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ENOLOGÍA

Codos de Larouco, el paisaje heroico de Valdeorras

Valdeorras tiene su propia viticultura heroica

Codos de Larouco, el paisaje heroico de Valdeorras

No es la que se encuentra en el valle del Sil o en las laderas circundantes, donde por cierto los viñedos prosperan con una calidad de uva extraordinaria. Pero el vino que llega hoy a esta sección procede de un paisaje diferente, con el Bibei, que es tributario del Sil, como protagonista. Es un territorio más meridional, con más altitud sobre el nivel del mar, en las laderas empinadas, y en algunos tramos estrechos cañones del río a su paso por O Bolo y Larouco.

Hay quienes sostienen que esta zona tiene más parecido con la Ribeira Sacra que con Valdeorras y lo cierto es que se encuentra en la frontera con la subzona Quiroga-Bibei de Ribeira Sacra. Al igual que en ella, fueron los romanos quienes iniciaron la técnica de los bancales, en las zonas más empinadas y altas, en los suelos más pobres, porque el resto estaba ocupado en otras labores agrícolas. He aquí que la necesidad propició una de las grandes cualidades de un vino que se beneficia de la paupérrima tierra en la que nace, a costa de una menguada cantidad. Ese es el contexto en el que nace Codos de Larouco Mencía.

El tinto con crianza que elabora la bodega de Viña Costeira en Valdeorras, un proyecto que nació hace poco más de tres años y que ya tiene en su haber interesantes vinos, tanto blancos como tintos. Costeira no partió de un viñedo nuevo, sino de una finca ya consolidada y la aportación de viticultores con pequeñas parcelas en bancales en las laderas empinadas del Bibei en Larouco y O Bolo. Con una selección de esas uvas se elabora el Mencía barrica, que tiene un pequeño porcentaje de Garnacha tintorera que tan bien se aclimató en estas tierras de frugal alimento orgánico.

En la cosecha de 2016 elaboraron 4.000 botellas. El vino pasó previamente por una crianza de seis meses en barricas de roble francés, americano y húngaro, a partes iguales. De nuevo en depósito de acero es afinado y, finalmente embotellado, con un reposo prolongado antes de salir al mercado. La crianza no aporta más que una sutil pincelada de madera, un toque de vainilla. Pero la madurez no le hace perder ni la frescura ni el carácter frutal de la Mencía, que es su gran protagonista.