REPORTAJE

El debate del 7

La línea 7 recorre desde Barbadás, el único municipio con más nacimientos que muertes, hasta Covadonga, barrio que pelea por abandonar la fama colgada; aquí suspenden a los candidatos en el debate por "mala educación".

Pasajeros esperando para subir al autobús urbano de la línea 7 en el parque de San Lázaro (MIGUEL ÁNGEL).
Pasajeros esperando para subir al autobús urbano de la línea 7 en el parque de San Lázaro (MIGUEL ÁNGEL).

En Bárbadas hay más trabajo para una matrona que para un enterrador. También podría ser un matrón y una enterradora pero son excepciones, como la pirámide poblacional de este municipio que orilla con la capital ourensana. La línea 7 del bus urbano comienza en A Valenzá, un lugar donde muchos jóvenes deciden iniciar su proyecto vital por el precio de la vivienda más asequible, y finaliza en Covadonga, un barrio hasta el que las almas perdidas arrastraron sus huesos en procesión para continuar tambaleándose a lomos de un caballo sin montura. Barbadás afronta el futuro desde el presente. Covadonga pelea por sacudirse el pasado y la fama colgada que ya no es precisa con la realidad. 

A las 13.41 horas en la parada de A Valenzá sólo hay tres personas y tres conductores de los que dos se bajarán al poco tiempo. Responden con cara de sospecha a la pregunta de si el bus lleva a Covadonga, pero cobran los 85 céntimos del billete sin pedir explicaciones. Antes de llegar al Jardín del Posío, preocupa la sensación de que el viaje para examinar el impacto de la segunda vuelta del debate electoral en Antena 3 entre los candidatos a presidir el Gobierno puede ser perdido. En la Alameda  ya se han subido 37 personas. Durante el trayecto seguirán aumentando. Hay quorum pero falta debate.

El personal viaja absorto en el teléfono móvil y sólo la señora de al lado ofrece por el momento conversación. Le preocupa un suceso que considera extraño. "En el parque de San Lázaro estábamos a 12 grados y aquí a 13. Es muy raro, en A Ponte siempre hay dos grados menos". Encadena la reflexión con varios refranes sobre el tiempo en abril. Hubiese sido una apasionada meteoróloga. Una pareja que se ha subido en la Alameda se ha encontrado con un conocido. En los surcos de su cara se podría leer el pasado de lo que se conocía por Wichita y, según los que viven allí, ya no se corresponde con Covadonga. El tipo despierta la simpatía y la atención del informador porque viste una camiseta del Dépor. Más adelante una mujer no entiende que los periódicos no recojan el incendio de las termas de A Chavasqueira, pero tampoco es el momento de explicarle el horario de cierre. La gente se va amontonando en la parte trasera del bus para dejar sitio gracias a que una chica con espíritu de guardia de tráfico levanta la voz: "¡Qué pase alguien para atrás o no entramos!" Nadie discute la orden. 


Sorpresas te da la vida


Y como sorpresas te da la vida, el deportivista, al menos de apariencia, es el primero en hablar de política y de la campaña cuando el autobús comienza a desprenderse de viajeros a la altura de la calle Ramón Piñeiro. No hay que fiarse de las apariencias. "Ayer hubo un debate y no me enteré, aunque para mí son todos iguales". Repasa con buena memoria los consejos de administración que dan cobijo a políticos en retirada y acaba defendiendo a Pablo Iglesias "porque tiene su trabajo". 

En Covadonga el autobús suelta a los pocos pasajeros que quedamos. El parque que ordena las viviendas de protección oficial es alegre. Se ve un par de niños, un par de desnortados en la puerta de un garito y el miedo que le han querido meter en el cuerpo al periodista  se esfuma. 

En el viaje de regreso sube una pareja que no llega a la veintena con dos niños de corta edad. Él tiene acento caribeño y se ocupa de sus hijos con delicadeza, ella es ourensana. Estudia a pesar de las criaturas. Hablan con propiedad de los planes de estudio, de los "adjetivos determinativos". La mala fama es un poco mentirosa. Covadonga ya no es Wichita o sólo queda algún rescoldo como el tipo que baja con ojos de haber estado en el cielo.

Tras 40 minutos de subida y otros tantos de bajada, el bus llega a A Valenzá, que no es el cielo, pero es lo que más se le parece respecto la balanza demográfica de la provincia. Y el propósito de saber cómo ha afectado en el votante el segundo debate está por cumplir. "Yo cambié de cadena porque no se dejaban hablar", comenta una estanquera. "A mí me pareció que estaba viendo Sálvame", añade una clienta. "No me influye para decidir el voto, pero me pareció que les faltó educación", confiesa el propietario de un colmado. "Vi como se gritaban, pero mi voto ya está bien custodiado", responde el jubilado, el único que se cruza a estas horas para cerrar el debate del 7.