INVESTIGACIÓN

El “chamán del amor” de Ourense sale a la calle a la espera del juicio

La prisión de Pereiro de Aguiar, en donde ingresó el atracador. (ÓSCAR PINAL)
photo_camera La prisión de Pereiro de Aguiar, en donde ingresó el atracador. (ÓSCAR PINAL)
El conocido como "chamán del amor" dejó la prisión el mes pasado tras 17 meses en la cárcel, primero en la de Pereiro y luego en A Lama, a la espera de que se celebre el juicio

Manuel L.F., autodenominado “chamán del amor”, salió el pasado mes de abril de la cárcel a la espera de juicio tras haber pasado 17 meses en prisión preventiva, primero en el centro penitenciario de Pereiro de Aguiar y luego en el de A Lama, según confirmaron las fuentes consultadas por este periódico.

El “chamán del amor”, quien se autoproclamaba como el capo de la mafia “CBK”, fue detenido en diciembre de 2022 acusado de, supuestamente, abusar de al menos nueve menores de edad en la ciudad, incluida su novia, también adolescente. La primera en denunciarlo fue una joven de 13 años que se atrevió, arropada por sus padres, a contar la increíble y rocambolesca historia.

El joven, según las declaraciones aportadas, captaba a menores a través de una especie de “timo amoroso” para convertirlas en sus “sirvientas” sexuales.

Manu, que pasa la veintena de edad y no contaba en el momento de la detención con oficio ni actividad laboral conocida, se valía de una casa abandonada en las inmediaciones del campo de fútbol de O Couto, barrio en el que vivía junto a su madre, para realizar prácticas sexuales con las menores, que accedían voluntariamente al lugar, pero coaccionadas, según sostuvieron en su momento los investigadores. Alguna de las menores aseguró a la Policía Nacional que las amenazó con dar muerte a algún familiar cercano delante de ellas. O que incluso les llegó a mostrar una pistola y una navaja.

Un brujo

Las menores acudían a él para que les ayudase a “enamorar” al chico del colegio o del barrio que les gustaba, ya que se erigió como un chamán o brujo del amor. Entre sus atribuciones, aseguraba que tenía poderes para comunicarse con los muertos. El detenido les ofrecía protección a cambio de sexo, con pasaporte directo a su banda unipersonal.

El pago por sus servicios como conseguidor de los favores requeridos eran supuestos tocamientos, felaciones o incluso en algún caso relaciones sexuales con penetración. A las mujeres les pedía sexo y a los hombres, dinero.

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