Ourense

Así ha cambiado la movida en Ourense

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Así ha cambiado la movida en Ourense

Distintas generaciones de ourensanos recuerdan de diferentes maneras cómo salían por la noche. Los más jóvenes siguen saliendo, pero menos. En los 60 y 70 eran más de cafeterías. Entre medias, la eclosión de los Vinos. 

La movida nocturna ha ido cambiando con los tiempos de forma drástica. Actualmente, empieza a salir una generación que ya no conoce el botellón de la Alameda, que tras años de protestas vecinales, por fin cerró una etapa como espacio para el delirio etílico. Se entremezclan ahora en la zona de Vinos los  novatos que se adueñan en la zona alta de Cabeza de Manzaneda –para tortura de los residentes– , con los treintañeros que recuerdan sus inicios en el Vaivén y la Extravaganzza, o los más maduros, que empezaron a salir en  Toca Toca, Locura, Dock... 


La conversión de los 80


Algunos veteranos de guerra ya ni se reconocen en la movida nocturna de hoy en día, de aquellos tiempos donde las cafeterías era el centro neurálgico de la movida y a los Vinos se iba solo de pinchos. "Cuando empezaba a salir empezaban a crearse los pubs de vinos, eran bares que daban pinchos y después empezaban con la música", recuerda José Carlos Parejo 'Charly', de 50 años. Los nacidos en los 60 y los 70 son los que empezaron a estirar las noches más allá de las cuatro de la mañana en Ourense.

"Antes hacíamos botellón entre los colegas, no era multitudinario, era tu botellón, no molestábamos" señala Parejo sobre finales de los 800. Recuerda sus inicios en el Star, Charol, Sultán... "Salíamos cuando el Rock Club aún era Buckingham, a las discotecas del parque..."

Los más jóvenes, que empiezan a salir ahora, son más de beber en pisos y menos de grandes concentraciones.  En eso, vuelven a finales de los 80. Los botellones multitudinarios pierden peso. Eso sí, las noches se estiran más y a los Vinos se llega cada vez más tarde.


La época del tardeo


Los más veteranos dan unas claves que a los mejor pueden ayudar a solucionar el problema del ruido. "Los pubs abrían a las ocho de la tarde", dice Parejo, que como Tito Gómez, de otra generación (36 años), recuerda que la fiesta empezaba antes por las calles del centro y después se trasladaba a las afueras. Ambos vivieron la movida de los domingos por la tarde, una de las costumbres desaparecidas en la ciudad, y de la que puede dar cuenta una amplia generación.  Era otra época, una en la que en el Moruno, de la plaza del Trigo, "aún ponían el pincho moruno".


La fiesta, también en el barrio


Pubs de tarde y música disco en las míticas Tamanaco, Lázaros o  la discoteca de rúa Remedios pasan por la cabeza de Parejo: "Esa se llamó Scandal, Fresas, Dominique... Empecé a salir en Fresas, se iba los domingos por la tarde. También al Mini Bar, que se llamaba Disco Chip, a la tarde era de niños y a la noche, de mayores", recuerda.


Los 60 y 70, ligando en el café


Más atrás queda los recuerdos para Charo Fernández. A sus 72 años, recuerda el ocio nocturno en pleno franquismo muy diferente. "Nunca llegabas más tarde de las 3. Lo típico era dar unas vueltas por el Paseo, ir al cine, después al Orellas o El Catador a los pinchos, e ibas a las cafeterías del parque de San Lázaro donde se ligaba, o la discoteca de la calle Remedios o la 3A", relata. ¿ Y Los Vinos?  "Allí no había pubs . No salíamos como ahora. El único día que se salía hasta las nueve de la mañana era fin de año, que había que tomar el chocolate sí o sí". A ligar se iba a la calle Parque de San Lázaro, en Alaska, Dimax o Bocaccio. Recuerda con agrado los guateques en casas y en locales de Doctor Fleming o Concejo, "que nos encantaban", y la sala de fiestas donde venían grandes artistas, como el Auria o el Orfeón, donde iban de siete y media a diez de la noche. "Me acuerdo que un chico podía sacar a una chica gratis...Yo, como trabajaba, no necesitaba que nadie me pasara", añade.

El botellón no existía y reinaba la seguridad. "Ibas tranquila, sola para casa, no pasaba nada, ahora parece que tienes que llevar guardaespaldas. Y eso que antes había muchos jóvenes más que ahora", recuerda.

En plena polémica por los ruidos, los que crecieron en los 80, 90 e inicios de siglo recuerdan cuando los pubs abrían ya de tarde

Las verbenas eran un plan también seguro en los 70.  "Íbamos a las verbenas de los barrios, Velle, San Francisco, Carballeira...". También recuerda  el baile del Posío, "uno de los momentos más esperados".

El botellón ahora ha vuelto a los pisos, "antes era algo más social", coinciden los que superaron la adolescencia en los 90 y en la entrada del nuevo siglo. Los jóvenes  que entraron en la mayoría de edad en el ultimo lustro ya empiezan a salir menos  "Nos aburre Ourense muchas veces, prefieres ir a Santiago o Vigo... O nos quedamos en casa tomando algo, hay poca gente, cierran pronto, cada vez hay más problemas", dice un ourensano de 19 años.


Sin controles y a lo loco


Tito Gómez, ahora con 36, recuerda como empezaba a salir aún con pesetas, por la zona alta de Pena Corneira, punto ahora de polémica, pero de tarde. "Vías un feixe de motos todas colocadas, igual cerca de 100, de todos os que íbamos". Los controles viales cambiaron todo. "Iamos  á Manchica, a discoteca Mami e que había pubs e todo arredor, despois a xente deixóu de ir". Iban motorizados a todas partes, no importaban el alcohol en sangre. Eran otros tiempos. En ese sentido, el avance  esta claro. Muchas generaciones se conocieron en las discotecas fuera de la ciudad. La Mami, pero también de O Carballiño o Maceda, otros polos de atracción de la época, sobre todo para las fiestas de los domingos. 

También pillaron los ahora treintañeros los años fuertes del botellón, que se concertaban en el Parque de las Zapatillas, uno de los reductos del botellón actual, antes de desplazarse a la Alameda o As Mercedes. 


Terraceo nocturno


Los que están bien entrados en la veintena, como Patricia Sastre (25), Laura Gil (26) y Matías Aravena (24), ya son más "de terraceo"  o tomar algo en las calles inferiores de Vinos, antes de ir a los pubs y la discoteca. Con el cierre de la Alameda para fiestas etílicas cerraron una etapa, la del dominio de los botellones multitudinarios.