La Revista

El auténtico último faraón

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El auténtico último faraón

El último faraón no fue en rigor Cleopatra, sino su hijo, Ptolomeo XV, quien unos días después de la muerte de su madre fue asesinado por orden de su "hermano" Cayo Julio César Octaviano, más conocido como Augusto

Tenía Ptolomeo XV tan sólo 17 años cuando su madre se suicidó para evitar ser conducida a Roma como prisionera cargada de cadenas. El nuevo faraón –ya era co-regente- había dejado poco antes Alejandría, escapando a la muerte. Su destino era la India pero cuando iba a cruzar el Mar Rojo dio la vuelta y sorprendentemente, al parecer por consejo de su tutor, regresó a la capital egipcia creyendo que no tendría nada que temer del nuevo amo de Roma, Cayo Octavio, que ahora utilizaba como nombre Cayo Julio César Octaviano tras haber sido adoptado en su testamento por su tío abuelo, el gran Julio César. Obviamente fue un trágico error.

Ptolomeo XV era un peligro doble para Octavio: porque era el legítimo faraón de Egipto tras la muerte de Cleopatra y por ser hijo natural de Julio Cesar, fruto de sus amores con la reina del Nilo. A Ptolomeo XV le  llamaban Cesarión, el pequeño Cesar, y así aparece en las escrituras jeroglíficas en piedra: Ptolomeo, hijo de Cesar.

Su vida y muerte, la del último faraón de Egipto, no fue muy distinta a muchos de sus parientes, una familia, formada por el general griego Ptolmis cuando se hizo con el país de las pirámides hacia el año 330 antes de Cristo, tras la muerte de Alejandro Magno. Gobernó en teoría en nombre del sucesor de Alejandro, su hijo del mismo nombre, pero en realidad lo hizo como soberano. Y como faraón. La última dinastía egipcia era por completo de origen griego y se asentó en Alejandría, la ciudad fundada por el gran macedonio ante el mar, por ello doblemente extraña para los naturales del país, que preferían el río al Mediterráneo. Pero los ptolemaicos recuperaron la brutal endogamia de la Dinastía XVIII y se desposaban entre hermanos, que a menudo acababan matándose unos a otros. Alejandría era así una ciudad mixta, donde sus dirigentes hablaban y vivían como griegos y adoraban dioses helenos. Tan sólo Cleopatra –otro nombre griego, significa La que Gloria del Padre- se interesó de verdad por Egipto y no sólo aprendió la lengua del pueblo sino que se identificó plenamente con la diosa Isis.

El último faraón nació en torno al año 47antes de Cristo en Alejandría y aunque su padre nunca lo reconoció plenamente, dio claras muestras de aceptar que era su hijo. Pero no lo incluyó en el testamento, donde designó a su sobrino Cayo Octavio como sucesor.  Sin embargo, su madre decidió  proclamarlo hijo de Julio César, lo que despertó la enemistad de Octavio, ya para entonces Cayo Julio César Octaviano. Todo se agravó con la ruptura del pacto con su cuñado y compañero de triunvirato Marco Antonio, quien repudió a su mujer, Octavia, para casarse con Cleopatra. Con ella tuvo tres hijos, los gemelos Cleopatra Selene (la luna) y Antonio Helios (el sol), y Ptolomeo Filadelfo, por tanto medio hermanos de Cesarión.

El destino de Ptolomeo XV estaba marcado por su origen, por su familia y también por el odio desatado por su “hermanastro” Octavio, quien tras derrotar a Cleopatra y Marco Antonio decidió liquidar definitivamente Egipto, reducido a la condición de simple provincia. En cuanto al destino de Cesarión, fue muy claro: “No es bueno que haya dos césares”, proclamó. Fue asesinado a traición y su cuerpo arrojado al mar. Era apenas un niño, pero con él finalizaba definitivamente toda una civilización que había durado 3.000 años.

Su trágico final fue similar al que había tenido 300 años antes el último descendiente de Alejandro Magno, su hijo Alejandro IV, también faraón por su condición de rey de Macedonia, mandado asesinar a los 14 años por el malvado Casandro…