La Revista

Charlot, un mito con bombín

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Charlot, un mito con bombín

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Hace 100 años, de la mente de este londinense nacía el mítico personaje

Decía Charles Chaplin (1889, Londres; Suiza, 1977), que "la vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”.

Hace 100 años, de la mente de este londinense nacía el personaje. “Ve y ponte algo“, le indicó el productor Mark Sennet, en Los Ángeles, donde en 1934 se enfilaban películas como si fueran resortes de automatismo. Chaplin entró en el camerino sin un horizonte previsible, de allí surgió el persornaje del siglo, Charlot, el vagabundo, que durante 30 años entraría en escena ejecutando movimientos cómicos,caminando sobre los talones y meneando un bastoncillo de manera circular, que no usaba para caminar sino para rescatar el sombrero del suelo. A Chaplin, que no creía en el cine, aún en pañales pero con visos de futuro -él era hombre de teatro- se le ocurrió el personaje y también una manera de contar y de posicionarse ante la cámara como quien se asoma a la ventana del mundo y descubre el quid de la piedra filosofal relativo al entorno audiovisual. “Al dirigirme hacia el vestuario -escribe Chaplin en sus memorias, 1964- pensé que podía ponerme unos pantalones holgados, unos zapatones y añadir al conjunto un bastón y un sombrero de hongo. Quería que nada fuera armónico. No sabía muy bien lo que estaba haciendo, pero las ropas y el personaje me hicieron sentir la persona que era. Empecé a conocerle y, cuando llegué al plató, el personaje ya había nacido. Las ideas sobre gags comenzaron a brotar sobre mi cabeza".

En 1914 estrenaría 36 películas cortas, la primera “Making a living”, donde le robaría la chica y el trabajo a un fotógrafo. No serían las mejores, a partir de ahí depuraría su técnica de mimo y la manera de entender la comedia, centraría la atención más en el personaje y menos en el gag en cuestión; entonces el acierto sería pleno. No sería aquel año de éxito donde vislumbraría lo mejor de su filmografía, “La Quimera de oro”, 1925; “Luces de la ciudad”, 1931;“Tiempos modernos”, 1935; “El gran dictador”, 1940, pero sembraría las bases para ello. Aun así, en 1914, le negarían más dinero y se alejó de Sennet. Dos años más tarde firmaría ya contrato de estrella del cine; la miseria se alejaba de su vida.

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