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Reloj de invierno: ¿Será el último cambio de hora?

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Reloj de invierno: ¿Será el último cambio de hora?

JOSÉ PAZ
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España decidirá en 2021 si sigue cambiando sus horarios en marzo y octubre o se queda con uno de ellos. los expertos están divididos aunque hay un estudio del CIS que dice que la mayor parte de los españoles quieren el de verano

Un domingo de 25 horas. Es el regalo que nos ofrece el paso al horario de invierno en la madrugada de este domingo 25 de octubre, en la que a las tres de la mañana volverán a ser las dos. Cuando en España había trenes nocturnos, éstos se quedaban parados en la estación que les coincidía a las tres para esperar durante sesenta minutos a que fuesen las tres de la mañana del nuevo horario. El regalo tiene su contraparte: ese domingo se hace de noche una hora antes y el ocaso del Sol, en Ourense será a las 18.34 horas. Eso sí, se hace de día poco antes de las ocho de la mañana.

Desde hace años existe un debate generalizado sobre la dudosa utilidad de los cambios de hora y, en el caso de España, uno adicional de si deberíamos volver al huso horario que nos corresponde, que es el mismo de Portugal y el Reino Unido de la Gran Bretaña. Bruselas ha dado de plazo a los países para que tomen una decisión hasta 2021, por lo que éste podría ser el último cambio de hora de invierno, si el Gobierno, opta por quedarse con el horario de verano que entraría en vigor en el último domingo de marzo de del año próximo. Lo cierto es que no existe unanimidad. Por una parte, según una consulta realizada por el CIS en 2019, los españoles prefieren mayoritariamente quedarse con el horario de verano porque permite disfrutar de horas de ocio con luz solar. Algunos expertos comparten esa opinión, más por razones económicas que de otra índole, ya que facilitará la actividad turística y de ocio, especialmente entre los meses de marzo y octubre, con muchas semanas en las que las tardes de verano se prolongan con luz diurna más allá de las diez de la noche. Otros, por el contrario, señalan que ese el que más nos alejaría de nuestro horario solar natural ya que estaríamos dos horas adelantados sobre la hora del meridiano que abarca prácticamente toda la península Ibérica. Lo cierto es que las ventajas del horario de verano durante los meses de marzo a octubre se convierten en inconvenientes entre octubre y marzo. Desde el próximo lunes en adelante el Sol no saldría hasta después de las nueve de la mañana. Concretamente a las nueve de la mañana en Vigo y tres minutos antes en Ourense. Pero el 8 de enero, cuando regresen a clase después de las vacaciones de Navidad, los escolares ourensanos no verán salir el Sol hasta las diez de la mañana, y los de Vigo tres minutos más tarde. Hasta el ocho de marzo no verían el Sol antes de entrar en clase por las mañanas, cosa que no sucederá gracias a que nos regiremos  por el horario de invierno. Los términos de tiempo mañana, tarde y noche perderían parte de su sentido, porque para la mayoría de los trabajadores que inician su jornada laboral a las 8, sería realmente a las ocho de la noche, desde el mes de septiembre hasta abril. Eso sí, podrían tomar una cerveza en a finales de mayo a las diez de la tarde, en vez de a las diez de la noche.

OURENSE 20/10/2020.- Salida del colegio en el Ceip Irmáns Villar. José paz

Horario de pandemia

Las excepcionales circunstancias de este año, con las medidas tomadas como consecuencia de la pandemia de coronavirus, han modificado las costumbres de ocio en la mayoría de los españoles, y en Galicia se ha comprobado de manera especial en las grandes ciudades, traspasando las horas de encuentro de los más jóvenes de la noche a la tarde. El cierre de los establecimientos nocturnos ha propiciado esa mudanza en las costumbres, de la misma manera que las cenas en los restaurantes se han anticipado. Esta situación, que viene produciéndose desde mediados del verano, podría servir para inclinar hacia el horario de invierno, aunque en la noche de San Juan el Sol se pusiese a las 21:12 en Ourense y a las 21:15 en Vigo en vez de una hora más tarde. Las hogueras podrían encenderse antes.

En Europa tampoco hay unanimidad sobre si suprimir el cambio de hora o no.

