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Cristina Gallardo: "Cogí el último tren de la vieja escuela y trabajé con los más grandes"

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ENTREVISTA - ÓPERA

Cristina Gallardo: "Cogí el último tren de la vieja escuela y trabajé con los más grandes"

Cristina Gallardo, junto al alcalde la ciudad
photo_cameraCristina Gallardo, junto al alcalde la ciudad

La chilena Cristina Gallardo y Juan Durán estrenan hoy, a las 20,30 horas, el Ciclo de Lírica en el Teatro Principal

Cristina Gallardo y Juan Durán estrenan hoy, a las 20,30 horas, el Ciclo de Lírica en el Teatro Principal. Cuando esta diva chilena de la ópera cumplió 12 años su madre, que también era cantante, dictaminó que la pequeña no tenía oído musical. Las dotes que la convertirían en una de las mejores sopranos del mundo y la llevarían por los teatros más importantes del orbe, habían nacido con ella. Sin embargo, se destaparon tras reparar en un disco de su casa, el de la soprano argentina Ginamaría Hidalgo, momento en que, a ojos de su progenitora, se le afinó el oído. 

¿Cómo fueron sus inicios?

Rondaba los 13, cuando empecé a postular a los conservatorios. Ninguno me quería porque no tenía la edad mínima para empezar en canto que, de aquella, eran 18 años. Finalmente, conseguí que me pusieran a prueba en uno y después entré en Juilliard. 

¿En qué pensaba cuando se fue a Nueva York?

Mi idea era hacer el máster y después volver y, para que todas esas cosas sucedieran, me había dado el margen de un año. En ese momento, mi "yo como persona", más bien sedentario, tuvo que ceder al "de artista", más nómada. Y así hasta hoy día, que casi cumplo 30 años de actividad profesional. 

¿Cómo recuerda su debut en la ópera?

Fue un desafío a todos los cánones. En Juilliard me pedían material audiovisual, entonces audicioné para el teatro en Santiago de Chile. Contra todo pronóstico, puesto que nunca había hecho ópera, me dieron el rol titular de "Madama Butterfly". 

De ahí a ser considerada una de las mejores intérpretes de Puccini...

Una tiene que escoger con cuidado su repertorio, lógicamente. Desde entonces, en las audiciones fue muy difícil sacarme ese sello de encima. Lo tenía todo para que me comieran las pirañas y, a pesar de ello, conseguí encauzarme en un repertorio correcto para la época.

¿Cómo fue su evolución?

Nunca me voy a olvidar de la observación que me hizo un director de escena al apuntar que en unos años yo pasaría a ser mezzo. Efectivamente mi instrumento empezó cada vez a acercarse más a esta cuerda, tanto en el repertorio de ópera, como en el de música sacra.

¿Qué retos se le presentan?

Ahora hago más recitales, participo en masterclass y doy cursos de perfeccionamiento e, incluso, me han propuesto hacer ópera como parte de la dirección de escena. Y, la verdad, me gusta este nuevo capítulo que se abre en mi carrera porque me saca de la rutina. 

¿Por dónde pasa el futuro de la ópera? 

La ópera ya no va a responder nunca al concepto con que la escribieron los compositores de la época. También está el cuestionamiento de qué tanta vida le queda a la ópera. Como siempre digo, tuve la suerte de haber cogido el último vagón de tren de la vieja escuela y de haber podido trabajar con los más grandes en todo. 

Y, ¿cómo sonará hoy, en la apertura del Ciclo de Lírica?

En esta ocasión he pasado a la faceta más contemporánea. El repertorio de esta tarde muestra muchas obras fáciles de escuchar. Hemos intentado ilustrar la atmósfera de cada pieza con imágenes. Abrimos con dos temas que fueron escritos puntualmente para la ciudad de  Ourense. La ópera se queda fuera del programa e irá como regalo.