La Región

Ignacio Benedetti: El vigía del cambio climático

El cineasta gallego Ignacio Benedetti rueda trece documentales por todo el mundo para alertar del drama del calentamiento global

Ignacio Benedetti, durante una de sus filmaciones
Ignacio Benedetti, durante una de sus filmaciones
Ignacio Benedetti: El vigía del cambio climático

No es casualidad que el presidente de Kodak encargase a Ignacio Benedetti (A Coruña, 1959) las pruebas de campo de la nueva película Ektachrome en condiciones extremas, antes de su salida al mercado, para comprobar la calidad y las características de la nueva emulsión en condiciones críticas. Este periodista gallego dejo de lado su profesión hace muchos años para dedicarse de lleno al cine en todos sus frentes: productor, director, distribuidor... y además ha mantenido su dedicación al pequeño formato, súper 8 y single 8, convirtiéndose en una auténtica autoridad mundial en este campo.

En 2018 se desplazó en una expedición científica al Círulo Polar Ártico, al Archipiélago de Svalbard para hacer las pruebas de la nueva película de Kodak e incorporar sus observaciones al desarrollo definitivo de la misma, antes de que se pusiera en venta en octubre de ese mismo año. El rodaje tuvo lugar en Spitsbergen, la mayor isla de las Svalbard, y en ese viaje, Ignacio Benedetti quedó conmocionado por lo que vio: “Llevaba años oyendo hablar del cambio climático, preocupado por la situación que ello representaría, no solo para nosotros como especie, sino para todo el planeta. Pero los efectos que percibes aquí en Galicia son relativamente suaves. Pero al comprobar allí el terrible retroceso del hielo, ver a muy pocos metros una osa polar famélica, acompañada de sus oseznos y ser consciente de que un mundo que desde la Galicia templada tenemos tan mitificado está desapareciendo, cambió mi percepción y mi vida y decidí destinar todo el material que llevaba conmigo para rodar, una vez hechas las pruebas encargadas por Kodak un largometraje que documentase esa dramática situación”.

Así nació la idea de “Spitsbergen, el Guardial del Ártico”, el primer documental de una serie titulada “Stop calentamiento global”, con la que Benedetti quiere concienciar al público de la gravedad de la situación. “Aquí en latitudes más templadas se nota menos y tal vez por eso conseguir la concienciación pública resulta más difícil. Mi objetivo es que se vea la cruda realidad tal como se está produciendo en otros puntos del planeta que no es sino un aviso de lo que irremediablemente nos va a suceder a nosotros también en un futuro no muy lejano”.

“Stop calentamiento global” será una serie de 13 documentales que Ignacio Benedetti va a rodar a lo largo de doce años. “Doce años es el plazo que el informe sobre el cambio climático de la ONU nos dice que tenemos para tomar medidas radicales con las que poner fin a esta situación o el mundo tal como lo conocemos desaparecerá irremediablemente”.

El primero de esos documentales, “Spitsbergen, el Guardián del Ártico”, se encuentra en fase de postproducción. “Estamos ya con las últimas fases del trabajo y mi objetivo es estrenarlo en los próximos meses. Entre esas últimas fases se encuentra recabar la colaboración de Televisión Española, que participe en el proyecto. Además de su emisión a través de canales de televisión, IB Cinema, la productora y empresa de distribución y servicios cinematográficos de Ignacio Benedetti , tiene previsto estrenarlo en soporte fotoquímico”, con proyecciones en formato de 16 milímetros.

La calidad de las emulsiones de película en súper 8 de hoy día no tiene nada que ver con la que se utilizaba en los cartuchos de hace veinte años. “Puede parecer una paradoja -explica Ignacio- pero hoy la película en súper 8 es muy superior a la que existía cuando era el formato popular para las filmaciones domésticas e incluso para trabajos profesionales en pequeño formato. Eso es debido a los avances tecnológicos en el ámbito fotoquímico, pero también en el del escaneado de las películas. Una película en súper 8 escaneada para verla en formato digital o en televisión, da una calidad extraordinaria. Estamos hablando de una definición de 6k, cuando las televisiones de más alta definición emiten en 4k”.

