Ourense

Ellos han cobrado, ¿y usted?

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Pasó lo que pasó

Ellos han cobrado, ¿y usted?

Dietas por desplazamiento sin salir de casa, parte de la nómina que se dona en plan bienqueda, banderas a media asta e inteligencia arriada. También generosidad infinita. La mayoría, en el anonimato. 

El papel que quiere o que se le consiente

Un proveedor de pescado dona mil kilos de rodaballo al Complexo Hospitalario, unas cuantas costureras miran cómo hacer mascarillas con las telas que no se comercializan, un taller que vende maquinaria transforma pantallas y las ofrece a la sanidad pública, una farmacia se alía con los voluntarios de Protección Civil para que lleven algunas medicinas a ancianos de la aldea. Un quiosquero deja periódicos y revistas a la puerta de una residencia. Una librera aporta a un centro geriátrico rotuladores y pinturas para que los internos pasen el rato haciendo unos garabatos o escribiendo.

Unas monjas reparten comida caliente a los necesitados un domingo a mediodía en un barrio cualquiera. Cáritas está al borde del colapso por la cantidad de servicios que se les demanda, pero las donaciones también aumentan. Miles de comunicaciones están llegando a los trabajadores diciendo que van a cobrar el paro, un porcentaje bastante menor que la nómina habitual. Unos 15.000 ourensanos aprendieron ya el significado de la sigla ERTE mientras mascan en casa su confinamiento añadido.

El comerciante y el hostelero añoran ponerse de nuevo tras el mostrador, pero no saben cuándo y si tendrán ya recursos económicos como para seguir. Decenas de ganaderos de la provincia ven como el ganado sigue creciendo, se pasa de fecha de sacrificio y el profesional no lo puede vender porque la hostelería (principal cliente) está cerrada, mientras la ruina llama a la puerta de la granja. Los autónomos dan por hecho que el mes ha quedado en barbecho, y lo que vendrá.

Todo esto en las últimas tres semanas. Pero después de cobrar la nómina de marzo diputados y senadores discuten sobre si deben seguir cobrando dietas, entre ellas las de desplazamiento cuando están bostezando en casa. Otros cargos que han visto reducida su actividad a la irrelevancia miran gozosos como la nómina sigue estando íntegra en el banco. Un alcalde fanfarronea diciendo que se rebaja el 30% de su sueldo cuando sabe que aún con la minoración (que no depende de él aprobarla) ganaría todavía muchísimo más que un ourensano medio y un sueldo que jamás le pagarían en la empresa privada. Cada uno tiene el papel que esta sociedad le asigna. Y le consiente.

La oportunidad, a media asta

Un sacerdote oficia en serie funerales. Las imágenes de la televisión muestran como se improvisan gigantescas morgues hasta en pabellones con pistas de hielo. Los funerales han desaparecido y cada uno gestiona el desahogo del dolor a su manera. Los familiares se echan a suertes quién acompaña el féretro en la última despedida. Un coche fúnebre entra muy despacio a una aldea ourensana y los vecinos salen a aplaudir como testimonio de respeto y cariño a uno de los suyos que va directo a la sepultura. Las víctimas mortales se cuentan ya por miles y la mayoría creemos estar viviendo en medio de una pesadilla.

Pero un alcalde, sensible y oportuno, sale al balcón de la Plaza Mayor a desatar las cordadas de las banderas para ponerlas a media asta. Y pide que le saquen la foto. Una instantánea inmortaliza desde el balcón el gesto. En la plaza también hay móviles para tomar la misma escena desde otra perspectiva. Luego se elige y se envía a los medios de comunicación para que la publiquen. Porque cree que eso es oportuno, importante y noticia. Cree. 

Definición de paro (entre sonrisas)

El coronavirus no para de hacer muescas en el cinturón. Sus victorias son las miles de víctimas mortales, también la capacidad de paralizar la actividad de millones de personas. En solo quince días España empapela su historia de crisis con el nombre de 900.000 personas sin empleo de una tacada, pero una ministra de permanente sonrisa explica que si no están en la estadística no están en el paro, aunque no trabajen. Los muertos que vos matáis gozan de buena salud, se le atribuye al Tenorio. Los trabajadores que los ERTE envían a cobrar del paro no son parados. Y si no hay paro, tampoco habrá crisis.

¿Para cuándo otro decreto, Sánchez?

Hoy no se estrena ropa de primavera, como era costumbre el Domingo de Ramos, ni hay ramas de olivo. La Semana Santa será solo oración. Los maios, este año secos. El Día das Letras Galegas, leyendo pero sin romería. La procesión de Fátima, pendiente. La Feira do Viño do Ribeiro, suspendida. Las Fiestas de Ourense, ahorradas este año. La festa do Boi de Allariz, a saber. La Mostra de Teatro Universitario, aplazada. Los vinos, las cañas, el tapeo, el terraceo, el paseo, la charleta en la calle, también en suspenso sine díe por decreto. ¿Para cuándo un decreto que declare esencial todo esto? ¿Eh, Sánchez?



Al poner la lupa | Desvaríos sobre los últimos días

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Como una invitación al derroche en las últimas jornadas de los saldos. Como una constatación del cierre de muchas tiendas por la anemia del consumo. Como una llamada al arrepentimiento en las vísperas del fin del mundo. Como una invocación a la agonía por perder una desigual batalla frente al virus. O como la apelación a la resistencia por estar en vísperas del fin del confinamiento, de la reclusión económica. Un ánimo para seguir excavando en el túnel hasta ver la lucecilla. Un "últimos días" con la esperanza de que la estulticia política viva también su ocaso.


El portafotos

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Como cigüeñas, somos aves migratorias. Libres, aunque tendiendo a volver al mismo nido. Al portafotos viene hoy el vuelo de este bello animal, como podría venir la sobrina que vive donde ella ha querido, que no es aquí, y se ha marchado pese a que nadie la ha echado. Y allí, como aquí, la pandemia llega como la noche. O la otra que igual tendrá que aplazar una visita vacacional con lo que la cigüeña le ha traído en el pico. Esta es la crisis que solo permite volar a las aves y salir a pasear a los perros. Es la pandemia que nos hace a todos emigrantes, que nos ha dejado lejos de todos y de todo, aunque estamos puerta con puerta.

La abuela pregunta al nieto que vive en Vigo si en esa ciudad "tamén se fala disto do virus, neno". Las miles de videollamadas que hacen igual de dura la distancia pero la mitiga el placebo de la imagen. Los constantes cambios de fecha para podernos ver y firmar con un abrazo  aquello que tanto dijimos a través de emoticonos. Ponernos al día de los chascarrillos ventilando ese cocido que espera desde hace un mes y que tomaremos, vive Dios, aunque sea con un calor de 40 grados. Mientras eso no pase, esta tierra de emigrantes sigue fuera aunque estemos al lado. Como cigüeñas, esperando volver también.