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Nueva imagen para un auténtico clásico

Castrelo de Miño es el paisaje en el que crecen las cepas con las que Antonio Montero elabora sus vinos. La bodega familiar viene de generación en generación

Imagen de Castrelo de Miño.
Imagen de Castrelo de Miño.
Nueva imagen para un auténtico clásico

Su padre la construyó y trabajó los viñedos hasta que el hijo tomó el relevo en 1999. Antonio decidió entonces poner en marcha una bodega de colleiteiro y así permaneció hasta que con la cosecha de 2015 superó el límite de los 50.000 litros que supone la frontera entre colleiteiro y bodega. Un límite meramente burocrático pues en su mente y su forma de trabajar, en el cuidado de sus viñas y en la elaboración de sus vinos, Antonio sigue siendo un colleiteiro, más que un artesano del vino, un artista, que crea a partir de lo que la naturaleza le da en sus cinco hectáreas, verdaderas obras maestras, como su Antonio Montero Autor.

Su marca lo define. Es un vino de autor, en el que la Treixadura, mayoritaria, se ensambla con una pequeña porción de Albariño y de Loureira y, juntas, ofrecen lo mejor de cada una de estas nobles variedades. Es un vino ejemplar.

La clave tal vez se encuentre en lo que, a priori es el mayor de sus inconvenientes. La viticultura en Galicia es tan fragmentada que dificulta enormemente y en consecuencia encarece el trabajo de llevar un vino al mercado. En el caso del viñedo de Antonio, las parcelas mínimas se encuentran salpicadas aquí y allá, junto con otras fincas un poco mayores. Ese tremendo handicap para el viticultor se converte en la expresión de una gran riqueza en el vino resultante, porque consigue pequeños matices de cada suelo, de cada orientación, de cada localización y conforman una paleta aromática que se añade a la que aportan las variedades que integran en ensamblaje. No es solo Treixadura, Albariño y Loureira. Son esas tres variedades pero con distintos acentos, en función de su lugar de nacimiento.

Con la cosecha de 2018, que empieza ya a afinarse en botella en la bodega para salir al mercado en los próximos meses, se estrena unanueva etiqueta, un rediseño estético que en nada afecta a ese carácter tan personal y magnífico de uno de los vinos mejor elaborados en Galicia, un notable ejemplo de lo que es un gran Ribeiro.