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La Navidad es muy bonita sí, pero no es el fin del mundo

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La Navidad es muy bonita sí, pero no es el fin del mundo

Esta fiesta suele coincidir con un notable vacío en los gimnasios

Aunque algunos la adelantan un mes, pronto serán dos, la Navidad comienza con el Sorteo de la Lotería. Es una fiesta con una filosofía entrañable, en especial si hay niños en casa, superada desde hace tiempo por el afán comercial y por nuevas costumbres que algunos quieren cumplir con frenética obsesión.

Esta fiesta suele coincidir con un notable vacío en los gimnasios. En enero y los meses posteriores rebosarán por la avalancha de nuevos y eufóricos clientes, cuyos propósitos de Año Nuevo durarán, en el mejor de los casos, quince días. Quizá menos. 

Nos movemos por impulsos, a imitación y sin razón. Después nos lamentamos de que nuestro cuerpo y nuestra salud no responden a nuestros deseos.

Buena organización

Los habituales y convencidos practicantes de Ejercicio, pueden disfrutar de las celebraciones y mantener su rutina con un mínimo de organización. Obviando las fechas señaladas -los profesionales del Fitness, seguramente sin derecho, también descansamos- hay días de sobra para mantener la actividad, salvo que uno se crea ‘The Rock’ y demande la sala de pesas a diario. Hay tiempo para todo, para comprar los regalos, para disfrutar con familia y amigos, para pasear y ver las luces, para asistir al gimnasio.

En cuanto a nuestra alimentación, algunos afrontan comidas y cenas no como si llegase el fin de año, sino como si llegase el fin del mundo. Cantidades desorbitadas y combinaciones disparatadas, ahogadas por vasos, copas, jarras y botellas de bebidas espirituales. Pese a que nuestro estómago pida clemencia, los gases busquen estruendosa salida y la cabeza nos estalle, hay que comer y beber cual soldado de Leónidas en las Termópilas. ¡No hay mañana!

Disfrutar y vivir

Pues lo hay. Y la resaca nos recuerda lo absurdo de nuestras decisiones. Se puede y debe disfrutar de buena compañía, de una deliciosa comida, de un estupendo vino. Disfrutar de una copa con amigos y familiares. De anécdotas, risas y de un hasta pronto.

También disfrutar de la mañana siguiente, con mil inquietudes por desarrollar y la calle, por fin, sin multitudes. Disfrute, porque ¡llega la Navidad!