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José María Barreiro, el color de la vida

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10 preguntas a...

José María Barreiro, el color de la vida

El pintor José María Barreiro junto a uno de sus cuadros. (Foto: Jorge V. Landín)
photo_cameraEl pintor José María Barreiro junto a uno de sus cuadros. (Foto: Jorge V. Landín)
Color y luz. Dos conceptos que definen la trayectoria de Barreiro y dan título a su exposición antológica en el Marcos Valcárcel

La luz y el color son las herramientas, junto con el dibujo, con las que José María Barreiro (Forcarei, 1940) expresa su vitalismo sobre el lienzo. Su estilo inconfundible le acompaña desde que inició su trayectoria hace casi sesenta años, cuando era un joven que por las mañanas diseñaba escaparates, en Pontevedra, en Vigo, en Buenos Aires, y por las tardes se enfrentaba al lienzo en blanco para captar la naturaleza, la vida, transmitir vitalidad y alegría de vivir. Las mismas, alegría y pasión, que son todavía sus compañeras de viaje.

1. ¿Qué recuerda de su infancia en Forcarei?

Nací en Forcarei sí. Pero a los 3-4 años ya estaba viviendo en Pontevedra. De todos modos, durante el verano pasaba allí todas las vacaciones. Me encantaba estar en la aldea, vivir lo que se hacía en aquel tiempo en la aldea, donde si había que ir al monte con las vacas iba con mi tía. Había vacas, cerdos, gallinas… hablamos de la década de 1940 y en la aldea de Forcarei no faltaba de nada para comer. Cuando volvíamos a nuestra casa de Pontevedra traíamos berzas, patatas, unas bollas enormes de pan de maíz que se cocían en el horno… todavía recuerdo el sabor de aquellos caldos, hechos con patatas, verdura y una pizca de unto. En la aldea yo empecé a disfrutar de la naturaleza, que es lo que más uso en mi pintura y me da fuerza y color.

2. ¿Cuándo sintió la llamada de la pintura?

Ya de niño, cuando estudiaba. Empecé en el instituto en Pontevedra, me dio clase Filgueira Valverde, luego fui a la Inmaculada y ahí ya tenía una gran pasión por el dibujo. Tanto es así que le hacía los dibujos a los compañeros para que aprobaran. Mis padres me regalaron una caja de acuarelas y empecé a volcarme. Con 15 años gané un premio por una pintura hecha al monumento a los héroes de Pontesampaio. Y ya empecé a ganar premios. Un primero en acuarela, varios accesit… y mi dedicación a la pintura y a la decoración comenzó a ser ya completa.

3. ¿Recuerda su primer trabajo?

Tenía 18 años y empecé a hacer decoración de escaparates para Olmedo, en Pontevedra. Alternaba esa actividad con la pintura. Tenía mi estudio cerca del cine Victoria.

4.Y se fue a París. ¿Qué buscaba allí?

Quería conocer la pintura de los grandes: Picasso, Matisse, Cezanne, Tolouse-Lautrec… Estuve un año y pinté en la plaza del Tertre de Montmartre. Un amigo me dejaba su caballete y pintaba para poder vender algo, mientras no venía la Policía, porque allí solo podían pintar los artistas que tenían permiso y yo no era uno de ellos. Fue un año de vida bohemia en la que, sobre todo, me empapé de la gran pintura del siglo XX.

5. Tras la vida bohemia parisina volvió a Galicia. ¿Dónde se estableció?

Me instalé en Vigo. Tenía una oferta de trabajo para realizar los escaparates de unos almacenes importantes en esa ciudad y monté mi estudio en la calle del Príncipe. Al poco tiempo, tuve otra oferta todavía mejor y así, empecé a trabajar realizando los escaparates de un gran comercio, pero también decoraciones en cafeterías y otros establecimientos. En aquel momento empecé a realizar murales de pirograbado y vivía ya conmigo Urbano Lugrís, que acababa de llegar a Vigo. Vivimos juntos cuatro años, hasta que me fui a Buenos Aires con Laxeiro. Incluso hicimos un mural de pirograbado juntos. Y, por supuesto, íbamos juntos al Eligio y allí participábamos en las tertulias con otros artistas, escritores y periodistas.

6. ¿Cómo era la vida cultural del vigo de aquellos años?

Fue una época de una grandísima actividad artística. Había muchas salas de exposiciones, muchas exposiciones; había gusto por la pintura y se compraban muchos cuadros. La taberna de Eligio era uno de los focos de reunión. Allí te encontrabas con Laxeiro, Cunqueiro, Sevillano, Lodeiro, Castroviejo, que después cogía el barco a Cangas, Jaime Quesada que se venía de Ourense, Blanco Amor… Aquella fue la edad de oro de la cultura en Vigo. Allí nos encontrábamos todos. Esa es una experiencia que creo que hoy día no se da. No existen esos vínculos personales que había antes. Y eso es perjudicial para la cultura.

7. Los pintores más consagrados, ¿ayudaban a los jóvenes?

Sin duda. En mi caso, por ejemplo, me vi muy apoyado por Laxeiro, que presentó alguna de mis exposiciones en Vigo y en Madrid, pero también me presentó una galería en Buenos Aires, para que hiciese allí una exposición. Fue una historia curiosa, porque marché para tres meses en barco a Buenos Aires, a bordo del transatlántico francés “Pasteur”, que hizo escala en Brasil y Uruguay antes de llegar a la capital argentina. Llevaba mis cuadros conmigo y como la travesía era muy larga, se tardaban 15 o 17 días y decidí hacer una exposición. Llevaba veinte cuadros conmigo para la exposición y el caso es que en el barco vendí cinco. Así que al llegar tuve que pintar otros cuadros para completar la exposición. Al principio pinté en el estudio que tenía allí Laxeiro, luego alquilé yo uno, y empecé a trabajar como decorador en los grandes almacenes Harrods por las mañanas y pintaba por las tardes en el estudio. El caso es que había ido a Buenos Aires por tres meses y acabé quedándome cuatro años.

8. ¿Pintar para vivir o vivir para pintar?

Yo he vendido siempre para poder vivir. No para hacerme rico. Pero vivo para pintar. Y me gusta mi pintura Tanto es así que la mayor parte de la obra que he pintado a lo largo de todos estos años, me la he quedado yo. Tengo mi propia colección que, de alguna manera expresa mi propia trayectoria. Me resulta muy doloroso deshacerme de un cuadro.

9. Los críticos lo definen como expresionista, otros como impresionista.

Mi pintura no tiene ningún misterio. Intento que sea agradable, que tenga alegría, que exprese placidez y optimismo. La belleza está dentro del que la contempla. Me gusta la música y encuentro en ella los mismos elementos que en la pintura: armonía, fuerza, composición, movimiento, improvisación e imaginación.

10. ¿Cómo se enfrenta al lienzo en blanco?

Soy un artista muy disciplinado. A las nueve de la mañana ya estoy en el estudio. Me pongo a dibujar, o a leer, en esta mesa y la tela está ahí. Empiezo varios cuadros a la vez. Hago el boceto, pinto parte y los dejo ahí. Si tengo que esperar a que la imaginación me permita continuar, vuelvo a dibujar o a leer.  Yo pinto los temas que me rodean en el taller: el mar, la naturaleza, la ventana, el Sol, la Luna, las estrellas, los instrumentos musicales. El encuentro con la inspiración se produce siempre en el estudio. Por eso madrugo, en verano incluso más para estar listo para recibirla