Pero otra cosa muy distinta es el cambio de huso horario. España está alineada con el huso de Europa Central desde el 16 de marzo de 1940. Nuestra jornada se rige de acuerdo con el meridiano de Berlín y no el de Greenwich, que es el que cubre la mayor parte de la España peninsular desde aquella fecha, por un acuerdo del Consejo de Ministros. En algunos medios se dice que fue una medida franquista, para alinear a España incluso en materia horaria con la Alemania de Hitler. Pero esa es una leyenda urbana carente de todo fundamento. España acordó el cambio de hora como anteriormente lo había hecho  otros meses de marzo, desde que en 1918 se inició esa dinámica en buena parte de Europa para ahorrar carbón. No todos los años desde aquel se cambiaba la hora. En 1940 lo que sucedió fue que al llegar el otoño no hubo el reajuste al horario de otoño, entre otras razones porque Francia, Bélgica y todos los países del entorno que antes tenían la hora según Greenwich se quedaron con el huso de Berlín. 

Del mismo modo que en 1918 se adoptó el cambio de hora para ahorrar carbón, como consecuencia de la escasez del mismo que había producido la Primer Guerra Mundial, la Guerra del Petróleo de 1973 volvió a reactivar esa práctica que había sido abandonada en la década de 1940. España cambió su hora al horario de verano en marzo de 1974 y desde entonces se ha alineado con los países que vienen haciéndolo dos veces al año para ahorrar energía, un argumento que cada vez pierde más peso. Portugal no siempre se alineó con esa tendencia, e incluso tuvo un breve período, en la década de 1990 en la que se ajustó al horario de Europa Central, con España. Pero las protestas fueron mayores que las adhesiones, que se limitaron a los pueblos y ciudades cercanos a la frontera con España y regresaron a la hora de Europa Occidental.

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Historia de la hora

Hasta la llegada del telégrafo y el ferrocarril cada ciudad se regía por su propia hora local, en la que el mediodía se fijaba en el momento que el Sol pasaba por su meridiano. Así, en la catedral de Ourense, que se encuentra 7 grados y 51 minutos al Oeste de Greenwich daba las doce campanadas del día cuando en Greenwich eran ya las 12 horas y 32 minutos. Y en Vigo unos minutos más tarde. El telégrafo facilitó la unificación de la hora en España. El Observatorio Astronómico Nacional transmitía por telégrafo las señales horarias con las que se ponían en hora los relojes de las estaciones ferroviarias. Antes del telégrafo el aviso del mediodía se señalaba con un cañonazo gracias al cual todos los relojes de Madrid podrían ajustarse a las 12 exactas.

En 1884 se intentó unificar los horarios en todo el mundo, en el congreso de Washington. Pero fracasó. El intento de crear un meridiano único no alcanzó acuerdo y habrá que esperar a la conferencia internacional de la hora de 1912 para que se acepte internacionalmente el sistema de husos horarios. España, sin embargo, adoptó el horario del meridiano de Greenwich en 1901, que era el que regía también para la mayor parte de los países de la Europa occidental: Francia, Bélgica, Países Bajos y Reino Unido. Portugal, se regía por el meridiano de Lisboa que llegaba al mediodía 40 minutos después que Greenwich, y Canarias tenía una hora menos porque se ajustaba al huso -1. Las señales horarias de Greenwich se emitían por ondas desde estaciones de radio elegidas para ese cometido. Una de ellas era la de la Torre Eiffel y París, sede de la oficina internacional de pesas y medidas, se convirtió también en el centro garante de la hora oficial de España, más que Greenwich.  

El cambio en 1940 supuso trasladar ese centro a Berlín, donde sigue siéndolo desde entonces para la mayor parte de la Europa Comunitaria. 

¿Volver al huso horario que nos corresponde? Es un debate que lleva años produciéndose, especialmente en Galicia donde con el horario de verano estamos a dos horas y media de adelanto respecto a la que nos correspondería. Eso explica que comamos a las tres en vez de a las doce y media, o que cenemos entre las diez y las once de la noche, cuando nuestros vecinos de la Europa continental empiezan a hacerlo a las siete u ocho de la tarde. Pero lo natural entra en controversia con lo conveniente. Con el Brexit, la hora de Londres se ha convertido en un valor a la baja. La sincronización con la mayoría de nuestros socios, aunque sea tan solo sobre el reloj de los ordenadores, los móviles, los relojes de verdad, parece dominar en la mayoría de quienes tienen peso para tomar decisiones. Y con respecto a mantener o no los dos cambios de hora cada año, el debate que fue tan intenso hace unos años, ahora que se acerca el momento de la verdad, parece que ha perdido fuelle incluso entre sus defensores.