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"Decían que estaba loca por venir al rural, ahora no quiero marchar"

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"Decían que estaba loca por venir al rural, ahora no quiero marchar"

COLES (BARRA DE MIÑO) 24/01/2021. Familia madrileña asentada en Barra de Miño. Ainoa Pereira, Borja Corrochano.  José Paz
photo_camera La familia de Borja Corrochano y Ainhoa Pereira, vecinos de Barra de Miño. (Foto: José Paz)

Borja Corrochano, Ainhoa Pereira y sus hijas dejaron Madrid para instalarse en Barra de Miño

En tan solo una nueva urbanización de Barra de Miño (Coles) ya viven once familias, nueve de ellas procedentes de Ourense ciudad. Borja Corrochano, Ainhoa Pereira y sus hijas llegaron a la provincia desde Madrid. En un primer momento residieron en la calle Progreso, pero apenas notaban diferencia con respecto al estrés de vivir en la capital de España. "Esto (Barra de Miño) es lo que buscábamos cuando salimos de Madrid. El tema del covid influyó mucho, allí se vivió de una forma terrorífica". La familia se instaló definitivamente en Barra de Miño a principios de noviembre. Ahora Corrochano puede practicar la pesca con caña, uno de sus pasatiempos favoritos.

Adrián Bermúdez preside su comunidad de vecinos, y recuerda cómo "en dos semanas se vendió todo". Ahora mismo vive en la ciudad, pero aquí están sus raíces. Hace no tanto tiempo, antes de la creación del embalse, su padre cruzaba a pie el mismo río donde ahora se realizan deportes acuático, tan solo levantándose los pantalones. 

Pronto Bermúdez regresará al rural, porque prefiere su cercanía: "A la vecina que tengo puerta con puerta no la vi en toda la semana. Y me crucé ayer en el garaje con una amiga de toda la vida que llevaba un mes viviendo en el mismo edificio que yo, pero no me había dado cuenta". 

Nadando a contracorriente, junto a la urbanización de Barra de Miño se va a cambiar el parque destinado a que ancianos realicen ejercicio físico por uno infantil. Corrochano y Pereira valoran la tranquilidad, "y que si necesitas cualquier servicio estás a 10 kilómetros de Ourense". 

Cuando decidió venir al rural, Pereira se lo contó a sus amigas y le contestaron: "Estás loca, cómo te vas al medio de la nada", recuerda. "Llegué llorando a la provincia, ahora no me quiero marchar. Era junio y llovía, mis amigas en la piscina y yo en katiuskas", añade. Ahora dos de sus hijas van a colegios diferentes y aún así tardan menos en recogerlas que cuando vivían en Madrid. 

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