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Aquí no se desenterraría a Franco

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PASÓ LO QUE PASÓ

Aquí no se desenterraría a Franco

No se sabe por qué enigma los restos de Franco no están en El Valle de los Caídos. Una ensoñación de la historia los trajo a Ourense. Estamos perdidos, el Concello debe desenterrarlos. Esto promete.

Zafarrancho de combate municipal


Hace veinte años nadie hubiese imaginado que Franco estuviese en el centro del debate. Posiblemente hubiésemos firmado entonces la frase de Pérez Reverte: "A mí Franco me da igual, que lo exhumen, que lo inhumen, que se lo fumen, que hagan empanadillas y con lo que sobre la mojama", para añadir que "hace cuarenta años que no es un problema mío". Pero cada uno hace con sus fantasmas lo que quiere o le conviene, lo mismo para resucitarlo jugando a la ouija o esperando como su alma en pena vaga por las fragas camino de San Andrés de Teixido, custodiado por el bandido Fendetestas. 

Hay que entender, por lo tanto, que también podemos sentar a Franco a la mesa del debate, reeditando el "siente a un pobre a su mesa", que él ideó en su gris España y su negra conciencia y que tan bien retrató Berlanga en "Plácido". A Franco lo llevan de mudanza, ya no bajo palio, como gustaba él entrar en las iglesias del régimen césaropapista que engordó con el plácet del Vaticano. Al dictador lo desahucian de El Valle de Los Caídos por sentencia judicial. La administración de justicia, de movimientos de paquidermo, anduvo cual gacela en el caso. Como tiene que ser. 

De todos modos, hay que hacer una traslación de los hechos a terreno local: en Ourense no se hubiese desenterrado a Franco en la vida. Si dependiese del Concello de Ourense, seguro que no. No por una cuestión ideológica, sino por incapacidad en la tramitación de la sentencia. Pongamos por caso: entra la resolución judicial por el registro municipal que ordena su inhumación. El alcalde Jácome entonces movilizaría a los suyos. Los asesores que cobran del erario púbico se ponen a la tarea. Chocan entre ellos de tantos que son: unos filtran la sentencia mientras otros intoxican por las redes sociales. 

Jácome se ve rodeado del ejército de Pancho Villa, maldice a los funcionarios, les llama vagos, maleantes y ya les cree incluso peor que agentes de la policía local, ya sabe, esos "mafiosos". Pasan los días, las semanas y los meses, incluso los años, y el Concello no da desenterrado a Franco. La noticia se extiende por los platós de las teles. Ferreras trae a los de La Sexta a hacer directos para preguntarse cómo el gobierno de Jácome no es capaz de cumplir la orden de exhumar a Franco. Un comerciante que lee la noticia en La Región dice: "Mira, están tardando tanto en desenterrar a Franco como a mí en darme la licencia de reforma del local".


Joker en Gotham


Un comentarista de Telemiño dijo que este Ourense se parece a Gotham City gobernada por Joker. Pero sin Batman, claro. Lo dijo mientras mascaba este titular: El Concello deja sin protección policial a las víctimas del machismo. Son en estas semillas donde germinan los populismos, ese pienso que engordó electoralmente a estos gobernantes. Donde se retratan los mandatarios: metiendo la pata, culpando luego a otros (en el más pueril de los argumentos, el "yo no fui, fue Pepito"), para quitar la patita después. Lo perverso es no es saber si esta gente va a cumplir su ¿programa? político o electoral. Lo penoso es adivinar con qué humor se levanta cada día el jefe y qué se le ocurre hoy para hacer de Joker en esta Gotham City.


Al menos hacer aviones de papel


Dice el Instituto Nacional de Estadística que 4.600 ourensanos han rechazado recibir en casa propaganda electoral. Es injusto, creo. Bien reciclada, este tipo de basura tiene una segunda vida. Haciendo papiroflexia con las fotos de los candidatos se pueden adivinar interesantes pactos, según cómo hagas los pliegues. En eso se ha quedado la cita electoral del 10-N, si me apuran casi todas, un juego de dobleces de todos y papeletas para juntarse las caras. Aquellos pactos imposibles por el antagonismo de sus impulsores serán posibles a nada que se doble correctamente la foto y la papeleta. Que nos lo digan en Ourense, donde los pactos impensables se firmaron después de inocular determinadas vacunas antirrábicas. Más de 4.000 ourensanos no quieren hacer papiroflexia con la propaganda electoral. No saben lo que se pierden. En mis tiempos hacíamos aviones de papel con las octavillas  en las que se veían las fotos de los candidatos y sus eslóganes. Las tirábamos desde el balcón de la casa del barrio. Las octavillas que mejor volaban eran las de Felipe González. Era presagio de algo.


Los jubilados, pero también Bruce


María Jesús y su acordeón estaban estos días en Málaga participando en La Pasión Bandolera, una fiesta histórica que se celebra en El Burgo. Pero, tranquilos, parece que ya está por El Rincón de María Jesús, su local en Benidorm. Los pensionistas ourensanos dicen estar tristes porque los viajes del Imserso de este año se han recortado y las estancias en Benidorm se han agotado en seguida. No hay jubilado que allí no haya bailado "Los Pajaritos" al ritmo del acordeón. Lo hizo hasta the boss Bruce Springsteen allí mismo en el 2009.


Al poner la lupa


Estos son colgajos de la ciudad, postales vergonzantes de los deberes que no hace la institución local, evidencias de que el civismo rima con gamberrismo. La ciudad hasta se ha quedado fuera de la república independiente del Ikea, con el mobiliario roto y la dignidad salpicada por los charcos en las fochancas y las losetas sueltas. Una ciudad de colgajos, de pellejos hasta inútiles para un trasplante de epidermis. Una ciudad sin bricolaje, pese a tener el Leroy Merlin. Una ciudad en la que, como dice la pintada en una de las fotos, "hay salida, pero por otro lado". No por este.

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El portafotos


Ya lo decía el vigésimo verso de El Cantar del Mío Cid: "¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!". Hay un debate entre eruditos para discernir si la alusión es a Rodrigo Díaz de Vivar  o al Rey Alfonso VI. Para lo que nos ocupa podemos distraernos de la faena. Qué buen vasallo si tuviese buen señor la jefa de la Policía Local de Ourense, María Barrera. Dependiente jerárquicamente del alcalde ha sido señalada por este y metida con fórceps político en el debate de la retirada de vigilancia policial a las mujeres víctimas de violencia machista. No es habitual que un técnico o funcionario de su rango tenga que salir públicamente a poner los puntos sobre las íes.

Barrera lo ha hecho por lo excepcional de la situación y por dignidad personal y decencia profesional. Hizo un informe sobre la distribución de medios con los que cuenta y, a partir de ahí, "la decisión es política". María precisó: "Yo no quiero que ninguna víctima quede desprotegida". La jefa de la Policía Local ya se ha tenido que tragar varios sapos, entre ellos alusiones a que dirige un cuerpo en el que "hay una mafia". Los poemas de El Cantar del Mío Cid están cargados de épica, incluso de pleitesías y vasallajes. Ya no hay vasallos (o no debiera haberlos), tampoco señores.

Ourense. 15-09-2017. María Barrera, intendente de la Policía Local: paz

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