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Esposende, una escapada con el mar en la playa y el plato

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Esposende, una escapada con el mar en la playa y el plato

Una imagen de Esposende.
photo_cameraUna imagen de Esposende.

Era uno de los destinos favoritos de sol y playa en las décadas de 1970 y 80. Hoy Esposende apuesta por un turismo de más recorrido a lo largo del año, utilizando sus recursos naturales, su patrimonio histórico, el camino de Santiago por la costa y, sobre todo, su gastronomía del mar, como argumentos.  

Llegar a Esposende  resulta muy fácil. El camino más corto es el de la costa por la N13 desde Valença do Minho hasta su conexión con la A 28, que es gratis hasta después de Viana do Castelo y el resto es de peaje electrónico, que se puede pagar con el mismo dispositivo que se utiliza en las autopistas gallegas o con tarjeta de crédito en el primer área de servicio, que está bien indicada, tras Viana do Castelo. Tan solo unos pocos kilómetros después de entrar en la zona de peaje tomamos la salida que nos deja directamente en Esposende. El viaje se resuelve en dos horas desde Ourense y algo menos de hora y media desde Vigo.

El ambiente urbano de Esposende es el de una pequeña y plácida ciudad. Con un casco histórico muy bien conservado y con mucha vida: calles con una gran actividad comercial, y plazas como la del doctor Fonseca Lima. En ella se encuentra el museo municipal, que ocupa el inmueble de un antiguo teatro construido en el primer tercio del siglo XX siguiendo las líneas del Art Nouveao o Arte Nova.

Muy cerca, entre el Museo y la Cámara municipal está la iglesia de la Misericordia. Un pequeño templo por el que los vecinos de Esposende sienten una gran devoción ya que en su interior, minuciosamente decoradas se encuentran la capilla de la misericordia y la capilla de los mareantes, la de los hombres de mar y sus familias, que a ella acudían a rezar por la vida de sus padres, maridos e hijos cuando salían a pescar en esas difíciles aguas del Atlántico.

Pese al turismo masivo de veraneo de hace treinta o cuarenta años, Esposende supo preservar su litoral. 16 de sus 18 kilómetros de costa se encuentran dentro del Parque Natural del Litoral Norte, un área protegida por la que podemos pasear, entre un bosque de pinos o siguiendo un sendero de pasarela de madera entre dunas y vegetación que resiste con heroico empeño frente a la fuerza de los vientos dominantes y el oleaje de un Atlántico que en esta época del año suele mostrar su gesto y su rugido más terribles. Desde esta parte del parque podemos ver la inmensidad del océano y también una perspectiva completa de Esposende y de la costa, desde Viana do Castelo hasta Póvoa de Varzim.

Esta barra de arena que conforma la playa de Ofir, está separada de Esposende por el último tramo del río Cávado, formando un estuario lleno de vida. Cormoranes, gaviotas, patos de diferentes razas… y bajo el agua, salobre por la pugna entre el mar y el río, sollas, lenguados, robalizas y en esta época del año, angulas y lampreas que suben buscando el agua más dulce.

Las playas de Esposende son kilométricas. Se extienden por el entorno de la ciudad, por As Marinhas, Ofir, Fao y Apulia. En Apulia, encontraremos al pie de la playa un conjunto de molinos de viento, hoy rehabilitados como viviendas, muy semejantes a los que se enfrentó don Quijote hace cuatrocientos años. Y probablemente sean contemporáneos de aquellos que describe la novela de Cervantes.

Por Esposende discurre el camino de Santiago de la costa, conocido como “Per loca marítima”, porque utilizaba gran parte del trazado de la vía romana Vigésima, que unía Braga y Astorga por la costa de la antigua Gallaecia. El camino es seguido día a día, a lo largo de todo el año por miles de peregrinos procedentes de todo el mundo que inician su andadura en Oporto.

Pero buscamos una razón que justifique la escapada en este mes es su programa gastronómico “Marzo con sabores del Mar”: Treinta restaurantes que despliegan todo un repertorio de platos protagonizados por lo mejor que llega a su pequeño puerto pesquero: pulpo de roca, peixesapo, merluza, mero, róbalos, salmonetes, lampreas… y por supuesto, las mil y una maneras de elaborar el bacalao.