barajas)’.

Vivir en el avión Alimentar la relación común se tornó tarea ardua. ‘Venía a Galicia todos los viernes por la tarde y regresaba el lunes en el primer vuelo de la mañana, mientras rogaba que no hubiese niebla. No he fallado prácticamente ninguno. Cuando Alberto estaba en la Xunta, todavía disponía de algún fin de semana sin ocupaciones y podía desplazarse él a Madrid, pero en los últimos tres años, he sido yo la que se ha trasladado siempre’.

Guarda todavía fresca en la memoria la dureza de la última campaña electoral, en la que recorrió con su compañero toda la Comunidad autónoma. ‘Había mucha expectación por lo que pudiera ocurrir, aunque Alberto estaba tan seguro de la victoria, que lograba contagiar a quienes estabábamos con él. Pero es cierto que podrían ser 38 diputados, como fueron, ó 37, que significaban quedarse al borde de la mayoría y sin dejar de ser un gran resultado, que lo hubiera sido, supondría una decepción. Enton ces era una situación de vértigo, aunque él siempre estuvo seguro, pero...’.

Luego llegó la victoria y ‘ahí sí que han cambiado las cosas, pues aparte de las responsabilidades que asumía Alberto, yo entraba en una situación de ansiedad, obligada a replantearme el futuro y dejar el trabajo para estar más cerca de él. Sentía que era lo que me tocaba hacer, pues ha trabajado mucho para llegar aquí’.

Hace justo dos semanas, Chinny Gámir ha puesto punto y seguido a su carrera periodística. Confiesa que sentirá añoranza del trabajo, pues ‘han sido muchos años siguiendo a los ourensanos y a los gallegos por Madrid; muchas horas en el Congreso o el Senado’. Las circunstancias personales nunca han influido en su labor profesional. De hecho, ha mantenido buena relación con políticos de todos los partidos y socialistas y nacionalistas han mostrado su respeto. Quintana y Aymerich, ex senador y ex diputado, respetivamente, la saludaron cariñosamente en el Pazo do Hórreo durante la sesión de investidura, poniendo de relieve que los sentimientos personales quedaban al margen de los avatares políticos.

En cuanto a la familia Núñez Feijóo, en la que prima el sentimiento de unidad, afirma mantener una relación muy estrecha con todos, aunque se siente especialmente identificada con Saturnino Núñez, el padre de Alberto, ‘tal vez porque representa para mi el padre que ya no tengo’.

De su compañero dice que ‘es bueno o, más que eso, es un buen tipo, con una extraordinaria capacidad de trabajo, disciplina y criterio, que pone alma en todo lo que hace. A su lado he aprendido mucho, incluso para ser más organizada en mi trabajo’.

Sintonía con Galicia Por lo que se refiere al cambio que supone pasar de residir en Pozuelo de Alarcón a Monte Pío, o de Madrid a Galicia, no le crea especial inquietud, ya que ‘Galicia me lo ha dado todo. Empecé mi vida laboral trabajando con una excepcional compañera que era gallega. Luego pasé a Imagen Press, que era una agencia que estaba dirigida por ourensanos, ya que pertenecía al grupo La Región y, después asumí la delegación del periódico en Madrid. Llevo la mitad de mi vida dedicada a Galicia y a los intereses de los gallegos. Por último, tuve la oportunidad de conocer a un hombre de esta tierra, con el que he rehecho mi vida’.

Por cierto, en contra de lo que se ha dicho en las últimas semanas, la relación entre ambos nunca ha sido secreta, aunque sí la han mantenido a cierta distancia de los focos, pero hace años que era conocida por todos los amigos, conocidos, e incluso por la inmensa mayoría de la clase política gallega y de otras partes de España.

Por último, llega la pregunta del millón. ¿Y la boda, qué? Desde que su relación pasó a ser vox pópuli, todo el mundo quiere casarles. Hace pocas semanas en una cena del mundo docente en Vigo, alguien sentenció que el enlace tendría lugar en julio y en la capital olívica. Chinny sonríe y calla. ‘Como los gallegos’, dice. En julio no será...

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