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"Joker" y la soberbia interpretación de Joaquin Phoenix

Joaquin Phoenix este soberbio en su retorcida e hipnótica encarnación de Arthur Fleck, una visión amoral e hipnótica del popular personaje
"Joker".
"Joker".
"Joker" y la soberbia interpretación de Joaquin Phoenix

“Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que actúes como si no la padecieras” escribe en su caótico cuaderno de notas y presuntos chistes Arthur Fleck. Estirando un poco la reflexión de este cómico fracasado de risa incontinente, es fácil aventurar que lo peor que le puede pasar a una película como Joker no son esas ridículas acusaciones sobre presunta apología de la violencia, es que la gente, llamada por el sello DC, espere encontrar en ella el maniqueísmo propio del cine de superhéroes.

Así, desde un lugar más cercano al Taxi Driver de Scorsese, y también su Rey de la Comedia, que a El Caballero Oscuro de Nolan, es desde donde decide partir Joker para ocupar un espacio inédito en el género más saturado del momento. Algo que logra con un filme crudo, extremadamente violento a nivel psicológico y, sobre todo, valiente. Lo es, en primer lugar, por el propio objeto de su trama: trazar en pantalla el origen del villano más misterioso e icónico de las grapas, un espacio oscuro en el que la ausencia de canon es la nota dominante.

Pero la auténtica bizarría del filme escrito y dirigido por Todd Phillips es el camino que elige, esquivando cualquier referente impreso y huyendo del manido juego de héroes y villanos, para dibujar el germen de la némesis de Batman. Camino que transita en una Gotham más sucia y enfadada que nunca. 

Y que Joaquin Phoenix esté soberbio en su retorcida e hipnótica encarnación de Arthur Fleck, el involuntario paladín de esta atroz revolución de las sonrisas, no es ninguna sorpresa. Sí lo es, en cambio, la enorme libertad con la que Joker esta concebida y ejecutada. La deliberada amoralidad que desprende esta génesis del caos alumbrada por Todd Phillips, va más allá del nivel expositivo e invita al respetable a comprender, que no justificar, el figurado origen de uno de los villanos más legendarios.