La Revista

Paraíso y Edén existieron en la Tierra

La Revista

LITERALMENTE

Paraíso y Edén existieron en la Tierra

Dos palabras casi mágicas, paraíso y edén, remiten a un mundo perfecto y perdido. En realidad se refieren a dos lugares concretos que existieron en la Tierra hace miles de años, cuando el hombre comenzaba a salir de las tinieblas.

Paraíso es una palabra que ha llegado a la mayoría de lenguas europeas y mediterráneas procedente de otra persa “pardés”, que se traduciría por “jardín cerrado” y que al parecer se refiere a las estancias privadas de los soberanos iranios. Eran lugares para el disfrute de los sentidos, donde todo era perfecto, pero acotados y de acceso prohibido. A ellos se remite, quizá al principio en sentido metafórico y luego trascendente, la Biblia, como un lugar perdido y más tarde –ya con Jesucristo- una esperanza de vida eterna feliz. Que añade otro nombre, “edén”, que igualmente significaría “jardín”. El “jardín del Edén”, donde todo habría comenzando, y el “paraíso” terrenal. ¿Existió algo así? La respuesta es sí. 

La Biblia explica incluso dónde se encuentra, y de nuevo su emplazamiento remite al entorno de Mesopotamia y la región donde comenzó la escritura y los hebreos tomaron buena parte de sus mitos, como el Diluvio o el propio nombre de Adán. 

Según el Génesis, el Paraíso estaba en la confluencia de cuatro ríos, dos de ellos bien ubicados todavía hoy:  “un río salía del Edén para regar el jardín, y desde allí se dividía, y se convertía en cuatro cabezas, llamados: Pisón, que se dice, rodeó toda la tierra de Havila (Arabia); el Gihón, que habría rodeado toda la tierra de Cus (Etiopía); el río Hidekel (Tigris); que iría al oriente de Asiria; y el Eufrates”.

La precisión de los datos Biblia confundió durante mucho tiempo a los expertos, porque por un lado había dos ríos conocidos, pero en cambio nada se sabía de los otros dos, lo que dividía a los arqueólogos entre los que pensaban que era un relato mítico y los que consideraban que tenía que haber algo detrás. Unas imágenes tomadas desde el espacio dieron algo de luz y una explicación que parece convincente sobre el Paraíso o Jardín del Edén.

El nivel del mar era hacia el 10.000 antes de Cristo, cuando comenzaba el hombre a despertar del letargo de la Edad del Hielo, mucho más bajo y por tanto el Golfo Pérsico tenía otra configuración, que perdió a medida que la marea fue subiendo, desbordando las orillas. Así se pudo constatar que el cauce de un antiguo río llamado Karun, que nace en Irán y avanza hacia el golfo, es con seguridad el bíblico Gihon, y que un lecho seco en el desierto de Arabia Saudí pudo llevar las aguas del Pisón. Con estas indicaciones se acotó una zona donde podría haber estado la legendaria tierra perdida, siempre teniendo en cuenta los cambios acaecidos en el clima. Hacia el año 30.000 antes de Cristo había islas hoy desaparecidas con un buen clima, frutos y flores. Luego llegaron el desierto y el mar y con ello se borró el Edén, pero no su recuerdo. 

Siglos más tarde, hacia el 5.000 antes de Cristo, una época clave porque coincide con el nacimiento de la escritura en Sumer y Egipto, quizá de forma independiente, el clima mejoró de nuevo, lo que llevó a que los pastores nómadas pudieran asentarse de nuevo en la zona. En ese momento surgieron probablemente los mitos sobre la tierra de “leche y miel” y donde el hombre podía vivir sin grandes esfuerzos ni tener que arar la tierra, un lugar perdido en el  tiempo que seguía vivo en las tradiciones. 

Más recientemente se han hecho estudios en profundidad que señalan con mayor precisión la situación de aquella tierra que acabó desapareciendo, especial su clima apacible y por disponer de agua abundante de cuatro ríos y con ello de enorme fertilidad. Un auténtico paraíso, quizá como el que disfrutaban los soberanos, cerrado y sublime. Hoy el jardín del Edén y el Paraíso se encuentra bajo el mar perdido para siempre.