El primer documental tendrá una duración de algo más de setenta minutos. ¿Cuántos metros de película hace falta rodar para llegar a un producto final de 70 minutos? Ignacio se ríe al escuchar la pregunta y contesta rotundo: “No he rodado más de 90 minutos de película. Cuando sabes lo que cuesta el soporte fotoquímico, te disciplinas antes del rodaje de cada secuencia para economizar metros de película. ¿Es más caro? Si echas cuentas, no. Porque en digital, en la que la grabación es gratis, si no contamos con la amortización de un equipo mucho más pesado y costoso y en constante evolución lo que obliga a los profesionales a constantes inversiones o al gasto en alquiler de los equipos más modernos, además de eso, el hecho de poder grabar de manera ilimitada horas y horas obliga luego a trabajos de postproducción mucho más pesados y costosos, porque, al final aunque se graben mil horas, hay que dejar la película terminada igualmente en sesenta, setenta o noventa minutos”.

El corazón del equipo de rodaje estaba formado por cuatro cámaras fabricadas en la década de 1970 y primeros años de la década siguiente: dos Bauer A512, de fabricación alemana, como la que aparece en la foto de la página 2, montada en un trípode sobre el puente del rompehielos “Mälmo”, un buque botado en 1944 que fue el cuartel general de la expedición; una pequeña Eumig Náutica, fabricada en Austria, con la que el cineasta gallego rodó las escenas submarinas y en entornos más críticos de agua y humedad. Y por último una minúscula Fuji P2  de 200 gramos de peso, para las tomas aéreas desde dron. Cámaras mecánicas, con una óptica increíblemente nítida y luminosa, construidas para durar décadas con un mínimo mantenimiento. “El súper 8 es un formato ideal para televisión”, explica Benedetti, “porque resulta ligero y puede manejarse en condiciones ambientales críticas sin los problemas que tienen los equipos digitales. Eso, al margen de que el soporte fotoquímico tiene una vida asegurada de siglos. En nuestro viaje a Spitsbergen hicimos dos visitas que me causaron especial impresión: el banco mundial de semillas, en el que se guardan, congeladas semillas de todas las especies vegetales del mundo para preservar la biodiversidad vegetal ante un posible cataclismo, y el Archivo Mundial del Ártico, cuyo objetivo es preservar todo el conocimiento y la cultura. No deja de ser significativo que ese archivo almacena millones de documentos, incluso de programas informáticos, todo ello registrado en microfilmes fotoquímicos. Ahí es donde tomas conciencia de que el soporte argéntico fotoquímico y analógico es el único que  garantiza una duración de siglos y siglos, frente al digital y al virtual”. 

Entre las anécdotas del viaje, Benedetti recuerda  la preparación de un revelado casero con cerveza.“Filmando en cine nunca tienes la certeza de que las cosas van a salir como las estás rodando. Así como en digital puedes comprobar al momento, en cine puede ocurrir cualquier problema. Salir un pelo en la ventanilla que no ves, una mota de polvo que entra... entonces la manera que tenía de comprobar que la cámara está correcta era rodar un fragmento de película en blanco y negro y revelarlo. Para no llevar químicos, utilizas material más doméstico. No es un método novedoso. Ya se realizaba en expediciones al Himalaya en la década de 1930. De hecho hay quienes revelan con café, aunque da menos riqueza de grises que con cerveza. Así que preparaba el revelador con cerveza y para ello llevé unas latas de Estrella de Galicia”.  La experiencia la cuenta también en el Making off in progress que se puede ver en la cuenta de Vimeo de IB Cinema o en su blog “Mi mundo en súper 8”

Se puede revelar con cerveza o con café

Otra anécdota se repitió en todos los aeropuertos en los que hizo escala en su viaje: los cartuchos de super 8 no pueden pasar por el escáner de rayos x porque velarían la película y tenía que explicar en cada aeropuerto de qué se trataba cada una de esas bolsas blancas que llevaba en su equipaje de mano. “Es una de las observaciones que hice a Kodak, para que en el futuro las bolsas tengan algún tipo de indicación y no parezca que llevas substancias estupefacientes”, se ríe.

A estas horas, Benedetti cierra su maleta rumbo a Groenlandia para rodar su segundo documental. “Pensaba ir al Amazonas, pero la crítica situación de deshielo en Groenlandia nos hizo cambiar el orden de los documentales. Lo cierto es que en el Amazonas también se está viviendo un drama. En realidad, el drama del clima empieza a surgir por todos los rincones del planeta. Es un síntoma claro de que tenemos muy poco tiempo para evitar la gran catástrofe”.