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“Lo atendía y me dejaba dinero para lo que necesitase"

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“Lo atendía y me dejaba dinero para lo que necesitase"

Romina P.R., ayer en la sala de vistas de la Audiencia de Ourense.
photo_camera Romina P.R., ayer en la sala de vistas de la Audiencia de Ourense. // F.C.
Una acusada de estafar a un anciano se enfrenta a petición de hasta 7 años de cárcel

Benito V. conoció a Romina P.R. en el bar de Celanova que esta regentaba y al que acudía casi todos los días par tomar una manzanilla o un pincho. Tras jubilarse en el país al que emigró, Venezuela, regresó a su tierra natal para vivir en una pensión de la villa de San Rosendo, sin ascensor y calefacción, en palabras de su sobrino. La amistad que entabló con la hostelera fue a más hasta que en abril de 2017 la denunció por estafa.

"Venía por el bar en el que trabajaba, un día se puso malo y lo tuve que llevar a urgencias, a partir de ahí me ocupaba de él. Incluso venía a comer a mi casa. Llegó a darme 1.000 euros", afirmó la inculpada en el juicio que se celebró ayer en la Audiencia de Ourense.

También le buscó una residencia en Lobeira en abril de 2016 y no solo lo visitaba semanalmente sino que le compraba ropa o medicinas con el dinero que él le daba. Hasta le firmó una autorización bancaria que le permitía operar en la cuenta que Benito V., ya fallecido, tenía en la sucursal del Santander.

El anciano acabó denunciándola cuando casualmente descubrió que había traspasos de hasta 41.240 euros a una cuenta de la inculpada en la que solo había esos ingresos y muchos gastos en Amazon, AliExpress, tiendas de muebles, joyas, niños, librerías y hoteles. 

La encausada asegura que contaba con el beneplácito de su amigo para retirar el dinero: "Me dijo que podía utilizar le dinero para lo que necesitase con tal de que le quedase para pagar la residencia", aseguró ayer en el juicio. 

La fiscalía y la acusación particular que ejerce un sobrino que reside en Barcelona creen que hubo "un desplazamiento patrimonial con engaño". Por esta razón, la fiscal reclama una condena de cinco años de cárcel y siete la acusación particular, además de penas multas de algo más de 3.000 euros.

La directora de la residencia recordó que el perjudicado, cuando ingresó, llevaba consigo "200 o 300 euros" que se los "mandó de vuelta porque allí no necesitaba más de 50".

El sobrino no cree que le anciano entregase dinero a la acusada porque "era muy tacaño". 

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